Menú sobre ruedas

De la tradición a la modernidad. Poco a poco la venta ambulante de comida pasó de ser una actividad sumergida y sin control, a emerger como una opción para los paseantes, oficinistas y hasta una salida económica para los chefs. 

Desde hace mucho estamos acostumbrados a ver remolques, carros o camiones ofreciendo productos para ser consumidos en el lugar. No se trata de una novedad. La imagen del camioncito de helados es sinónimo de films de los cincuenta y sesenta. Se estima que 40% del mundo en desarrollo se alimenta con comida comprada en la calle, Latinoamérica constituye un ejemplo: tacos mexicanos, arepas colombianas, jugos, anticuchos y cebiches peruanos, choripanes argentinos; pero en estos tiempos la propuesta se sofisticó, sobre todo en lugares donde la competencia es feroz, y el nivel de consumo, elevado. Allí, la única manera de atraer al público es brindando algo distinto, no solo por su precio. 
Nueva York es uno de los ejemplos. En esa ciudad tienen éxito los llamados food trucks, camiones que venden comida a precios populares. Pero lo que hasta no hace mucho era un servicio asociado casi exclusivamente a fast food, se fue transformando, poco a poco, en gourmet, con opciones de menús que cubren prácticamente todo el espectro de gustos. 
En Manhattan el mercado es amplio. Resulta más económico restaurar una camioneta y equiparla, que comprar (y hasta alquilar) un local. La ubicación perfecta y el increíble aumento del uso de las redes sociales, también se ve reflejado en este tipo de servicio. Los clientes siguen el Twitter de una determinada camioneta para saber si se encuentra cerca. Patacón Pisao, Jiannetto’s Pizza, World’s Best Sandwich, The Jalapeño, Halal Grill, The Treat Truck y Street Sweets, famosa por sus postres, entre muchos otros con menú de comida latinoamericana, italiana, árabe, sándwiches, hamburguesas y hasta cafés. 
Los trucks se diferencian por el tipo de comida y por sus decorados, con colores y diseños llamativos. Tanto es así que por la gran cantidad de camiones en la Gran Manzana, se creó “The New York City Food Truck Association” (Nycft), entidad que agremia a los propietarios, asesorándolos en lo relativo a reglamentaciones, permisos y condiciones que deben cumplir en los distintos estados. En Texas, dos estudiantes alemanes de la Universidad de Austin, Michael Heyne y Dominik Stein, están al frente de Verts, un Döner Kebap (kebab) que funciona en un diminuto Smart, “el camión” de comida más pequeño del mundo. 
La propuesta no se centra en algunos cocineros. Son varios los chefs famosos que decidieron tener su propio camión-restaurante, por comodidad o como respuesta a la crisis económica, aunque el diseño con la firma de famosos no quede al margen. Un ejemplo es el de José Andrés y su camión Pepe, by Philippe Starck, que rueda por Washington con sus bocadillos con los mejores jamones y productos típicos españoles. La solución móvil ya forma parte de un movimiento que propone comer bien, rico y nutritivo, a un precio razonable, disfrutando la ciudad y sin pagar por la decoración y las sillas. 
La tendencia es tan interesante para el público en general, que el canal de TV Fox Life emite un show sobre camiones de comida: Eat Street. El famoso chef británico Jamie Oliver también se subió a su camión, un semirremolque especialmente diseñado por el estudio Rockwell, y con él emprendió una campaña de concientización, primero en Inglaterra, y luego con chicos norteamericanos, en relación con la comida saludable. La cruzada rodante se convirtió en un programa de TV emitido en Estados Unidos, Inglaterra e Italia. El punto vital de los camiones de comida es que son un lugar de encuentro, donde la gente habla mientras espera y entre una frase y otra sube las fotos en Facebook, Instagram y Twitter. Y se sabe: el boca a boca funciona. 
En Latinoamérica, Gastón Acurio lleva, nuevamente, la delantera, con un programa televisivo que muestra los mejores puestos callejeros de ceviche. La idea de este chef es que el ejemplo de quienes acceden a las cámaras se replique en otros ámbitos y especialidades, creando puestos de trabajo en espacios culinarios, donde se incorporen normas de higiene, son microempresas en las que el consumidor encuentra comida fiscalizada y certificada de calidad y a buen precio. Buenos Aires está en proceso de sumarse a la tendencia, la legislación al respecto se encuentra en estudio, pero ya son varios los chefs que  preparan sus “máquinas”, algunas fueron estrenadas en la última feria Masticar, donde se pudieron probar desde clásicos a la parrilla, de La Cabrera, hasta cocina de inspiración asiática, con la firma de Ernesto Lanusse, el hijo de Dolli Irigoyen. 
De fenómeno marginal a espectáculo de masas, de comida rápida y barata a propuestas más refinadas, la comida sobre ruedas se va sofisticando y adaptando a los tiempos de competencia y su oferta no para de diversificarse, rodando, por supuesto.