El abecé para disfrutarse una langosta

Cómo enfrentarse a este crustáceo y no morir en el intento por sacarle la carne.

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La fama precede a la langosta, puede que haya crustáceos de carnes más sabrosas y algunos bastante más fáciles de consumir, pero como indica el dicho “cría fama y échate a dormir”. En todo caso, como dice Nora Hinestroza, gerente del restaurante La Fragata de Medellín, “se trata de un plato de amores y odios, yo, personalmente, prefiero un buen langostino, pero la langosta tiene un good will ganado con el que resulta difícil competir”.

Sin duda alguna, la forma ideal de comérsela es junto al mar del cual fue sacada; famosas son las del estado de Maine, al noreste de Estados Unidos, recién pescadas, a la parrilla, con babero y con las manos. “En sitios informales frente al mar, las mesas son tendidas con periódicos, sirven la langosta entera y te llevan mantequilla; aunque allí se come con las manos, te ponen, como en sitios formales, el rompenueces y el pincho para quebrar las patas y sacarle toda la carne”, explica Nora.

Ya en lugares más elegantes, como La Fragata, suele optarse por no servir la langosta entera, para evitarle dificultades al comensal. Nora ofrece las colas –por lo demás las que tienen la mejor carne del crustáceo–, que pueden ser a la parrilla con mantequilla de hierbas o ajo y tiene también las colas 3 fragatas, plato en el cual sirve una con salsa Fragata, otra a la termidor y otra más a la plancha. Se trata de colas de entre 100 y 200 gramos cada una, acompañadas con arroz blanco, papa al vapor o verdura quebrantada, o con arroz con coco y banano gratinado, clásico de La Fragata en Medellín.

En restaurantes a manteles como este, parte del servicio exige que se vayan retirando las cáscaras que el comensal va dejando, con el fin de que la experiencia sea más agradable. Mientras junto al mar el asunto es acumular las cáscaras y patas, como la verdadera evidencia de lo que allí sucedió, en restaurantes formales se maneja una mayor discreción, de ahí lo adecuadas que resultan las colas de langosta para estos espacios.

En todo caso, si es su primera vez, no se le mida a pedir una langosta en una comida de negocios, pues mientras su atención debería estar en la conversación, la misma se irá a buscar la manera de abordar el animal y manejar los utensilios. Ensaye con unas colitas junto al mar, comiendo con la mano y asegurándose de que verdaderamente le gusta el sabor y vale la pena pagar por ella luego en un buen restaurante; probar es de valientes, pero no se considera su obligación decir que la langosta constituye lo mejor del mundo, es cuestión de gustos.

En Colombia se sirven normalmente langostas del Atlántico, sobre todo de San Andrés y La Guajira, si está en la costa aproveche, y si es en una ciudad del interior, asegúrese de que sea el sitio adecuado. En Bogotá sirven en sitios como La Fragata, La Langosta, La Pesquera Jaramillo, Pajares Salinas y Exxus Bar y en Medellín en La Fragata y Frutos del Mar. Recuerde que en muchas cartas no suele salir el precio, sino las iniciales S/T –según temporada–, que indican que el precio se establece por el peso del animal –desde 600 gramos y hasta libra y media es lo normal–.

Otras formas de probarla: flambeada o, ya fría, en coctel –similar al de langostinos– o, como es bastante común en Boston, en el lobster roll, un tipo de sándwich relleno de carne de langosta, mezclada con mayonesa y servida sobre pan de perro caliente o similar, cuyo relleno puede contener también apio o cebolla, lechuga, zumo de limón, sal y pimienta. Los restaurantes tradicionales de Nueva Inglaterra –que reúne a los estados de Maine, New Hampshire, Vermont, Massachusetts, Rhode Island y Connecticut– los sirven con papas fritas o chips. 

Nora Hinestroza recomienda
Para tener una gran experiencia con este u otro crustáceo, vale la pena visitar el restaurante Rustic Inn de Fort Lauderdale.