#JeSuisParis y #JeSuisBistrot

Dionisio Pimiento, un reconocido observador independiente del fenómeno gastronómico, nos comparte un recorrido genuino por los bistró de París.

Por: Dionisio Pimiento para Decanter*

Por 40 metros cuadrados se pagan €1.200 de alquiler y si se quiere comprar hay que estimar unos €11.ooo o €9.000. París es sin duda una ciudad muy estimulante, pero también muy exigente. Tales precios y otros argumentos socio-culturales propios del parisino,  hacen que la casa sea un espacio íntimo al que no se invita usualmente a otros a comer o a venir (excepto si se dispone de algunos centímetros más para poder auto-proponerse de anfitrión de l´apéro, de modo que todos nos reunimos para compartir el aperitivo y luego salir).  

La vida en esta ciudad se desarrolla en la calle, en los conciertos, en el café, en el bar, en el teatro y sobre todo en el bistrot o bistró o bistro, opciones todas válidas. Éste, usualmente pequeño y más razonable en precios (aunque aquí nada es muy razonable), ofrece generalmente comida tradicional, de buena calidad, con ingredientes frescos, un menú equilibrado,  con agua y pan à volonté , y  con buenas opciones de vino por copas. En cada barrio y en cada calle de seguro los hay así que el bistrot hace parte de la agenda usual de la semana tanto para comer o cenar,  como del local y del visitante que ya aprendió la lección y huye de los referentes usuales (que además son muy caros y muy malos).  

Los lingüistas no se han puesto de acuerdo sobre su origen, si proviene del ruso significando rápido o del francés bistraud que significó criado y luego negociante de vino. Lo que sí está claro es que si bien su origen fue obrero y popular, hoy se han puesto de moda extendiéndose más allá de París. 

Antes de "ponerse de moda", confieso que eran mis lugares favoritos siempre en París pues "les plats de bistrot sont très français, plein de goût, de tradition et d'histoire".  No dejaré de reconocer los maravillosos restaurantes que hay en esta ciudad y a los que vale la pena ir sabiendo de manera consciente que el pago se tendrá que diferir a 36 meses con la tarjeta de crédito (y si pudiese sería a 48 cuotas), como el tradicional Le Grand Colbert, el suntuoso Mini Palais en el Grand Palais, o el nuevísimo Le Lazare también de Eric Frechon; pero mi amor por los bistrot está ratificado. 

Aquí les dejo pues un recorrido rápido por mis favoritos ... ellos per se configuran una manera particular de vivir esta ciudad y de recorrerla la próxima vez, lejos de los "lugares comunes" y de los McDonalds. ¡Ojalá puedan disfrutarlos en su próximo viaje pues visitarlos es vivir una París más honesta!  

Le Pere Louis es un infaltable; su vino tariquet y su comida del sureste es pura vida. Camille en el corazón del Marais hace parte siempre de la ruta de diseño y de pequeñas tiendecitas que propone esta zona: la mesera de cortísima cabellera rubia, sus frites y las mesas juntísimas hacen parte de mis sitios fundamentales en esta ciudad. 

En el mismo barrio pero más solicitado, pues nos gusta tanto a Salma Hayek como a mí (sonrisas entre tímidas e irónicas), está Anahi en la Rue Volta: la "cereza" en el helado de los muchos y maravillosos referentes de Argentina en París.  

Hoy muy reputado gracias a su aparición en los lugares de honor del listado de The Restaurant, está Le Chateaubriand: muy buen menú orquestado por un vasco en un bistrot que es puro rock and roll.  Jaja es la nueva adquisición de mi listado en Le Marais así como Le Pure Café o Balthazar en el sótano de Le Bon Marché. 

Ya sólo queda espacio para mis dos coup de coeurBistrot de Victoires tiene todas las B: bueno, barato y casi bonito. Su confit de canard tendría que ser declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.  Y por último está Le Valois en las puertas del Parc Monceau, un lugar al que me unen muchos sentimientos que podrían resumirse en su maravillosa carne y en sus postres. Sus precios casi lo ubican en la categoría de "pago diferido a 48 meses", pero vale la pena siempre.   

*Cuándo este texto se planeó no había llegado aquella noche de viernes llena de dolor que vivió París. Qué sea pues esta una manera de rendir homenaje a esta ciudad, a sus ciudadanos y a su manera de entender la vida.