Días de vendimia en el hemisferio sur

La Fiesta de la vendimia es una ocasión ideal para recorrer Mendoza, catar y saber más acerca de ese terruño especial. Junto con los festejos, los enólogos opinan.

Texto: Raquel Rosemberg (@raquelrosemberg)

Mientras turistas y habitantes de Mendoza disfrutan del carnaval, en las bodegas es una época de trabajo arduo y decisivo, durante el cual el enólogo y su equipo apenas duermen.

Mendoza está de fiesta. La provincia argentina que concentra la mayor actividad vitícola le canta a las uvas y a la tierra, como se hace desde hace milenios, en cada lugar donde se elabora vino. Año a año, desde 1936, Mendoza celebra la Vendimia, cuando se realizó el Congreso de la Industria y el Comercio, que concluyó con un desfile de vendimiadores y carrozas alegóricas. Son días en que todo gira alrededor del vino. El paisaje de las viñas cambia hora tras hora, asoman los violetas, la madurez, gente de visita, gente trabajando febrilmente. El calendario incluye la elección de la reina, que se escoge entre las 18 soberanas de los 18 departamentos de la provincia. El rito incluye la tradicional Fiesta de la pisada de la uva, mega evento que organiza la centenaria bodega Orfila. Después es el turno de la llamada Vendimia joven, en el centro de la cultura Julio Le Parc, y luego la Bendición de los frutos, que este año contó con un mensaje de paz y esperanza del papa Francisco para todo el pueblo mendocino. Esta celebración rindió homenaje a la Virgen de la Carrodilla como patrona de los viñedos y a los trabajadores del campo. Luego se realizó el Baile de la reinas. Después, la Fiesta de la cosecha en los viñedos del aeropuerto local y la tradicional Noche de reinas, que organiza Bodegas López.

Los festejos son extensos. Continúan con un gran desfile nocturno de carrozas, la llamada “Vía blanca”, seguido por la mañana del “Carrusel”, que parte desde la entrada del Parque General San Martín, cuando se suman a las damas, grupos religiosos llevando a su virgencita, ganaderos (soldados del regimiento que fundó el General José de San Martín) y gauchos a caballo. Por la noche, en el Teatro Griego Frank Romero Day, miles de personas participan de un gran espectáculo artístico, previo a la Sinfonía Iluminada de Gloria, elección y coronación de la reina. Es el centro de la gran fiesta, donde cerca de 40 mil personas vibran al compás de variados espectáculos artísticos. Es el preludio del momento más esperado: la elección de la reina. Turistas de todo el mundo llegan para participar de los festejos y de muchas actividades que se dan en la zona, desde la cosecha, a un rally de autos antiguos por diferentes bodegas, caminos de la música, comidas especiales o simplemente, pasear y admirar el bellísimo paisaje, con la cordillera de los Andes como testigo.

Y mientras unos festejan...

Foto:  www.pulentaestate.com .  En Pulenta Estate, como en la mayoría de las bodegas con las que trabaja el Club de vinos Decanter, parte de la recolección de la uva se hace a mano.

Foto: www.pulentaestate.com. En Pulenta Estate, como en la mayoría de las bodegas con las que trabaja el Club de vinos Decanter, parte de la recolección de la uva se hace a mano.

Sin embargo, en forma paralela, unos señores viven estos días con alegría y una cuota extra de adrenalina. Parecería (y lo es) que en pocas semanas se juegan la vida. Son los enólogos y los ingenieros agrónomos, los encargados de decidir cuándo hay que cosechar. Todos hablan de las uvas maduras, hasta filosofamos al respecto, me cuenta Juan Carlos Rodríguez Villa, enólogo de Bodega Riglos, hasta cantamos tonadas cuyanas, pero quién puede decir cuándo la uva está madura, cuándo es el momento para cortarla de la cepa madre, trasladarla a la bodega y amplificarla en esa caja de resonancia como es un vino de expresión.

Las uvas, explica el experto, son ajenas a las urgencias terrenales, maduran en un proceso natural, ancestral, que pareciera a propósito demorado por ellas mismas y, entonces, más excitante. El momento de cosecha no es solo un problema de los mendocinos, en todas las regiones vitivinícolas del mundo se viven esos raros días previos. Hay varias razones, ya famosas entre viñateros, para cosechar “mañana”. Año tras año se vuelven a escuchar: “si no cosecho mañana me llevo la uva a otra bodega”, “si no cosecho mañana, se va a pudrir todo”, “la semana que viene va a ser difícil conseguir gente”, “la bodega tal y tal (muy reputadas) ya empezaron, no sé que esperamos nosotros”, “el pronóstico dice que vamos a tener lluvias, hay que cosechar ya”, “el pronóstico dice que habrá buen tiempo hay que aprovechar y cosechar ya”, “ya a esta altura de marzo las uvas no maduran más, no sé que esperan”…

Es la llamada fiebre de vendimias; pero la madurez de las uvas, parcela por parcela, de acuerdo con los objetivos enológicos, es la única razón para cosechar. Consiste “simplemente” en desprender de la cepa y trasladar a bodega un potencial vitícola brutal y propio de ese viñedo que, en su concentración, es la expresión de ese paisaje particular. Y aquí debería explayarme sobre la uva madura, sigue Rodríguez Villa, la que termina en fiesta, largo tema para otra conversación. 

En Pulenta Estate, entre festejos, también están en plena vendimia. Los primeros en ser arrancados de su planta fueron los blancos 2014. “Las variedades blancas de Agrelo se encontraban raleadas y con una buena distribución de la fruta en la planta, explica Javier Lo Forte, enólogo de Pulenta Estate, lo que nos favoreció en gran medida antes de las continuas lluvias, de todas maneras todas las bodegas tuvimos que intensificar la selección en la recepción de uvas blancas, en esta cosecha, inevitablemente, los vinos blancos van a ser de graduaciones alcohólicas más bajas y de mejor acidez, algo que en nuestros vinos es parte del estilo. Aquí nuestras jornadas son interminables: atardecemos en la bodega y amanecemos degustando los mostos en fermentación. Nuestras mujeres y nuestros hijos entienden que es el momento clave del año y como decía mi abuelo (enólogo): el que duerme en la cosecha, no duerme durante todo el año (¡risas!)”.

Y continúa Lo Forte: “Estar en una bodega que elabora desde sauvignon blanc, chardonnay y pinot gris, hasta petit verdot, tannat, cabernet franc y por supuesto, malbec, y poder ser parte del nacimiento de cada uno de estos vinos, es algo emocionante, tener que estar atento a todo lo que sucede en cada fermentación es una sensación que es muy difícil de explicar, pero es un trabajo que no cambiaría por ninguna profesión del mundo. Lo frustrante es perder días compartidos con tu familia y amigos, pero es algo que por elegir este mundo tenemos que resignar. Lo hacemos con alegría”. Mendoza en días de vendimia… es una fiesta.

No cabemos de las burbujas

El Club de vinos Decanter cierra el año como se debe, entre burbujas, pero no solo para diciembre, sino para disfrutar de ellas a lo largo de todo 2014.

La suscripción Club burbujeante está dando más espuma que la de la botella con la que brinda el campeón de la Fórmula 1 después de cada carrera. Y es que ahora, además de la suscripción habitual, los socios podrán recibir según su preferencia de cantidad, tres, cuatro o seis botellas de vinos espumantes, de la mejor calidad, cuatro veces al año: marzo, junio septiembre y diciembre.
Gracias a la creciente oferta de espumantes de calidad dentro de nuestro portafolio –ya contamos con siete–, y al gusto por el consumo más cotidiano de estos vinos, esta oferta resulta de gran interés, más aun teniendo en cuenta que la mayoría de ellos son elaborados con el método tradicional o champenoise, utilizado por siglos en la región de Champaña, Francia. Para quienes no están familiarizados con el proceso, el método tradicional realiza la segunda fermentación en botella, buscando unos vinos más durables, complejos y corpulentos, con aromas de madurez; el otro método más extendido es el charmat, en el cual se realiza la segunda fermentación en grandes depósitos de acero inoxidable, para luego embotellar definitivamente.
De los siete espumantes que conforman el Club burbujeante de Decanter, los tres Cruzat y los dos Tapiz son elaborados con el método champenoise y los dos de Familia Schroeder bajo el método charmat; en todos ellos, como en los demás productos de nuestro portafolio, destaca su gran calidad. Sobre su denominación como espumantes en lugar de champañas, tiene que ver con un asunto de respeto de la Denominación de Origen Controlado –D.O.C.–, que solo permite denominar bajo ese nombre a los vinos elaborados en la región de Champaña, y en ningún momento con un tema de calidad, ya que hoy muchos espumantes del Nuevo Mundo –como estos– compiten de tú a tú con tradicionales champañas francesas y, por ende, con los vinos del Viejo Mundo.
Saque sus copas flautas, ponga agua sal y hielo en la cubeta y elija con cual botella empezar. Antes de un almuerzo en un día caluroso; en la tarde para cerrar la jornada o en la noche por el solo placer de ver y sentir las burbujas, los espumantes o sparkling resultan irresistibles.

Conozca los siete vinos de nuestro Club burbujeante

Cruzat
Cruzat Nature
Cruzat Extra Brut
Cruzat Cuvée Rosé Extra Brut

Familia Schroeder
Rosa de los vientos
Saurus Extra Brut. 60% chardonnay, 40% pinot noir. Espumante de color amarillo pálido con destellos de plata y burbujas muy finas y persistentes. A la nariz es frutal, elegante, muy complejo, con aromas a pan tostado y ahumados. En boca es frutado, cítrico, de buena acidez, buen volumen y con un largo final.

Tapiz
Tapiz malbec rosé.
Este vino, ciento por ciento malbec, posee un color rosado brillante y delicado e intenso aroma a frutos rojos, en los que se destacan cerezas y fresas. De burbujas persistentes y pequeñas, en boca resulta fresco y frutado y con excelente equilibrio entre azúcar y acidez.

Tapiz Extra Brut. 50% chardonnay – 50% pinot noir, este sparkling de color amarillo dorado y espuma fina y persistente, posee un aroma delicado e intenso en el que se destacan notas frescas a pera, manzana y frutos cítricos, combinadas con pan tostado. En boca se presenta equilibrado y agradable.

¿Qué es una bodega boutique?

El término ha sido tan manoseado, que francamente hoy pocos creen en él. Hablamos con Juan Carlos Novoa, gerente del Club de vinos Decanter para que nos aclarara algunas cosas y nos dijera por qué las bodegas que importa el club, sí son realmente boutique.

La cosecha a mano, como se observa aquí en la bodega chilena Echeverría, resulta fundamental en una bodega boutique.

Para empezar, una bodega boutique depende de un viñedo normalmente propio, cuya extensión puede estar entre las 25 y las 50 hectáreas, más o menos, poco teniendo en cuenta que la bodega más grande de la región, afincada en Chile, cuenta con 9.513 hectáreas. Son simples número, pero no hay que perder el foco, dice Juan Carlos Novoa, un argentino radicado hace ya muchos años en Colombia, cuando se crece en volumen, normalmente se empieza a sacrificar calidad.
Volvamos al “pequeño” viñedo en la búsqueda de esas características que nos definen una bodega boutique, y pensemos en un trípode, que en este caso está compuesto por el dueño, quien da la orientación comercial; el ingeniero agrónomo, encargado de los cultivos; y el enólogo, responsable de elaborar los vinos. Luego vienen los demás colaboradores, pero digamos que la estructura principal está soportada por estas tres figuras.
Otro asunto importante, además de que suelen tener viñedos más bien pequeños, las bodegas boutique le apuestan a que estos vayan envejeciendo, lo que hace que la producción de uva por hectárea, y por ende de vino, sea cada vez menor, pero al mismo tiempo mejor. En este proceso realizan actividades como el control y análisis de suelo; la canopia, control de hojas de las plantas para que tapen la fruta del sol cuando se requiera y permitan su exposición al mismo en otros momentos; y, por supuesto, la recolección manual.
En términos generales, los vinos boutique son producidos en pequeña escala, con estilos únicos y no orientados a un público masivo, con calidad muy alta y por eso también precios superiores, producto de la escasez y rareza. Así, estos vinos viven un proceso especialmente cuidado, en el cual las uvas son despalilladas a mano, cogiendo un racimo y separándolas una a una, eliminando los granos que no alcanzan la “perfección” y cuidando que no se cuele ni un palito. El cuidado sigue en todo el proceso de la bodega y el embotellado.
Entonces, lógicamente, de aquí no salen millones de botellas al año, sino si acaso unas 200.000, teniendo más cantidad de vinos reserva, un poco menos de Premium y aún menos de ultra premium. Por eso, bodegas como Riglos, sacan solo 6.845 botellas de su Gran cabernet sauvignon y Mendel 6.749 del Gran Corte, ultra premium ambos. Con la botella en sus manos, usted apreciará un especial cuidado en la etiqueta, que a veces incluye detalles artesanales hechos a manos como el cuero del Palo Domingo de la bodega Domingo Molina y notará que en la contra etiqueta viene especificado el número de botellas que se hicieron del mismo vino en esa añada, incluso en unas, como en las obras de arte seriadas, dirá que es la número 103 de 7.230, por ejemplo.
No se puede generalizar, pero al menos en lo que toca con las bodegas boutique que importa a Colombia el Club de vinos Decanter, la calidad está garantizada, con vinos de consumo más cotidiano o reserva, y otros para ocasiones especiales, como los ultra premium. Lea la etiqueta, prepárese para su consumo teniéndolo a la temperatura adecuada y decantándolo, en los casos de los más añejos y/o que contengan sedimentos; cuando éste entre en contacto con sus sentidos, terminará de entender por qué hay ciertas bodegas y vinos que verdaderamente merecen llamarse boutique, mientras otros solo usan el  adjetivo como argumento de venta, aunque no cumplan la promesa.

 

Viña Echeverría: Elegancia proveniente del valle de Curicó

A 200 kilómetros de Santiago de Chile, esta histórica bodega produce vinos con gran personalidad, que han recibido importantes reconocimientos en todo el mundo. 

Tradición vitivinícola casi centenaria en el valle de Curicó, en las afueras del pueblo de Molina, esto es viña Echeverría, una bodega que ha evolucionado por años de la mano de la familia, y cuyos vinos han ganado importantes reconocimientos en todo el mundo. Pero la historia se remonta más atrás, tan atrás como 1740 y tan lejos como a España, exactamente al País Vasco y al pueblo de Amezqueta, ubicado en las montañas, en la provincia de Guipúzcoa, cerca de San Sebastián.

Desde allá se movió esta familia a Chile en el siglo XVIII, donde desde entonces siempre ha estado vinculada a la agricultura; pero sería a principios del siglo XX cuando se enfocaría específicamente en el cultivo de viñedos y, más adelante, en la elaboración de vinos. Luego vendría la marca propia, que solo llegaría en 1992, cuando sus vinos comenzaron a ser reconocidos en todo el mundo con este apellido lleno de historia.

Con Echeverría, el Club de vinos Decanter, importador exclusivo para Colombia, comparte la filosofía de enfocarse en la calidad y en la distancia buscamos extender al consumidor nacional las siete palabras que definen la producción de la empresa: familia, tradición, naturaleza, tecnología, excelencia, prestigio y pasión. Con esta perspectiva, la bodega produce sauvignon blanc, chardonnay, merlot, carménère, cabernet sauvignon, cabernet franc, pinot noir y syrah, con uvas de sus propios viñedos en Curicó y algunas seleccionadas de otras zonas vitivinícolas del país como el valle de Maipo y el de Casablanca; todo bajo la dirección del enólogo Roberto I. Echeverría y la presidencia de Roberto Echeverría padre.

Los premios han llegado de muchas partes del mundo, y aunque la familia los agradece, su mayor preocupación es hacer vinos elegantes y de calidad, sin sacrificar en ningún momento la sostenibilidad de la empresa. Para los Echeverría lo primero consiste en trabajar en armonía con el entorno que los rodea, no solo la tierra, sino, muy especialmente, la comunidad, a la que buscan siempre beneficiar. En términos de producción, el certificado ISO obtenido por la bodega garantiza una vigilancia a todos sus productos, tanto los que provienen de la naturaleza como los artificiales (botellas y demás); además, se lleva la perfecta trazabilidad del proceso.

En los viñedos se tienen prácticas orgánicas y productos biodegradables, cosechan sus uvas a mano y emplean agua de deshielo de los Andes para el riego; incluso el agua que usan para elaborar el vino proviene de nacimientos que hay en la zona, la cual utilizan previo tratamiento que garantice que es apta para el consumo humano. Todas estas prácticas se complementan con un proceso de reciclaje muy cuidado, sumatoria que les ha permitido obtener diferentes certificaciones que acreditan sus buenas prácticas ambientales.

Todo maravilloso, sí, pero sin duda la prueba de tanto empeño está dentro de sus botellas; por eso, lo mejor que puede hacer al terminar esta nota, es llamar al Club de vinos Decanter y ordenar la suya. Empiece con su cepa favorita y vaya probando, no es cuento nuestro, los puntajes de los vinos dan cuenta de ello, y eso que apenas publicamos los de este año.

Reconocimientos 2013

The Wine Enthusiast, julio de 2013: 90 puntos para el Echeverría cabernet sauvignon 2009, edición limitada, que describen como de intenso color, herbáceo, con notas a grafito, regaliz y moras. De paladar sólido que deja percibir su paso por madera; un vino de gran cuerpo con sabor a frutas negras, anís y notas herbales… Para beber ahora o hasta 2020.

The Wine Enthusiast, marzo de 2013: “Understanding Chile’s Wine Regions” Echeverría Founder’s Selection cabernet sauvignon, uno de los tres mejores vinos producidos en el valle de Maipo.

Guía Peñín, España 2013:
92 puntos, Echeverría Signatura One 2009
92 puntos, Echeverría syrah reserva 2010
92 puntos, Echeverría late harvest sauvignon blanc 2007
91 puntos, Echeverría cabernet sauvignon 2009, edición limitada 

Beverage Testing Institute, 2013
94 puntos, Echeverría Signatura 1 2009
92 puntos, Echeverría carménère reserva 2011
9
2 puntos, Echeverría syrah/carménère reserva 2010
92 puntos, Echeverría Classic Collection carménère 2012
92 puntos, Echeverría moscato frizzante 2013
91 puntos, Echeverría cabernet sauvignon reserva 2011
91 puntos, Echeverría cabernet sauvignon/merlot reserva 2010
91 puntos, Echeverría Family reserva cabernet sauvignon 2011
90 puntos, Echeverría Founder´s Selection cabernet sauvignon 2010 
Best Buy: Classic Collection sauvignon blanc 2012, Classic Collection cabernet sauvignon 2012, chardonnay reserva 2012, pinot noir reserva 2012, syrah reserva 2011.

 

Playa, vino y mar

Tuti Barrera y Lorenzo Márquez, una pareja enamorada del vino, comparte su afición por esta bebida con locales y turistas de Cartagena.

Cuando vieron que para ir a comprar vino no podían usar su bicicleta y se tenían que olvidar de las caminatas por la ciudad vieja, Tuti Barrera y su esposo Lorenzo Márquez decidieron abrir un espacio dedicado al vino en Cartagena. 

“Los que vivimos en ciudades grandes añoramos caminar y encontrar todo a la vuelta de la esquina, por esta razón decidimos abrir una tienda donde cartageneros, turistas y extranjeros encontraran un lugar con un excelente portafolio de vinos y un buen espacio para disfrutarlo”, explica la modelo y diseñadora antioqueña sobre La Bodega de la Iglesia, la tienda-wine bar que está próxima a cumplir cuatro años de estar abierta. 

La pareja de esposos –ambos diseñadores–, con una pasión que se nota por su profesión y por la decoración, se encargó de todos los detalles del lugar, que está ubicado en la calle de la Iglesia, y es una tarjeta de presentación de sus gustos. 

“Somos amantes de los perros, por eso en las dos puertas de entrada los visitantes ven el símbolo que indica que son bienvenidos”, agrega Tuti.

Una bodega con el sello Decanter
En La Bodega de la Iglesia se pueden encontrar vinos de Chile, Argentina, España, Francia y Estados Unidos, muchos de ellos del Club de vinos Decanter. Además de la amplia y buena oferta disponible, los propietarios garantizan la temperatura y el precio adecuado, pues sus clientes pueden comprarlos vinos para llevar para la casa u hotel y, si van a ser consumidos de una vez, están listos. 

Ya para quienes deseen quedarse allí, una mesa larga y alta los espera. Allá, además de copas de vino, pueden comer algunos platos españoles, antipastos o muelas de cangrejo al ajillo. Buena música y libros sobre la historia del vino, resultan el complemento para una tarde o noche en La Bodega de la Iglesia. 

Los vinos recomendados por la casa son:

  • Pulenta chardonnay
  • Estampa, un blend de tres cepas (sauvignon blanc/chardonnay/viognier)
  • Riglos Gran Corte
  • Black Tears malbec
  • La Flor rosé malbec

Conversaciones, pruebas de diferentes cepas y maridajes con comida son algunas de las actividades que Tuti y Lorenzo organizan en La Bodega.

 

El paraíso del valle de Casablanca se hizo vino con William Cole

Un americano dedicado al software dejó atrás su vida de empresario de la tecnología y desde hace poco más de una década produce vinos top en Chile.

Que los vinos de la bodega William Cole de Chile sean tan especiales, quizás se deba también a la singular historia que encierra el nacimiento de la empresa, resultado de una exploración personal de su fundador –que da el nombre a la bodega, pero al que todos llaman Bill–, que tras años de trabajar en el desarrollo de software en Estados Unidos decidió viajar al sur en busca de nuevos horizontes. En su propio avión y acompañado de un amigo, Bill aterrizó primero en Brasil, luego en Argentina y finalmente en Chile, en el valle de Casablanca, en donde se enamoró –del lugar y de una chilena– y decidió quedarse.

Alex Küllmer Montesinos, gerente general de la bodega e hijo de la esposa de Bill, Beatriz Montesinos, cuenta que su padrastro estaba en la búsqueda de frutas ya que las que existían en su país natal no lo satisfacían, por eso viajó a estas latitudes; luego surgió la inquietud de crear un negocio con aquellas e hizo clic inmediato con Chile –cuya economía se halla ampliamente soportada en el cultivo de frutas–. Pero en realidad el vino no estaba en la ecuación, a él llegó por aquello de las uvas y tras enamorarse del paradisiaco lugar en que se encuentran hoy su bodega, y su casa en el valle de Casablanca. 

Los vinos
Conocí la bodega William Cole a principios de abril, todavía en vendimia. Llegamos allí hacia las 7.30 de la mañana y la neblina si acaso dejaba ver el entorno, como una cortina mágica que, cuando se levantó una hora después, me reveló ese majestuoso lugar, que alberga viñedo y bodega. Se trata de un valle plano rodeado de colinas, lo cual genera unos suelos muy diversos, pero aluviales por naturaleza, ideales para el cultivo de variedades como pinot noir, chardonnay y sauvignon blanc, que se benefician de la proximidad a las frías aguas del Pacífico. Claro, en su portafolio también hay tintos, no obstante las uvas para su producción son traídas de los valles de Colchagua y Maipo, donde se dan en su mejor expresión, según el estilo que busca la viña.

Pero hablando de los viñedos propios en Casablanca, son 130 hectáreas plantadas, 64 de sauvignon blanc, 40 de chardonnay y 30 de pinot noir, regadas por goteo y con un sistema de control de heladas por aspersión de agua. La vecindad entre viñedo y bodega –además de la casa del propietario– permite un proceso muy fluido, cosechando en frías mañanas y comenzando el proceso de vinificación casi de inmediato, para mantener la alta calidad que caracteriza a los vinos de William Cole, los cuales integran el portafolio del Club de vinos Decanter en Colombia.

Viviana Fonseca, enóloga jefe de la bodega desde 2011, dice que su gran meta es representar muy claramente el terroir en el que están ubicados, con vinos muy naturales, potentes en nariz y menos estructura en boca, pues están muy concebidos como aperitivos y para acompañar bocados. Quienes viajen a Chile, tendrán la oportunidad de probarlos directamente en la bodega, edificada en 1999 y que evoca arquitectónicamente a las viejas misiones chilenas y las construcciones de los indios del suroeste norteamericano, con hermosos jardines, centro de eventos y sala de ventas.

Situada en el corazón del valle de Casablanca de Chile, muy cerca del pueblo de Casablanca, de donde provienen la mayoría de los empleados del lugar, la bodega tiene una capacidad de 2.4 millones de litros, con 99 tanques de acero inoxidable, aporte invaluable en su misión de producir vinos finos usando tecnología de punta y con gran cuidado en el proceso de elaboración, embotellado, envasado y embalado, sin descuidar ningún detalle o dejar labores a terceros.

Haciendo un paralelo en clima, el valle de Casablanca en Chile y el valle de Sonoma en California son perfectos para la producción de blancos como el chardonnay y el sauvignon blanc y tintos más ligeros como el pinot noir, de ahí que coincidan en cultivos y producción. Para evitar cualquier confusión, la bodega chilena William Cole nada tiene que ver con su homónima del valle de Napa en California, donde los reyes son los tintos, así que no se confunda.

Maridaje colombiano
Pensando en Colombia, y teniendo en cuenta que en nuestra cocina son frecuentes ingredientes como el cerdo, las papas, los fríjoles, el maíz, el pollo, el arroz y las sopas, recomendamos el Columbine reserva cabernet sauvignon, envejecido 12 meses en barrica francesa, que va muy bien con el cerdo. Es un vino de un color rojo rubí profundo, en el cual predominan frutos negros maduros como arándano y mora, y notas minerales como grafito. En boca resaltan suaves notas de mentol y roble. Un vino de gran cuerpo y taninos redondos, elegante y con gran potencial de guarda. En cuanto al origen de la etiqueta Columbine, se trata del nombre de la empresa de software de William Cole en Denver, Estados Unidos, y, queriendo incluir en sus vinos algo de su país y de su vida, eligió esta flor, que representa al estado de Colorado, para una línea de vinos caracterizada por su elegancia. 

Premios 2013

  • Concurso Mundial de Sauvignon Blanc: medalla de oro Columbine Special Reserve sauvignon blanc 2012.
  • China Best Value Wine & Spirits Awards: medalla de oro Albamar cabernet sauvignon 2012 y medalla de plata Albamar merlot 2012.
  • Wine Enthusiast: 90 puntos al Bill Limited Edition chardonnay 2011.
  • Descorchados Chile: 93 puntos Bill Limited Edition sauvignon blanc 2011, 92 puntos Columbine Special Reserve cabernet sauvignon 2010, 91 puntos Columbine Special Reserve sauvignon blanc 2012, 90 puntos Winemaker’s Special Reserve cabernet sauvignon, carménère merlot 2010 y 90 puntos Columbine Special Reserve pinot noir 2011.
  • 10th Annual Wine of Chile Awards: medalla de plata Winemaker’s Special Reserve cabernet sauvignon, carménère merlot 2011 y para el Bill Limited Edition pinot noir 2011.
  • Restaurant & Bar Hong Kong Wine House Awards: medalla de oro cabernet sauvignon Albamar 2011 y medalla de bronce chardonnay Albamar 2011.

 

Dos medallas gran oro para Estampa en Catad’Or W Santiago 2013 Wine Awards

La Viña Estampa, ubicada en el Valle de Colchagua de Chile, y cuyos vinos importa de manera exclusiva el Club de vinos Decanter a Colombia, fue la única en recibir dos medallas Gran Oro en los Catad’Or W Santiago 2013 Wine Awards.

Parte del equipo de Viña Estampa se hizo presente en el hotel W de Santiago, para recibir los premios que fueron otorgados a sus vinos.

Los vinos Gold syrah - cabernet sauvignon - merlot - malbec 2009 y La Cruz carménère - syrah - cabernet sauvignon, fueron los dos únicos en recibir dos medallas gran oro en los Catad’Or W Santiago 2013 Wine Awards, anunciados el lunes 1° de julio en el hotel W de la capital chilena; por su parte su nuevo monovarietal sauvignon blanc Del Viento 2012 y el reserva malbec - syrah - petit verdot 2011, recibieron medalla de plata. Se trata de la más importante competencia de vinos y licores chilenos en Chile, con una tradición de 18 años.

Catad’Or W Santiago Wine Awards 2013, evalúa vinos chilenos con un seleccionado jurado internacional, cuyos miembros son reconocidos por su capacidad, integridad e independencia. También participan especialistas de las escuelas de viticultura y enología de la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Asociación de Enólogos de Chile.

El concurso se realiza siguiendo las reglas de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), y VinoFed, con sesiones de cata a ciegas durante tres días. Dependiendo del promedio obtenido, el vino es galardonado con “medalla de plata”, “medalla de oro” o “gran medalla de oro”.

 Adicionalmente, desde 2012 Catad’Or W Santiago entrega reconocimiento al mejor vino tinto y blanco del concurso. 

De las bodegas que trae a Colombia el Club de vinos Decanter, también fue premiada la grandiosa Viu Manent, cuyos vinos single vineyard San Carlos cabernet sauvignon 2011, single vineyard El Olivar alto syrah 2010 y gran reserva cabernet sauvignon 2011, recibieron medalla de oro. Medalla de plata recibieron el chardonnay gran reserva 2012, el carménère gran reserva 2011 y los Secreto malbec y carménère 2011.

Felicitaciones para las dos bodegas y que vengan muchos más reconocimientos.

Cruzat, unidos por las burbujas

Esta bodega argentina dedicada exclusivamente a la elaboración de vinos espumantes, llega a Colombia con sus tres referencias de la línea Cuvée Reserve.

 Su amor por los espumantes los llevó a cruzar la frontera e ir hacia Mendoza. Fue allí donde un grupo de empresarios chilenos, conocieron al enólogo argentino Pedro Federico Rosell, otro amante de las burbujas, que tras trabajar desarrollando los espumantes de distintas bodegas, estaba terminando un proyecto propio de este mismo tipo de vinos, y fue receptivo a la propuesta de los chilenos. Así nació bodega Cruzat en 2004, una de las pocas bodegas argentinas dedicada exclusivamente a la elaboración de espumantes de alta gama.

Sobre los nuevos vinos que integran el portafolio del Club de vinos Decanter en Colombia, Guillermo Repenning, director Comercial de la Bodega, recuerda que son elaborados bajo el método tradicional que realiza la segunda fermentación en botella, buscando unos vinos más durables, complejos y corpulentos, con aromas de madurez, un espumante que se caracterizado por un bouquet fino, elegante y desarrollado. Cruzat cuenta con dos líneas, la Clásica –con dos referencias que tienen 12 meses de guarda en tanques de acero y otros 12 meses en botella– y la Cuvée Reserve –con tres referencias que tienen 24 meses de guarda en tanques de acero y otros 24 meses en botella–; ésta segunda es la que ya se encuentra en Colombia.

Todos los sparkling de Cruzat son producidos con uvas chardonnay y pinot noir, las clásicas para la elaboración de este tipo de vinos en el mundo y que son cuidadosamente seleccionados de las zonas altas del Valle de Uco y Luján de Cuyo, en la provincia de Mendoza. Sobre sus tipos de espumantes, Repenning se refiere a la línea Cuvée Reserve, que llega a Colombia con el Nature –con muy poca azúcar añadida– y el extra brut y extra brut rosé –que duplican en cantidad de azúcar añadido al primero, sin perder frescura–.

Además de centrarse en la elaboración de vinos de calidad excepcional, Cruzat –que elabora unas 200.000 botellas anualmente– busca promover el mayor consumo de vinos espumantes, con la certeza de que las burbujas no deben reservarse solo para ocasiones especiales. En el caso de Colombia, siendo un país tropical con sitios muy calurosos, un espumante a la temperatura adecuada –siete u ocho grados centígrados–, resulta un aperitivo ideal y acompaña muy bien diversas comidas.

Lo anterior lo refuerzan con prácticas como la de su programa de enoturismo, que tiene una alternativa en la cual los visitantes pueden, incluso, elaborar su propio espumante. Así, cada quien recibe su botella ya fermentada y procede al paso final, que es añadirle el denominado “licor de expedición”, mezcla secreta de la casa (elaborada con sus mismos vinos de añadas especiales), en la que viene ya añadido el azúcar final, para darle el toque perfecto. “Es un plan muy atractivo para la gente cuando va Mendoza, pues después de visitar varias bodegas tradicionales, llegan a Cruzat y encuentran un método de elaboración y unos vinos distintos, así que lo disfrutan mucho”, explica Repenning.

Así que ya lo sabe, puede armar su plan para ir a ver cómo se elaboran estos deliciosos vinos y sus mágicas burbujas y, si todavía no tiene proyectado ir a Mendoza, por lo pronto puede probarlas con las botellas que trae a Colombia el Club de vinos Decanter. Seguro apenas entre en contacto con esta refrescante bebida espirituosa, querrá tomar el primer vuelo hacia el sur.

Conozca un poco más del jerez para celebrar

Este domingo 26 de mayo se celebra el día mundial del jerez y en el Club de vinos Decanter tenemos el producto ideal para unirse.

Foto cortesía Grupo Estévez.

Foto cortesía Grupo Estévez.

Si este domingo 26 de mayo se unirá a la celebración del vino de jerez, lo primero que debe saber es que no hay solo uno, sino que se trata de una amplia paleta de colores, aromas, sensaciones y posibilidades. Procedente del sur de España, específicamente de Andalucía, su proceso especial de elaboración y crianza hacen que el nombre de jerez (sherry en inglés), sea común denominador de identidad para vinos de estilos diversos, que describimos a continuación.

  • El fino. Seco y ligero, posee una graduación alcohólica de entre 15 y 18 grados. Su color es dorado pálido, tiene aroma punzante y sabor almendrado.
  • La manzanilla. También seca, aunque algo más salina que el fino. De color dorado más claro, su graduación alcohólica se mueve entre 15 y 19 grados. Elaborada con uva palomino, exclusivamente en la población de Sanlúcar de Barrameda.
  • El amontillado. Una vez el jerez se oxida –tarda más que otros vinos–, se dice que se amontilló, es decir que cambia de color de pálido a ámbar; pierde su punzante aroma a levadura y adquiere aroma a avellana. Es seco y ligero al paladar, y más alcohólico, entre 16 y 22 grados.
  • El oloroso. Seco, con mucho cuerpo, de color ámbar a caoba, con aroma intenso y sabor especialmente a nuez.

En el Club de vinos Decanter tenemos el fino Inocente, producto top de la Bodega Valdespino, que estará con 10% de descuento hasta este lunes 27 de mayo. Lo recomendamos muy frío, para servir como aperitivo y acompañar mariscos, pescados blancos y quesos suaves.

Pulqui Rodríguez Villa, el poeta de los vinos

Cuando una profesión se vive de forma apasionada, esa sensación se transmite a cada creación. Los vinos no quedan fuera. En el caso de los Riglos, su hacedor pone alma y cuerpo, poesía y crudeza. El señor en cuestión es Juan Carlos Rodríguez Villa, “Pulqui” para todo el mundo, enólogo de Riglos, una de las bodegas del Club de vinos Decanter en Colombia.  

Texto: Raquel Rosemberg, colaboración Argentina

Pulqui Rodríguez Villa, el alma tras los grandes vinos de Riglos.

Pulqui Rodríguez Villa, el alma tras los grandes vinos de Riglos.

Mendocino de pura cepa, cuando se le pregunta el porqué de “Pulqui”, contesta sin vuelta: mi nacimiento coincidió con el de ese avión, el gran Pulqui. Cuenta que tuvo un padre enólogo, de Trapiche, bodega donde vivían. Fue ese entorno, y la relación con su padre, los que le abrieron camino a la vida y al vino. Apasionado, no se puede decir que sea el prototipo de los enólogos: bajísimo perfil, fuma mucho, lo llaman “poeta” porque vive leyendo (podría decirse que se conoce a Faulkner casi de memoria) y aplica a sus notas de cata frases que lo conmueven. También le gustan los “fierros”, no se pierde una carrera de Fórmula 1. Recuerda que cuando cursó la secundaria, hizo quinto año libre para no ir de viaje de egresados y así poder usar el Fiat 1.600 que le habían regalado. El sueño fue imposible hasta no cumplir la mayoría de edad, así que debió manejarlo dentro de la bodega. Después estudió la carrera de enología con el padre Oreglia, el director de la misma. Fue el licenciado en enología número 21 de Argentina. 

Durante la carrera conoció a quien es su gran amigo de la vida, Ángel Mendoza. Juntos tuvieron una cátedra de química y luego fundaron Convin, empresa de ingeniería integral dedicada a los vinos. Alquilaron una oficina en Mendoza con otros dos licenciados y esperaron... Pero nadie tocó el timbre. Entonces, mientras hacían la “amansadita”, estudiaron y dieron cursos. Fue cuando en las bodegas comenzaron a pedir licenciados en Enología, con mayúscula. “No ganamos un mango, pero rompimos paradigmas –acota Pulqui–. Llenábamos pizarrones con polifenoles. Cambiamos la visión de la enología, fuimos a Brasil y dimos varios seminarios sobre materia colorante y sobre vino tinto, su elaboración razonada. Ahí tuvimos otro problema: mucha teoría, pero el mercado se había volcado a los blancos, siempre estábamos a contramano. Después llegaron los franceses con su paradoja, el alargue de la vida y eso bastó para que Estados Unidos y Japón se vuelquen a los tintos, entonces todo cambió”.

A la hora de hablar de los viñedos, Pulqui es un defensor del trabajo serio desde el viñedo y un cambio de tratamiento de las plantas. Propone manejar las hojas como un laboratorio de la viña, “el más barato, el que se alimenta a sol”. Para este enólogo, que a su vez es asesor de varias bodegas, como Schroeder y Robino, el mayor dilema que le presenta su profesión es interpretar al consumidor, “porque cuando se hace un vino, hay que pensar en el que puedan consumir todos”, acota. Sabe que en sus vinos se proyecta y logra, casi, la vida eterna. 

Pulqui Rodriguez.JPG

¿Cómo son sus vinos?
Cuando le pido a “Pulqui” Rodríguez Villa que describa sus vinos, no espero las clásicas frases hechas. Cada una de sus creaciones tiene un correlato literario que va surgiendo mientras los elabora y prueba. Por eso, se lo conoce como el poeta. Del Riglos Gran Corte 2006 me dice, “su color es intenso pero no de kermese, como cielo renegro con estrellas rojas. Se puede ver el infinito. Pero en la nariz es el amor eterno, el que casi nunca llega o, por lo menos, el segundo, el potente, inolvidable, en el que ella nos lleva de la mano. Es una boca fina, delicada, como primer beso de amor que la recorre, la llena, tiene sentidos y restos de chocolate Águila, el de tierrita de la primaria, por eso su recuerdo es larguísimo…, es tan corto el amor y tan largo el olvido, sutilezas en vino”. Y agrega, "si fuese un menú literario sería Ultimas tardes con Teresa, de Juan Marsé, la gauche divina desplazándose por una Barcelona ecléctica”.

Puzzle ¿Once cepas tintas y cuatro blancas en una sola botella?

En Colombia contamos hoy con una gran variedad de vinos, tanto varietales como de ensamblaje, es decir, que mezclan variedades de uvas. En el caso de estos últimos, lo normal es encontrar que contienen de dos a cinco cepas, todas blancas o todas tintas; pero un vino que combine cepas blancas y tintas que suman 15, constituye una novedad, un rompecabezas que no me quería perder.

Texto: Ana Cristina Cano, sommelier

Puzzle.jpg

No veía la hora de disfrutarlo, pues assemblages tenemos en el mercado colombiano, pero no de tal cantidad de cepas, y menos aún con la novedad de combinar uvas tintas y blancas. Se llama Puzzle –rompecabezas– y antes de destaparlo me rompía la cabeza a punta de preguntas, viene de la bodega uruguaya Giménez Méndez y, esto se los adelanto, resulta una delicia, un experimento más que bien logrado.

Volvamos atrás. Ya en casa con la botella abierta y copa en mano empecé a resolver mis preguntas: ¿Cuál sería su color combinando uvas tintas y blancas? Pensé que podía tener una coloración más clara, pero ya que priman las cepas tintas es rojo rubí intenso. ¿Su aroma? También aquí se imponen las cepas tintas y se siente un aroma a frutas rojas muy maduras, casi a confitura de las mismas. ¿Y el sabor? Nuevamente predominan las características de los tintos, no obstante las cepas blancas aportan una notoria acidez, muy bien equilibrada.

¿Lo mejor? Ir sintiendo cómo cada tipo de uva desplegaba su personalidad: algunas expresivas, otras más tímidas y otras más complementando matices de las demás, pero todas fusionadas entre sí armónicamente. En lo personal, se me antoja que Puzzle hace honor a ese grupo de amigos que todos tenemos, en el que cada uno tiene un carácter diferente y se complementan entre sí.

El equipo enológico de la bodega dice que se trata de una bebida para quienes empiezan en el mundo del vino, al tener una presencia tánica muy suave; no obstante yo pienso que es un vino altamente versátil, ideal también para quienes llevamos más recorrido con la bebida, pues resulta un verdadero festival de sensaciones y aromas.

Mi invitación es a probarlo como un buen experimento, porque exponerse a vinos tan distintos resulta especialmente formativo y, mejor aún, divertido –esto sin contar con que, repito, el vino es delicioso–. Además, cada detalle de este producto procura la excelencia: una etiqueta exquisita y muy contemporánea, la botella café y el corcho grabado con el logo de la bodega, todos símbolos de calidad y orgullo, ese que se siente al poner la marca en productos que consideramos de primera calidad.

Nota de cata
Su aspecto es limpio, color rubí intenso, bien cubierto y con apreciable lágrima. En nariz, las sutiles notas de la violeta y la vainilla están inmersas en un mar de confitura y caramelos de frutos rojos y negros, que nos recuerdan la ciruela pasificada, arándanos, mora y cereza. En boca es amable en el ataque, aterciopelado, con un equilibrio entre acidez y astringencia muy bien logrado. De buena persistencia aromática y final de boca agradable, donde se destacan delicadamente notas tostadas y frutales.

Sugerencias
Desde el principio imaginé que iría bien con el salmón, y no me equivoqué, pues se trata de un pescado algo graso que soporta muy bien la acidez y los taninos del Puzzle. En general, el vino complementa aves (pollo, pavo, pato), cerdo, salmón y atún a la parrilla, o con salsas que contengan queso –como el de cabra– u otros lácteos y verduras gratinadas. Preferiblemente omitir las salsas agridulces y cítricas, pues podría alterar el equilibrio del vino. Servirlo a 17 ºC.

Las cepas
Tintas:
tannat, cabernet franc, marselán, pinot noir, petit verdot, arinarnoa, cabernet sauvignon, merlot, syrah, alicante bouschet y pinot meunier.
Blancas: chardonnay, sauvignon blanc, viognier y chenin.

Reconocimientos
90 puntos Wine Advocate, de Robert Parker.

La temperatura del vino

Algunos insisten en que servir los tintos más frescos es un asunto de moda. Ana Cristina Cano, sommelier del Club de vinos Decanter en Medellín, aclara que el tema responde a la búsqueda de exaltar las virtudes olfativas y gustativas de cada tipo de vino.

Para enfriar las botellas de vino, se recomienda ponerlas en un cubo con hielo, agua y sal.

Para enfriar las botellas de vino, se recomienda ponerlas en un cubo con hielo, agua y sal.

Se dice que los vinos tintos se toman a temperatura ambiente, la pregunta es: ¿de qué ambiente? ¿Del de Cartagena al medio día o del de Bogotá a media noche? Sí, claramente los ambientes son tan variantes, que lo que hay que tener claro es la temperatura ideal del vino y así, según el entorno, saber si hace falta darle un toque de frío, incluso a los tintos.

Ana Cristina Cano, sommelier del Club de vinos Decanter en Medellín, lo explica con gran lógica al decir: “Siempre será mejor tomarse un jugo de fruta frío que uno al clima, y el vino también es un jugo, fermentado, pero jugo de uva al fin y al cabo, por eso normalmente se recomienda darle un toque de frío y tomarlo frescos", anota. La experta va aún más allá, y dice que esa temperatura ambiente ha causado tantas rupturas entre vino y consumidor, como rupturas de matrimonios existen: “Quién no va a decir que un vino es desagradable si se toma un tinto joven a temperatura ambiente de 27 °C en Santa Fe de Antioquia; es desagradable para cualquiera”, enfatiza.

Tan segura está de la importancia de la temperatura adecuada, que Ana Cristina hace catas a ciegas con personas cercanas o en sus cursos, dándoles el mismo vino a temperatura ambiente y a la temperatura deseada y normalmente la gente, que cree que se trata de dos vinos distintos, se decanta por el que se encuentra más fresco y dice que este es un mejor vino. En suma, la experta siente que la inadecuada temperatura hace que para muchos la experiencia inicial con el vino haya sido inadecuada y desafortunada y, para evitar que esto siga siendo así, nos menciona algunas consideraciones para tener en cuenta.

  • En la temperatura del vino intervienen la época (estaciones), la hora y temperatura del lugar (si hay aire acondicionado, calefacción, chimenea, y dónde se tenía antes de ponerlo a enfriar, todo cuenta).
  • Evite grandes choques térmicos, si el vino estuvo en el carro todo el día y hace mucho calor, déjelo reposar antes de llevarlo a la nevera (no al congelador, precisamente para evitar el choque).
  • El tiempo de enfriamiento es relativo, pues también depende de la graduación de la nevera. Un vino blanco, rosé o espumante puede requerir entre dos y tres horas, mientras que un tinto joven tendría  con una hora y los tintos crianza, reserva y gran reserva, de media hora a diez minutos.
  • Si hay prisa, o por puro placer, llene una cubitera mitad con agua y mitad con hielo (más una buena cantidad de sal, lo cual creará el llamado efecto eutéctico, que hace que la temperatura baje más y que el vino enfríe uniformemente al estar inmerso en agua). En este caso, el tinto puede estar listo entre 5 y 10 minutos y el blanco, rosé y espumante entre 20 y 30 minutos. Más que ceñirse a tiempos, lo importante es verificar con el termómetro.
  • Tenga en cuenta que el alcohol por encima de los 21 °C se volatiliza fácilmente, así que si el vino se sirve a esta temperatura o una superior, el olor alcohólico anulará los matices aromáticos más nobles. Al contrario, vinos servidos a temperaturas menores a 4 °C perderán toda expresividad aromática ya que necesitan más temperatura para volatilizarse y ser captados por el olfato. En los tintos, aparte de inhabilitar los aromas, se tornarán más astringentes.
  • Importantísimo: al abrir un vino que no se consumió en su totalidad y se guarda en la nevera, es conveniente verificar su temperatura antes de ingerirlo nuevamente porque, en el caso de los tintos, es posible que esté demasiado frío y se torne poco aromático y muy astringente, así que a tomar la temperatura y dejarlo fuera de la nevera para que suba algunos grados.

Ejercicio: Elija algún vino que tenga en casa y haga su propia prueba de la temperatura, tomándolo al clima y luego enfriándolo un poco. ¿Cómo le sabe mejor? Eso es lo que realmente importa. Comparta su experiencia comentando este artículo y denos sus propias conclusiones.

Temperaturas vino.jpg

Decantador: Más allá de sus bellas curvas

¿Para que sirve este bonito objeto de la cultura vitivinícola? ¿Cuál es la diferencia entre decantar y oxigenar? ¿Cuándo decantar y qué vinos?

Texto: Catalina Rugeles, sommelier

El decantador, en su uso actual, parece una suerte de serendipia, comenzó como una jarra común que facilitaba el servicio cuando el vino se almacenaba en ánforas, épocas remotas en las cuales no había botellas y cuando el proceso de vinificar era más espontáneo, menos calculado y sofisticado.

El efecto que sufría el vino en aquel recipiente era el mismo de hoy en día, se abría por acción del oxígeno y regalaba todos sus aromas, e incluso corregía algún defecto. Valga aclarar que no todos los defectos se corrigen al oxigenar, pero vale la pena el intento con los aromas de reducción (aquellos formados por falta de oxígeno durante la elaboración).

Es así como, por casualidad, esta jarra pasó a tener un uso cotidiano en el ritual del servicio, adquiriendo transformaciones que le permitían ajustarse a cada requerimiento enológico, cuenta de ello puede dar la ya reconocida casa Riedel, que se ha dado a la tarea de diseñar copas y decantadores para distintos tipos de cepas, teniendo por principio fundamental el asunto de la funcionalidad, en el cual el contenido determina la forma.

Hoy en día, atendiendo a esta funcionalidad, pero también al arte en el diseño, encontramos diversas propuestas, desde el clásico decantador de panza redonda y aplanada, con cuello largo y estrecho, que culmina en una boca amplia que se abre como flor, hasta los que evocan animales como cisnes o anacondas. Cualquiera sea su forma, todos apuntan a extender el vino a lo largo de una superficie más amplia que la de la botella, permitiéndole abrirse para expresar la potencia de sus aromas.

Pero ¿qué es decantar? Dentro del mundo enológico es la intención de separar las borras o sedimentos del líquido, aunque cotidianamente el uso que le damos a ese recipiente consiste más bien en el de un oxigenador. Para lograr una verdadera decantación se requiere que la botella, cuyas particularidades técnicas y de añejamiento han formado sedimentos, esté reposando con la inclinación suficiente que les permita a las borras, por efecto de la gravedad, asentarse en el fondo; una vez logrado esto, debe tomarse con mucho cuidado para evitar agitar el líquido y, con ayuda de una luz, generalmente una vela, que permita ver a través del envase, a la altura de los hombros de la botella, se trasvasa el vino a un decantador, hasta advertir que los sedimentos están cerca del cuello y es cuando debe detenerse.

Entonces…
¿Qué vinos decantar?
Los que por su tanicidad, añejamiento o largo reposo en botella han generado borras. 
¿Cuáles oxigenar? Por regla general, los vinos potentes y con mucho cuerpo, los que presentan colores muy oscuros y aquellos que al momento de abrir muestran poca intensidad olfativa.
¿Por cuánto tiempo? Varias contraetiquetas lo indican, a falta de ello, en estas andanzas se aprende que el vino se mide en una conversación uno a uno, él va diciendo el tiempo que requiere para expresarse mejor. Mientras se aprende a hablar este idioma, siempre es bueno indagar en las páginas de las bodegas, muchas de ellas tendrán la indicación.
¿Decantar los vinos blancos? No es tan común, sin embargo el principio es el mismo, está bien para aquellos muy complejos y añejos, e igualmente frente a los aromas de reducción.
¿Decanter para Decanter? Sí, los vinos del Club Decanter no son la excepción a la regla, es así como en principio pueden ser oxigenados los tintos premium y ultrapremium, en especial los de cepas como cabernet sauvignon, syrah y tannat.