Casa Fuego, restaurante friendly con el vino

La leña se encarga de cocer platos a la parrilla o al horno de este espacio, que suma adeptos en Usaquén.

Texto Claudia Arias / Fotos Claudia Arias y cortesía Casa Fuego

No ha cumplido todavía un año y ya tiene un lugar ganado en la mente de los bogotanos y los visitantes de la capital colombiana. Casa Fuego abrió sus puertas en octubre de 2012 en Usaquén, como un espacio propicio para disfrutar de la cocina hecha en leña en el sur del continente: Chile, Argentina y Uruguay. Me recibe Pablo Giménez, argentino y uno de sus socios, y lo primero que me recuerda es que Casa Fuego no es una parrilla, y que si bien muchas preparaciones del restaurante salen de esta, las alternativas son más y más diversas.

Otra salvedad importante consiste en que se trata de cocina hecha en leña, no en carbón, gran diferencia para los defensores de la primera, pues no solo resulta más evocadora, sino que se le atribuye un mejor sabor a lo que se cocina en ella. El humo no constituye un tema, pues además de que el local cuenta con una gran terraza tiene todo perfectamente adecuado para evitar la más mínima molestia con el mismo.

El lugar es cálido y acogedor, rústico, y a la vez chic, construido con materiales como cuero y madera, sensación que va en aumento cuando llega a la mesa el pan recién sacado del horno de leña –por supuesto–, que acompaña unas deliciosas berenjenas, receta de la abuela de Pablo. De sabor suave, pero persistente, es mejor que no le sirvan más de la cuenta, porque, acompañadas por uno de los malbec que ofrecen en el lugar, resultan reconfortantes, pero hay que guardar espacio.

Siendo sensato habría que pasar de una vez al fuerte, pero este lugar no llama a la sensatez, así que obliga una parada en las empanadas, de carne picante, argentinas, o las de queso Paipa con tomates y albahaca –un toque colombiano inmejorable–. De ahí queda aún por probar el chorizo que llega perfectamente asado a la mesa, acompañado de la morcilla del sur del continente, que se diferencia de la colombiana porque no lleva arroz. 

Pasando a los fuertes, conviene saber que las carnes son de origen –Colombia, Argentina y Uruguay– y que para garantizar su calidad, en Casa Fuego trabajan con un único proveedor en cada caso, uno que les permite hacer toda la trazabilidad del producto, hasta que llega a la mesa del comensal. Una vez dentro del restaurante, la magia está en las manos de los parrilleros, que sirven las carnes en su estado de maduración adecuado y en el término deseado.

Es cierto, no todo es parrilla, hay opciones como los raviolis de conejo o los canelones de ricotta, espinacas y almendras, variedad de sándwiches y ensaladas, y en semana un apetitoso menú a la hora del almuerzo. “Cocina honesta”, como la llaman Pablo y sus socios, de esa que recuerda el campo, la casa de la abuela, los sabores de la infancia. Y como en el sur del continente el vino resulta parte primordial de esta ecuación, la bebida es una apuesta, una propuesta, una invitación permanente a la mesa en Casa Fuego.

Friendly con el vino
“Quiero que la gente tome vino”, dice Pablo, un publicista que tras siete años en Colombia ha logrado que cada día esto sea más cierto, con buena oferta, precios justos y un par de cosas más. Con 450 referencias en stock y una amplia carta de la bebida –entre los que se encuentran los del Club de vinos Decanter–, listar los vinos por cepas fue una iniciativa sencilla, pero inteligente, así la gente no va a llevar su dedo al mismo de siempre, o al más barato, sino que se obliga –lo que en este caso no es malo– a recorrer los malbec, los carménère, los syrah… y luego los sauvignon blanc, los chardonnay, los torrontés… También hay muy buena oferta de rosé y espumantes, para finalmente elegir de forma más consciente.

Para reforzar esta política, el restaurante organiza constantemente eventos en torno al vino, bien con expertos nacionales, o con visitantes internacionales de algunas de las bodegas cuyos vinos venden allí; también, prestigiosos chefs son llevados a sus instalaciones para hacer eventos en colaboración. Para eventos más privados cuentan con un salón para unas diez personas, que no está totalmente separado del resto del lugar, pero ofrece la privacidad suficiente.

Semejante velada debe tener un cierre lo suficientemente dulce, para hacerla inolvidable, así que no deje de probar la mousse de chocolate, las láminas de hojaldre con fruta de temporada o el flan casero con dulce de leche.

Detalles para no perderse
Claro, a Casa Fuego se va a comer, y a tomar un buen vino, pero todo es mucho más agradable gracias a detalles como:

  • Su personal respetuoso, amable y muy bien entrenado.
  • Las vajillas de cerámica del Carmen de Viboral, Antioquia, un tesoro que pocos restauranteros colombianos han tenido en cuenta.
  • La promoción de artistas como la argentina Gabriela Pertovt y su apuesta al proyecto “CowParade”.
  • Además de su completa carta de vinos, tienen una amplia propuesta de otros licores y cocteles.
  • La música suave que deja conversar.
  • El cochinillo de los fines de semana.
  • La frescura de los insumos y la vigilancia que ponen los dueños sobre los mismos.
  • El amor que se le ve a cada detalle.