Orto di guerra in tempo di pace

Por: Dionisio Pimiento

 Un posto a Milano, Milán. 

Un posto a Milano, Milán. 

Milán es una de esas ciudades singulares: acoge las grandes marcas de lujo, tiene una de las rutas más bellas de un tranvía y su catedral es maravillosa, pero no es una ciudad bella en la definición de belleza de París, de Venecia o Bolonia. ¡Qué lluevan las piedras y los tomates sobre mi cabeza! Milán tiene otra "belleza" y es por eso que es tan fascinante.

Una visita a esta ciudad incluye los "indispensables" como el Castello Sforzesco, el Duomo, la galería Vittorio Emanuelle II, el teatro de La Scala, la iglesia Santa Maria delle Grazie con el cuadro de La Última Cena de Leonardo Da Vinci,  y esas cuatro callecitas que tienen todo lo inalcanzable, Via Montenapoleone, Via Sant´Andrea, Via Monzani y Via della Spiga. 

Pero también incluyo en mi guía de ciudad lo nuevo como Corso Como 10 dónde además de comprar, se puede comer y dormir en una de sus tres habitaciones; los museos de telas de Franco Jacassi o Lo Specchio; Eataly y La Rinascente (dónde también se pueden comprar “bobaditas” como diría mi tía,  para cocinar en casa);  y la Fondazione Prada interesante por su ubicación en medio de un barrio en transformación pero de compleja arquitectura, terrible señalética y perversa atención al cliente: al maltrato al visitante es la constante, ¿será de eso consciente la Señora Miuccia Prada y su esposo?

En mi  variopinta ruta gastronómica por esta ciudad les invito a pasar por Al Vecchio Porco si se trata de alardear, pero también sugeriría ir a comer pizza a Del Drago y sin duda aSpontini. El mejor tiramisú lo tiene  Al Mercante y son maravillosos Esmeraldino y Boeucc.

 Un posto a Milano, Milán. 

Un posto a Milano, Milán. 

Pero sin duda mi nueva gran sugerencia en esta ciudad es Un posto a Milano, un sitio no sólo para comer sino para pasar el día. Al llegar te recibe una huerta maravillosa en la que uno de los letreros se te queda prendado al alma: orto di guerra in tempo di pace. Al instante mi mente viaja al pasado y pienso en las hambrunas durante las guerras, salto a las noticias de los niños que mueren de hambre en la Guajira y pienso en los inteligentes gestos de todos los que tienen un huerto en su patio o en su ventana, o mejor aún,  en los vecinos que comparten huerto en la terraza comunitaria o en el parque del barrio. Un huerto es vida, es dedicación pero también es inteligencia colectiva y visión de futuro.

En Un posto a Milano puedes alojarte en la foresteria. La calidez y la decoración están aseguradas. Los martes puedes disfrutar también del mercado agrícola y luego se puede vivir el muy tradicional aperitivo bajo la sabia orientación del movimiento del Slow Food. Aquí se puede desayunar, almorzar, comer y cerrar el día en el bar. Es maravilloso el asado tanto en versión carnívora como en vegetariana; así como il tradizionale baccalà acompañado de pecorino con pistacchi e salsa di zucca.  Por supuesto que la pasta es maravillosa y mi recomdada es el rigatoni di zucca alla carbonara di patate e pepe di sichuan.  Cada día además hay un plato nuevo de carne y pescado según “la fantasia del nostro chef”. A esto se suma una oferta vegetariana amplia y suculenta, así como unos postres maravillosos que dificultan la elección, razón por la cuál la mejor opción es la degustazione di 5 dolci. Vinos y cervezas variadas, pero sobre todo la calidez de un entorno petfriendly hacen de Un posto a Milano mi verdadero infaltable en esta ciudad.

 Huerta de Un posto a Milano, Milán. 

Huerta de Un posto a Milano, Milán.