Trece del Club de vinos Decanter destacados en los Argentina Wine Awards -AWA-

La importancia del vino argentino sigue creciendo en el mundo, y eventos como los Argentina Wine Awards, cuya versión 2014 destacó varios vinos del club de la buena vida, contribuyen mucho a ello.

Fotos: Twitter Wines of Argentina.  En total fueron 18 jurados, 12 internacionales y seis nacionales. Para conocer la lista completa visite:  www.winesofargentina.org . 

Fotos: Twitter Wines of Argentina. En total fueron 18 jurados, 12 internacionales y seis nacionales. Para conocer la lista completa visite: www.winesofargentina.org

Durante tres días, 12 jueces internacionales y seis argentinos cataron más de 650 muestras de vinos tintos, blancos, rosé y espumantes de 150 bodegas, tras lo cual entregaron cuatro trofeos regionales, 12 trofeos, 58 medallas de oro, 256 de plata y 276 de bronce. El colombiano Tulio Zuluaga de la comunidad Soy vino, estuvo presente como observador internacional, junto a pares suyos de otros países de la región, el objetivo de su presencia era actuar como veedores del concurso y, al mismo tiempo, probar vinos de diversas bodegas, para ayudar a establecer cuáles de ellos se acomodaban al paladar de los distintos países.
El viaje total fue de 17 días y la degustación para los observadores de más de 400 vinos, tras los cuales Tulio quedó gratamente impresionado, no solo por lo que probó, sino por lo que vio. “Una de las cosas que más me sorprendieron, es que en Argentina están trabajando unidos, no cada bodega por su lado, y en muchas, como en Familia Schroeder, hay una búsqueda por volver a métodos de elaboración que se usaban antes, por ejemplo la fermentación en cavas de cemento crudo, del que destacan la capacidad de dar una micro oxigenación que no se da en el metal”, anota.
Otra de las perspectivas que se vislumbra es la de dejar de clasificar sus vinos por cepas, y hacerlo por regiones, un poco al estilo del Viejo Mundo, para hablar de vinos de Tupungato, Mendoza y el Valle de Uco, en lugar de malbec, merlot, syrah… Pero esto no significa que las cepas dejen de tener importancia, todo lo contrario, otra de las cosas que identificaron los jurados de los AWA, es que además del malbec, Argentina tiene grandes posibilidades con cepas como el pinto noir en la Patagonia, el torrontés en Salta o los cabernet sauvignon de altura; además de que encontraron agradables sorpresas en bonarda y cabernet franc. Ahora lo que toca es seguir bajando el nivel a la comunicación del vino, para estar cada vez más conectados con el consumidor. 
Estos son los destacados del Club de vinos Decanter:

Oro
Tinto
Pulenta Estate cabernet sauvignon III 2011.
Vino de color rojo punzante y profundo. En nariz evidencia aromas especiados y algo de pimiento, frutos secos y delicadas notas a tabaco y humo. En boca se percibe su fuerza varietal, su estructura, potencia y taninos suaves y aterciopelados.
Blanco
Mendel Semillón 2013.
Vino tranquilo, digno representante de esta antigua cepa, en la que se adivinan notas varietales como flores blancas y miel, así como algunas notas herbáceas y de frutas tropicales que le dan complejidad. Su paso por madera le aporta notas de coco y ahumados suaves y un gran volumen y suavidad en boca. Es un vino complejo, elegante y muy agradable de beber.

Plata
Tintos
Saurus Select cabernet sauvignon 2012.
A la vista presenta un color rojo muy intenso que denota su madurez. En nariz es complejo, combinando aromas de frutos rojos maduros, pimienta negra y especias. Su paso por roble aporta notas de chocolate y café. En boca tiene muy buena entrada, con taninos dulces, intensos y bien equilibrados. Es un vino persistente, elegante y de buena acidez. 
Revancha malbec de Mendel 2012. Rojo intenso con reflejos violáceos, con aroma a frutas rojas y negras frescas (moras y cerezas negras) combinados con notas florales y violetas. De sabor frutado, buen cuerpo y excelente persistencia.
Saurus Barrel Fermented malbec 2012. Rojo profundo con destellos violeta. Generoso en aromas a fruta madura, con gran notoriedad de ciruela y grosella negra y en el fondo aromas florales y especiados. En boca posee un delicado toque a vainilla y chocolate; un vino suave y elegante, de largo final. 
Saurus Barrel Fermented pinot noir 2012. A la vista presenta tonalidades rojas y brillantes. En nariz se perciben aromas a frutos rojos como grosellas, frambuesas y frutillas. Por su fermentación en barricas de roble, se perciben notas a vainilla y cacao. En boca es muy frutado, con taninos dulces y buena acidez. 

Espumantes
Cruzat Clásico Extra Brut.
60% pinot noir - 40% chardonnay. Vino espumoso fresco, con notas cítricas y florales, y sutiles aromas a frutos tropicales. Presenta sabores persistentes que le aportan una personalidad única. 
Cruzat Cuvée Réserve Extra Brut. 75% pinot noir - 25% chardonnay. Vino estructurado y fresco, de acidez equilibrada por tener más azúcar añadido. Sutil color amarillo en nariz aporta aromas frutales como ananá, maracuyá y cerezas.
Rosa de los vientos Familia Schroeder 2013. A la vista presenta un llamativo color rosa y muy finas e intensas burbujas. En nariz se perciben elegantes notas frutales y complejos aromas a levaduras. En boca es frutado, fresco, de buen volumen y con largo final.

Bronce
Espumantes
Cruzat Cuvée Réserve Nature.
60% pinot noir - 40% chardonnay. Vino espumoso con aromas de frutas cítricas, tropicales y flores de sauco, jazmín, y tilo, totalmente amalgamado con los aromas fermentativos y de lisis de levaduras. Buena acidez y prácticamente sin azúcar añadido, para resaltar la frescura.  Cruzat Clásico Rosé Extra Brut. 80% pinot noir - 20% chardonnay. De atractivo y sutil color salmón, sorprende con aromas a frutos rojos y sabores frescos y persistentes. Para disfrutar solo o como aperitivo.
Deseado Familia Schroeder 2013. A la vista es un espumante de color amarillo verdoso, con muy finas burbujas. A la nariz es frutal, muy fino, con aromas a flores, aromas cítricos y otros más intensos. En boca es dulce, frutado, de buena acidez y buen volumen.

Blancos
Pulenta Estate pinot gris 2013.
De color amarillo verdoso, con notas aceradas. Se trata de un blanco reserva sin crianza en madera, y aun así con gran intensidad aromática –de un orden más frutal–, que recuerda a manzanas verdes, cítricos y flores blancas, el cual resulta refrescante y persistente en boca, con una acidez adecuada y un final prolongado y agradable. 

Mendoza recibe a grandes del vino mundial para los Argentina Wine Awards -AWA-

Tintos, blancos, rosé, espumantes, vinos de postre y fortificados serán evaluados por 19 jurados en los Argentina Wine Awards –AWA– 2014.

Pesos pesados del vino en el mundo serán los encargados de juzgar este año los vinos que concursan en los Argentina Wine Awards –AWA–, concurso impulsado por Wines of Argentina, que este año llega a su octava versión. Ellos estarán reunidos entre el 16 y el 21 de febrero en el hotel Hyatt de Mendoza, en su rutina de cata a ciegas, para elegir los mejores.
Se trata de una estrategia que cada vez cobra más importancia en la búsqueda de la creciente calidad del vino de Argentina, por eso la apuesta por jurados de gran renombre. Este año se incluyen en la lista de 19 jueces –12 internacionales y 7 argentinos–, el inglés Steven Spurrier, presidente desde 2004 de Decanter World Wine Awards, el certamen de vinos más importante del mundo; la americana Colu Henry, directora de proyectos especiales de la revista Bon Appétit; el periodista chileno Patricio Tapia, autor de varios libros, incluyendo su publicación anual Descorchados, guía argentino-chilena de vinos; y en los locales el enólogo y propietario de Mendel Roberto de la Mota, primer argentino en integrar la Academia Internacional del Vino, ubicada en Suiza.
Más de 700 vinos de unas 160 bodegas argentinas estarán en competencia, en un evento que además tiene este año la figura de “observador internacional”, un grupo de varios expertos y periodistas de la región, entre los que se cuentan el colombiano Tulio Zuluaga, cuya comunidad Soy vino cuenta con más de 3.000 miembros. Ellos actuarán como una suerte de veedores que garanticen ante las bodegas participantes y ante la opinión pública, la transparencia de las jornadas de cata a ciegas y de todo el concurso en sí.
Ahora solo queda esperar los resultados y hacer fuerza para que muchos de los ganadores lleguen a Colombia.

¿Qué vinos se catan?

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¿De qué rango de precios?

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¿Cómo se califican?

Información y tablas obtenidas de la página web de  Wines of Argentina .

Información y tablas obtenidas de la página web de Wines of Argentina.

¿Por qué pagar tanto por esa botella de vino?

Porque no todo lo que brilla debe su precio al marketing, hay grandes diferencias entre los vinos, que se evidencian a lo largo de todo el proceso. ¿Cuáles?

Texto Mariana Martínez, Chile / @MyMentrecopas

Saber de vinos parece complejo, y no escapa por completo de la verdad. Especialmente porque si vamos a una tienda de vinos nos podemos encontrar, por ejemplo, con una misma variedad en todos los rangos de precios imaginables. Desde los USD2, si tienen suerte, hasta los USD300, por no ponernos muy sofisticados. Y si uno lee en algún libro lo que esa variedad refleja en un vino, es lógico preguntarse por qué existen esas diferencias abismales de precios, si son todos lo mismo. 

Entonces, en esa encrucijada aparece, obviamente, el factor marketing como el gran culpable: que si la botella es más pesada, la etiqueta con más oro, el corcho más largo; y luego que si el nombre del productor o la marca bien construida por años. Pero la verdad es que dentro de esas botellas hay mucho más. 

Las diferencias de precio las impone, como punto de partida, el valor de la tierra donde esté plantado un viñedo. En Chile las zonas más prestigiosas, como Apalta, pueden valer USD80.000 la hectárea, y de ellas, por su condición de suelo, seguramente se obtendrán muy pocos kilos por planta, lo que dará un valor elevadísimo a sus frutos; pues es la concentración de los sabores y aromas que tienen las uvas, gracias a las condiciones naturales de su lugar de origen, lo que con el paso de los años dará a un lugar su prestigio. 

Luego implica que si la uva es de mejor calidad, también se le proporcionarán más cuidados en viñedos y bodegas, y esa mano de obra más calificada y más rigurosa también será mejor pagada. Finalmente, lo lógico es que mejores vinos puedan tener una mejor evolución en el tiempo, y que para ayudarlos a que así sea hay quienes prefieren guardarlos en barricas. Entonces, mientras mejor sea el vino, mejores barricas se escogerán para la guarda, ojalá francesas. 

Pero las mejores barricas también cuestan más: porque sus bosques son más viejos, sus tratamientos más largos o su elaboración más artesanal. Entre tanto trabajo, para que ese gran vino llegue al mercado en las mejores condiciones, lo más seguro es que también se resguarde en las bodegas por más tiempo, y el tiempo, bien sabemos, vale oro. El precio final, entonces, nos puede decir muchas cosas, y ojalá que su productor, por supuesto, haya sido honesto en ponerlo. 

Particularmente me causa conflicto cuando en un concurso de vinos catamos a ciegas sin saber el precio u otro detalle, más que el año o la variedad. No es raro que por promedio ganen oro los vinos más simples, redondos y fáciles de beber, y plata aquellos más complejos, aun algo duros y tánicos, que todavía necesitan más años en la botella para estar en su mejor momento.

El resultado engaña y confirma lo que primero todos piensan al ver las diferencias de precio: la magia del marketing. Pero no, ojo, en una botella, hay mucho más. Lo importante es saber qué tipo de vino me da placer, según sea la ocasión, y cuánto estoy dispuesto a pagar por ello. Algo que hacemos todos de la misma manera cuando escogemos qué comer, con qué vestirnos, en qué casa vivir y hasta qué auto comprar.

A 700 días de la próxima Vinexpo

La feria de vino más importante del mundo terminó en Burdeos y desde ya se empiezan a planear los eventos que regresarán con ella en 2015. ¿Qué pasó allí?

Las catas de vinos en Vinexpo involucran a unos 14.700 expertos de distintos países.

Los amantes del vino, los sommelier, los empresarios de la bebida y quienes siguen todo lo que pasa alrededor de ella, empiezan a contar los días que faltan para que regrese Vinexpo, no obstante apenas cerró sus puertas –la décima versión del evento, que se realiza cada dos años, se cumplió entre el 16 y el 20 de junio de 2013–. Se trata de la feria más importante del mundo en el sector de las bebidas espirituosas, celebrada en una ciudad vitivinícola por excelencia: Burdeos, Francia.

Durante cinco días, la expo reunió cerca de 50.000 personas de unas 150 nacionalidades y expositores de 44 países (40% de los mismos llegan de fuera de Francia, país anfitrión que, por supuesto, convoca a productores de todas sus regiones para llegar al 100% de expositores). Este año los 90.000 metros cuadrados de feria se vieron atiborrados y el movimiento no paró de los halls de exhibición a los jardines, de estos a los restaurantes y de allí a las salas de conferencia y de cata.

Además, la nueva versión de Vinexpo trajo buenas noticias para los vinos del Nuevo Mundo y sus productores –sin mencionar el crecimiento cada vez mayor que tienen como participantes de la misma–, pues Mendoza, Argentina, fue elegida como sede del próximo Mundial de Sommellerie, que se realizará en 2016. La noticia se dio al inicio de la feria, cuando se celebró la Asamblea General de la Association de la Sommellerie Internationale –ASI– y después de que el país austral lograra sacarle la delantera a Francia, Alemania, Australia y Noruega –los otros países finalistas–.

Otra novedad que trajo la expo fue la presentación del estudio contratado por la organización con The Iwsr (The International Wine and Spirit Research), con un profundo análisis del consumo mundial del vino y bebidas espirituosas, que dio pistas sobre las tendencias del sector. El estudio cubre 28 países productores y 114 mercados. 

Entre otros asuntos, el estudio revela los siguientes tópicos:

  • El consumo mundial del vino incrementó 2,8% entre 2007 y 2011, alcanzando 2 mil 679 millones de cajas de nueve litros, lo que equivale a 32 mil millones de botellas.
  • En 2011, los vinos espumantes –sparkling wines–, representaron el 7,7% del consume total de vinos en el mundo, y su crecimiento es más rápido que el de cualquier otro vino.
  • El mundo aún prefiere los tintos.
  • En 2011, 61,5% de las bebidas espirituosas fueron consumidas en el Asia Pacífica.
  • En 2016 China habrá pasado del octavo al sexto puesto de los países con mayor producción de vino del mundo, adelantando así a Australia y a Chile; además se convertirá en el segundo mayor consumidor mundial de vino en términos de valor, por detrás de Estados Unidos y superando a Francia y a Reino Unido.
  • No obstante, las ventas de vino en volumen no seguirán creciendo al mismo ritmo que lo han hecho hasta ahora. Mientras que las cifras de ventas subieron por encima de 100% entre 2007 y 2011, la previsión de crecimiento en los próximos cuatro años se sitúa en 40%.
 

Lo bueno, lo malo y lo feo de ser jurado de un concurso de vinos

Tienen que tener sus cinco sentidos disponibles todo el tiempo, y una concentración a prueba de los más diversos estímulos externos.

Texto: Melina Bertocchi, colaboración especial

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En 2012 participé en el taller de jueces para el II Concurso Nacional de Baristas de Perú. En este caso no se trataba de vino ni de destilados, sino de café, la segunda bebida más consumida del mundo después del agua, y el producto más comercializado luego del petróleo. Con esta experiencia, comprobé que la complejidad del café es insospechada para quienes lo consumimos por placer, y para inyectar energía a las mañanas.

Pero según los expertos, para considerar bueno un espresso, no basta con que sea corto y esté presentado en taza, sino que debe cumplir con ciertas características que involucran desde la planta, el lavado y el tostado, hasta la experticia de quien maneja la máquina y lo sirve. Conversé con tostadores, productores de Costa Rica, y catadores de Chile, Colombia y Ecuador, y quedé muy impresionada por la pasión con que se refieren al café, similar a la que transmite un enólogo cuando explica el vino de su cosecha.

Es interesante comprobar las similitudes que comparten ambos productos, desde la cosecha hasta la cata en la que se evalúa acidez, astringencia y volumen en boca, pero cuando uno de los catadores hizo hincapié en que el vino es un producto “listo para beber” –mientras que el café se presenta en “bruto” y está en el arte del barista sacar lo mejor de él–, se me prendieron las alarmas.

Me dio una sensación algo agria y de pronto imaginé un juguito de caja que te mandan al colegio como merienda, y nada más lejano de la realidad; aunque hay bodegas que producen tanto volumen, y siguiendo un patrón, que desvirtúan su esencia. Y en un concurso de vinos se consigue de todo un poco. La experticia radica, en parte, en saber diferenciarlo.

En estas líneas recopilamos y analizamos, de acuerdo con las opiniones de catadores y periodistas que participan en este tipo de concursos, lo bueno, lo malo y lo complicado que implica juzgar de la forma más objetiva posible un gran número de muestras en poco tiempo. Veamos a qué conclusión llegamos.

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A la copa
“El mejor vino es el que más te gusta”, frase que aunque a veces suene trillada, no deja de encerrar una gran verdad, pero cuando eres jurado en un concurso, poco importa cuál es tu estilo de vino o qué tanto te gusta. En mi corta, pero interesante experiencia en este tipo de eventos, he aprendido a valorar el producto de la Vitis vinifera de otra forma, a desmitificar la idea romántica que se tiene de él ya que cuando estás frente al vino y tienes que analizarlo, en realidad lo desnudas, mucho más allá de si te gusta o no.

Por eso, quienes son jurado de un concurso de vino, deben haber probado al menos varias decenas de vinos distintos de diversas procedencias, para así contar con referentes con los cuales comparar y formar un criterio que pueda ser creíble y dar una opinión respetable y, sobre todo, objetiva.

Cientos de paladares
El universo de los concursos es enorme, pero en el tiempo no todos ganan la credibilidad necesaria para seguir en un mundo tan globalizado, donde el vino representa en muchos casos un elemento totalmente comercial, y países donde jamás se hubiera pensado que la vid diera frutos como el caso de Moldavia o China, están entregando ya primeros vinos.

Por eso, un buen ejemplo de un concurso que se ha mantenido y fortalecido en el tiempo es el Mundial de Bruselas, que se celebra desde 1994, año de su nacimiento en esta ciudad belga. A partir de entonces ha tomado un carácter itinerante, es por eso por lo que desde 2006 la sede del concurso se ha movido a Italia, Portugal y España, lo que le otorga una personalidad internacional única.

Pero aun así, siempre surgen interrogantes alrededor de un tema en el que debe privar la objetividad, donde los vinos premiados guiarán al consumidor al momento de comprar, y los resultados finales marcarán tendencias. 

Lo bueno
“Hay frutas rojas maduras, algo de especias como canela y pimienta en nariz. En boca tiene buena acidez, está equilibrado con los taninos, la persistencia es media…”, son características que pueden formar parte de la descripción de un vino tinto. Pero cuando tienes menos de cinco minutos para analizar y juzgar la muestra que presentan en copa, los detalles sobran.

Según Fabricio Portelli, director de la reconocida revista argentina El Conocedor, quien como periodista y experto en vinos es jurado en importantes eventos internacionales como el Concurso Mundial de Bruselas y el Decanter Wine World Awards de Londres, los concursos representan un reto mayor de lo que puede pensarse: “Es una cuestión de ética profesional. Hay un lapso breve en que estás vos solo con el vino, y nadie más puede juzgar; es decir, que está en uno ser lo más justo posible, con concentración y profesionalismo, o dejarla pasar”. Un punto de vista enfocado en la exigencia que se necesita con uno mismo al momento de enfrentarse al vino; por eso la precisión, la concentración y la seriedad con que se analice, son determinantes.

En el caso del Concurso Mundial de Bruselas, uno de los aspectos más interesantes es la diversidad de nacionalidades involucradas en la degustación. Son más de 300 catadores de 40 nacionalidades, reunidos en un mismo lugar durante tres días.

Para Meritxell Falgueras, periodista española que forma parte de la quinta generación del Celler de Gelida, importante enoteca de Barcelona, quien lleva el vino como bandera desde muy joven, los concursos representan una oportunidad clave para el catador: “Es una experiencia muy enriquecedora porque te obliga a catar a ciegas, con un grupo de expertos de distintos países, y calibrar en medallas la calidad de un vino que puede ser de cualquier parte del mundo. Es un honor estar en medio de colegas tan admirados como Masters of Wine, periodistas con mucha historia y con sommelier de los mejores restaurantes del mundo”.

Lo malo (o lo no tan bueno) y lo difícil
Pero las cosas se complican cuando hay que probar muchos vinos a la vez, el mismo día, en menos de cuatro horas, y además ser lo más imparcial posible para calificar a cada uno. En el caso del Concurso Mundial de Bruselas, las muestras presentadas son alrededor de 8.000 entre vinos y espirituosos (hay un jurado solo para catar destilados). Se prueban 150 vinos durante los tres días del concurso, o sea, entre 50 y 60 muestras por sesión.

¿Algo difícil? El cansancio del paladar es algo para considerar, aunque solo se cate y se escupa, sin tragar cada sorbo. En otros concursos a veces el número de muestras resulta mayor, por eso se agradece el pan y el agua que no faltan a la hora de limpiar el paladar y ayudan a contrarrestar la intensidad de la cata.

Vladimir Viloria es un referente del vino en Venezuela, y publica cada año la Guía del Vino en ese país. Para él, además del cansancio, la experticia y el consenso en el grupo de cata es tema delicado: “Las sesiones de cata pueden ser agotadoras si el catador tiene poca experiencia, y pueden existir apreciaciones muy diferentes en los catadores. No es fácil, a veces, el consenso para otorgar las medallas. Aquí resulta crucial que quien preside la mesa de cata tenga criterio y autoridad probadas”.

Por ello, la figura de un juez estrella o líder es muy importante, pues funge como mediador, observando el comportamiento de los miembros, y tratando de lograr un balance entre las opiniones. Lo ideal consiste en que la mesa esté de acuerdo en el número de medallas que se otorgan, que si bien constituye uno de los objetivos del concurso, esto debe estar fundamentado en las bases de la calidad. Fabricio Portelli pone el acento en la figura del jurado como responsable, y hace un parangón entre la forma de puntuar en los concursos: “En esencia es lo mismo ser jurado del Concurso Mundial de Bruselas, que de los Decanter World Wine Awards, sin embargo, en el primer caso a uno le tocan vinos de cualquier parte del mundo, y la opinión es anónima; mientras que en el segundo, uno cata solo los vinos del país del que es experto, quedando expuesto ante los resultados”.

Pero aun cuando necesitamos justificar los resultados, en el puntaje que otorgamos a cada vino, juzgamos lo que hay en copa. No tenemos al enólogo frente a nosotros, lo cual ayuda en los casos en que nos toca un vino menos bueno o que debemos castigar por alguna razón. Al final no nos vemos en la incómoda necesidad de explicarle por qué lo puntuamos por debajo del promedio.

Críticas siempre existen y causan polémica en un mundo cada vez más globalizado, donde abundan las etiquetas, donde el volumen de vino producido sobrepasa en gran forma la demanda, y donde justamente las medallas obtenidas en concursos importantes pueden hacer la diferencia.

Pero es imposible no emocionarse cuando en el anaquel descubrimos un vino con la medalla de Oro o de Gran Oro del Concurso Mundial de Bruselas o algún otro referente importante, y se vuelve aún más interesante cuando sabemos que esto puede ocurrir en cualquier parte del mundo. Así que si por casualidad se encuentra en Rusia, China o Moldavia y quiere comprar vino, aunque no hablen mandarín o ruso, ya no se sentirá tan perdido al momento de escoger.

En unas líneas…
Lo bueno
* La oportunidad de entrenar el paladar intensamente en poco tiempo. Es una carrera contra el tiempo y una competencia con el propio paladar.
Compartir con catadores de diversas nacionalidades y con gustos distintos.
Una oportunidad para unir culturas, fusionar, alimentar no solo el paladar, sino el espíritu.
Conocer lugares y culturas. Formar parte de una realidad diferente por unos días.
Abrir la mente y el paladar a nuevos sabores y descubrir que no tienen fronteras.

Lo malo y lo difícil
Luego de haber catado más de cincuenta vinos, el paladar puede confundirse, está más sensible.
El reto de comenzar a las 9 a. m. y terminar antes de la 1 p. m.
Voltear a ver la mesa del vecino y que él vaya por el quinto vino y tú por el tercero.
Disentir del grupo cuando todos creen que un vino es bueno.
Saber de dónde viene el vino que catas (a ciegas, cuando muchos se parecen en estilo.