¿Por qué no hacerle trampa al detector de borrachos?

Aunque no lo crea, el alcoholímetro no fue inventado para hacerle la vida más difícil, todo lo contrario, busca evitarle accidentes que pueden resultar más costosos que cualquier multa. Placeres consultó con Ómar Hoyos Agudelo, secretario de Transportes y Tránsito de Medellín, para conocer los motivos.

  1. Hacerle trampa al alcoholímetro es ponerse en el riesgo de enfrentarse a un accidente de graves consecuencias, que no solo pone en peligro la propia vida, sino la de todos aquellos que se crucen en el camino del conductor que ha bebido.
  2. No se justifica, siquiera, verse sometido a la necesidad de hacerse la prueba de alcoholemia, pues desde el mismo instante en que alguien se toma una copa, debe ser ya consciente de que no debe sentarse al volante, sin importar lo bien que se sienta. Una sola copa ya afecta los sentidos y reflejos de la persona.
  3. Si ha tomado e insiste en conducir, pero por algún motivo la vida le pone en el camino un alcoholímetro (no necesariamente el del Tránsito, sino los que ponen afuera de algunos bares y discotecas), no pase de largo, una prueba que toma segundos le puede ahorrar muchos malos ratos.
  4. Supongamos que no se chocó, que tuvo la “fortuna” de llegar invicto al retén y allí no le quedó más que soplar, ¿para qué negarse? Puede que lo espere una multa de $850.000, otros $100.000 por grúa y parqueo y hasta la suspensión de la licencia entre tres meses y diez años, pero ¿qué más da si le están evitando un choque en el trayecto que le falta, el cual podría tener consecuencias aún mayores?
  5. No hay que hacerle trampa, porque el del problema no es el aparato, el problema es el de una cultura que se niega a aceptar que a veces, simplemente, es mejor dejar el carro en casa. Un taxi, el servicio de conductor que ofrecen las aseguradoras o simplemente el conductor elegido, resultan alternativas más sensatas y menos costosas.

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El grado de embriaguez en Colombia está establecido en la Resolución 000414, artículo 2, así:

  • Resultados entre 40 y 99 miligramos de etanol por 100 mililitros de sangre total corresponden al primer grado de embriaguez.
  • Resultados entre 100 y 140 miligramos de etanol por 100 mililitros de sangre total corresponden al segundo grado de embriaguez.
  • Resultados mayores o iguales a 150 miligramos de etanol por 100 mililitros de sangre total corresponden al tercer grado de embriaguez.
  • Resultados menores a 40 miligramos de etanol por 100 mililitros de sangre total se interpretan como estado de embriaguez negativo.
  • Cifras que hablan por sí solas
    Hasta mediados de agosto de 2012, el Tránsito de Medellín había revisado 17.223 conductores. De estos, 1.532 manejaban borrachos, por lo cual recibieron multas, inmovilizaron sus carros y sus licencias pueden haber sido suspendidas.