Casa Molina y Álvaro siempre juntos

En su actual local del Mall Indiana, Álvaro se asegura de estar siempre allí para atender a sus comensales; por eso, cuando se va de viaje de pesca prefiere cerrar unos días.

Texto: Claudia Arias / Foto: Cortesía Casa Molina

El acogedor ambiente de Casa Molina, ubicado en el Mall Indiana de la vía Las Palmas en Medellín.

Con su alma de pescador, Álvaro Molina inició desde muy joven su negocio de armar viajes de pesca a distintas regiones de Colombia. En la oficina del barrio Manila de Medellín, que compartía con su papá, el reconocido empresario y dirigente gremial Jorge Molina, el joven les apuntaba a excursiones ecológicas, en tiempos en que el tema no era tan popular como ahora, por allá en los años noventa del siglo pasado.

Pero entonces la situación de orden público hizo que elegir los sitios fuera cada vez más difícil y el negocio se fue quedando cojo. Como le gustaba cocinar, pensó que una buena idea para un nuevo negocio era un restaurante con una propuesta de menú única en cada velada, que él elegía y preparaba para los clientes que iban, siempre con reservación previa. Así nació Casa Molina, el primer restaurante del país en proponer el hoy muy popular menú degustación.

El sitio se fue volviendo cada vez más popular, y a la sencilla casa del barrio Manila llegaban los grandes empresarios de la región y del país, políticos y hasta el presidente de turno. Con los años, Álvaro vio la necesidad de reforzar sus conocimientos empíricos con un paso por la academia, así que se matriculó en el Sena para estudiar cocina.

Pasó el tiempo y las cosas alrededor de Casa Molina se volvieron un poco “misteriosas”, era un restaurante algo lejano al que muchos ni siquiera se atrevían a acercarse, así que Álvaro pensó que había llegado el momento de tener un negocio más cercano. Y aquello que se trataba solo de una idea, se convirtió en realidad después de que la vida le diera una segunda oportunidad a este cocinero con alma marinera, pues una enfermedad lo dejó al borde de la muerte.

De vuelta a la vida, Álvaro encontró un local en el Mall Indiana de la vía Las Palmas, en donde ya había empezado a consolidarse una importante propuesta de cocina, con restaurantes muy diversos y de buena calidad. Allí abrió Casa Molina en 2012, en un espacio muy particular que su hermana Elena consolidó siguiendo las reglas del feng shui, pero que más allá de cómo se haya creado, genera una sensación de bienestar y calor de hogar muy especial.

Mientras espera su chicharrón con liposucción, una receta aprendida de los ingleses en la que al tocino se le quita prácticamente toda la grasa y luego va al horno para cocerse a fuego lento, usted puede explorar las paredes del local, pobladas de piso a techo con imágenes familiares o de excursiones de pesca, además de objetos de arte y decoración. El menú allí es para todos los sentidos: visual con la decoración ecléctica; auditivo, que pasa de Queen a Edith Piaf; olfativo, que se siente en su carta de vinos y en las delicias que salen de la cocina; táctil, al tomar el pan recién horneado en una panadería vecina; y por supuesto gustativo, cuando los platos, que se recomienda compartir, llegan a su mesa.

Otras alternativas son el solomito, los langostinos glaseados en leche de coco o “la trucha de mi papá” en filetes con salsa meuniere. Como guarnición, pregunte por las papas que Álvaro aprendió de Anthony Bourdain en un curso al que asistió en Buenos Aires –son pequeños casquitos dorados y con un sabor cítrico maravilloso–; y para grupos está el tradicional menú de seis platos por persona para la cena y cuatro para el almuerzo.

Álvaro promulga y prepara una cocina cercana, sencilla (no estoy tan segura), con ingredientes que se consigan sin contratiempos y sin experimentaciones excesivas pues, dice él, “no conozco la vanguardia”. Una de las decisiones más claras que tomó en esta segunda etapa de su restaurante, es que siempre estará ahí para atender a sus clientes y que si no está, por ejemplo cuando se va de temporada de pesca un par de semanas, las puertas estarán cerradas; un lujo que se da tras 17 años de acumular seguidores y con la certeza de que para él es un placer atenderlos, por eso, mejor cierra.

Todo esto y la calma que Álvaro inspira, son motivos para reservar una mesa –la reserva ya no es obligada como antes, pero sí recomendada–. La experiencia de Casa Molina es realmente memorable.

Club de vinos Decanter en la carta de Casa Molina
Nuestros seguidores pueden encontrar allí el carménère y syrah Secreto, el Quinto de Riglos, el pinot noir Select de Saurus y el sauvignon blanc - chardonnay - viognier de Estampa.