¿Qué tipo de vinos se pueden y se deben decantar?

Tintos, blancos, late harvest y licorosos, hay vinos de muchos tipos que ganan con la decantación.

Marcas como Pulltex tienen decantadores de distintos estilos, según el tipo de vino.

Vinos blancos de larga guarda. Para sorpresa de muchos también pueden ser decantados, sobre todo aquellos que al pasar por madera y ser conservados en sus lías finas tienden a cerrarse en la nariz o a entregar aromas de reducción poco deseados. El oxígeno aportado por la decantación les permitirá intensificar su expresión aromática y ganan en armonía y suavidad en la boca. 
Vinos tintos jóvenes y viejos. Los vinos tintos jóvenes prefieren la decantación con un gran aporte de oxígeno, el cual favorece la eliminación de los aromas de reducción, disminuyendo la percepción áspera y astringente del vino en la boca. Sin embargo, todas las variedades se comportan de manera diferente: los vinos de mezclas bordelesas, de la syrah, del malbec, del sangiovese y del tempranillo, pueden ser decantados en recipientes que posean una amplia base. El pinot noir, al contrario, es una variedad más delicada y aromática, lo que la hace sensible al oxígeno; por tal razón, la decantación se evita generalmente o se acude a recipientes mucho más cerrados, para hacer un trasiego lento si el vino presenta aromas de reducción o si se desea abrir un poco su bouquet de aromas. Los vinos viejos por lo general se decantan muy lentamente y sólo con el fin de separar los sedimentos para evitar que el caldo se vuelva turbio cuando se sirve en las copas. 
Vinos dulces. Los vinos licorosos de Sauternes se preparan generalmente mejor a la degustación cuando se decantan, al igual que los vinos de vendimias tardías y selecciones de granos nobles, lo que permite a su vez una liberación del anhídrido sulfuroso, utilizado en mayor cantidad que en los vinos blancos secos.

No olvide: La temperatura del vino debe ser tomada en cuenta cuando se acude a la decantación, sobre todo para los vinos blancos y dulces. Así, se recomienda bajar la temperatura de los vinos algunos grados de más antes de decantar o utilizar una hielera amplia donde pueda ponerse alternativamente el decantador.

El oxígeno regresa al vino con la decantación

Decantar implica trasegar un líquido de un contenedor a otro, en el caso del vino, de la botella a un recipiente de vidrio o cristal, buscando separar los sedimentos y/o aportar cierta cantidad de oxígeno. 

La química del vino es compleja. Todas las partículas que puedan encontrarse en el fondo de la botella son naturalmente extraídas de la uva y responsables del color, el sabor y la textura en la boca, lo cual, por cierto, no es motivo de devolución de una botella en el restaurante. 
La materia colorante está constituida de unas pequeñas partículas llamadas antocianos, las mismas que dan el color rojo-violeta a los vinos jóvenes, que además son familiares de los taninos, moléculas responsables de la textura en boca de los tintos. Finalmente, la otra molécula que se encuentra en precipitación, a veces pegada al corcho cuando se destapa, es el ácido tartárico, principal responsable de la acidez del vino y, por ende, del equilibrio gustativo.

El oxígeno: amigo y enemigo
En la vida del vino, el oxígeno es un elemento tan esencial como temido a la vez; necesario durante la elaboración de los vinos tintos y muchas veces temido durante la elaboración de algunos blancos, de uvas como el sauvignon blanc y el moscatel, por la pérdida de aromas y sabores bajo la presencia de oxígeno en el aire. 
Cuando se habla de decantar para oxigenar un vino, los conceptos que debe entender el lector son dos: decantar es sinónimo de trasegar, lo que implica que el vino sea retirado de la botella, para que el simple trasiego ponga en contacto el vino con el aire, y segundo, aportar oxígeno, que puede hacerse de manera intensa o delicada. Al abrir la botella es recomendable servir una pequeña copa de vino,  degustarlo para confirmar que no esté acorchado y determinar por degustación el grado de reducción que presenta, entendiendo por reducción, la reacción química opuesta a la oxidación, con olores a veces azufrados, formados por falta de oxígeno durante la elaboración. 
Tanto los vinos blancos, como los tintos pueden decantarse, sobre todo aquellos que han sido conservados en barriles de roble durante algún tiempo, elaborados para una larga conservación en botella. Si el vino blanco se presenta cerrado en la nariz (lo que indica que no huele a nada) y el tinto presenta notas animales, un poco sulfuroso (moléculas olorosas desagradables) esté seguro de que debe decantarlo.