Los espumantes y la Nochevieja

En pocos días terminará el 2016 y para despedirlo y recibir el Año Nuevo, es común que las familias brinden y celebren con una copa de champaña o cava. La sommelier de nuestro Club, Ana Cristina Cano, nos cuenta de otros usos que se le da a los espumantes durante la Nochevieja.

Foto tomada de Shutterstock.

Foto tomada de Shutterstock.

No hay una historia oficial que explique la razón por la que, en muchos países, brindemos con champán o cava en la última noche del año, pero lo que sí está claro es que su aroma, su color y sus chispeantes burbujas la hacen ser una excelente bebida para momentos de alegría y compartir.

Nochevieja es uno de estos momentos pues nos reunimos con familiares y amigos y además, es la oportunidad para renovar propósitos y deseos. Es una noche en la que estamos un poco nostálgicos, emocionados y felices por lo que vendrá, por eso, a la hora de brindar, se comparten buenos deseos para todos y si se hace con un espumante mucho mejor, se experimentan deliciosas sensaciones.

Pero más allá del brindis, hay quienes realizan rituales con esta bebida para atraer, en el nuevo año, amor, prosperidad y salud. Algunos rituales son: 

1. Bañarse con un espumante: servir todo el champán o cava en una bañera con un poco de miel y pétalos de rosa, quedarse ahí por 20 minutos, salir y secarse. Se dice que es para atraer amor, dulzura, bienestar, salud y prosperidad.

2. Llenar dos copas con el espumante y agregarles una argolla de oro: es para las mujeres que se quieren casar o formalizar una relación. Se hace con esta bebida porque es tradición que en las fiestas de bodas se realice un brindis para celebrar la nueva unión. También hay que amarrar una rosa roja y otra rosada a las copas antes de beber.

3. Lavarse las manos con champaña y azúcar: a las 12 en punto meter las manos en una bandeja con azúcar y luego lavarlas con champaña, esto es para tener dinero en el año que comienza. 

Estos rituales y creencias son una manera de divertirse y también de autoprogramarse mentalmente para conseguir un logro específico durante los próximos 365 días.

Cócteles con espumantes

Foto tomada de Shutterstock. 

Foto tomada de Shutterstock. 

Aunque siempre es recomendable beber un buen espumante solo, para disfrutar toda su esencia, son muchos los cócteles que puedes preparar y compartir con tus invitados en la celebración de fin de año. Ana Cristina nos sugiere tres: 

1. Mimosa: se mezcla un espumante blanco con jugo de naranja natural (que no tenga azúcar adicional), deben estar suficientemente fríos para lograr una agradable sensación en boca y que las burbujas no dejen de expresarse. Si deseas, puedes agregarle un poquito de triple sec o también elaborarlo con jugo de mandarina, toronja, limón o lulo; lo importante es que tengan la temperatura adecuada, entre 6º y 7º.

2. Flor de Jamaica: es un cóctel que no cambia mucho el sabor de la champaña o cava, pero su parte visual es muy atractiva. En el fondo de la copa, tipo flauta o tulipan, colocar una flor de jamaica, no pétalos sueltos sino completa, y servir con mucho cuidado el espumante blanco; la flor se irá abriendo y soltará su color característico.

3. Con fresas: se mezcla un espumante rosé con jugo de fresa y fresas congeladas, que ayudarán a mantenerlo frío por mucho más tiempo. 

Recuerda que en nuestro Club encuentras espumantes de excelente calidad para celebrar en esta fecha: Rosa de los Vientos Extra Brut de Saurus, Extra Brut Cuvée de Cruzat, Extra Brut Clásico de Cruzat… ¿cuál es el que más te gusta? 

La mejor copa para conservar las burbujas

Champañera, flauta o tulipán, eligiendo la mejor copa para disfrutar de un espumante, resulta que hasta puede ser la de vino blanco.

Copas Riedel para champañas y espumantes.

¿Cuál resulta más adecuada, la champañera supuestamente moldeada en el pecho de alguna mítica mujer como Helena de Troya o María Antonieta o la flauta o la tulipán, con menos mito pero hoy bastante más usadas? Para algunos no tiene misterio, una champaña o un buen espumante les resulta tan atractivo que la copa no interesa. Lo cierto es que más allá de la “mitología”, hay asuntos “técnicos” para elegirlas.
Al respecto el libro Historia del vino, de Hugh Johnson, dice: “La manera de beber champagne en las décadas de 1840 y 1850 explica en parte su dulzor. La copa ancha y achaparrada se inventó alrededor de 1840 (aunque la maquinaria de las relaciones públicas siempre ha atribuido su forma a los pechos de María Antonieta). El vino servido en estas copas era frapé, muy frío, casi helado, era más un sorbete que una bebida”.
Hoy en día, y si bien la champaña se sigue sirviendo fría, no se trata de un frapé, por eso la copa champañera muy amplia en la parte superior no resulta la más adecuada, pues facilita que se pierdan rápidamente las burbujas, característica distintiva de este vino. De hecho, mientras más pequeñas sean las burbujas, y mientras más tiempo se desprendan del líquido en la copa, más fino se considera el vino.
Aparece entonces la copa flauta, larga y estrecha, que mantiene la espuma y la temperatura, pero no permite apreciar bien el aroma, así que tampoco es la óptima cuando se trata de un gran espumante o champaña, si bien funciona para ciertos aperitivos con burbujas. Queda entonces el camino intermedio, representado en la copa tulipa, que partiendo del modelo flauta, se ensancha un poco en la base, permitiendo apreciar mejor los aromas, sin afectar la temperatura, y se cierra de nuevo hacia la boca, para que los aromas se concentren y el gas carbónico no se escape.
Pero como no hay dicha completa, resulta que recientemente Richard Geoffroy, chef de cave de Dom Pérignon, realizó en la Maison Moët Hennessy Argentina, el lanzamiento de la champaña Dom Pérignon Vintage 2004 para el país austral, que acompañó la Dark Reveletion Experience, un menú de varios pasos y preparaciones sencillas que permitieran a la bebida lucirse. Lo que llamó la atención, fue que las copas que se utilizaron para acompañar la cena no fueron ni flauta ni tulipán; la champaña se sirvió en copas de vino blanco.
Interrogado sobre el particular, Geoffroy respondió: “No usamos más copas flautas, usamos copas chardonnay, la copa flauta envía el vino de manera directa donde menos papilas gustativas hay; esto no permite disfrutar y percibir la calidad del champagne en todo su esplendor. La copa más amplia, como la de vino blanco, da más volumen y permite que el champagne logre una mayor expresión y relieve; de hecho, para un champagne de más de 30 años –contra la creencia popular– utilizaríamos copas incluso más grandes”. 
Esto lo dice todo un experto, ¿y ahora qué haremos los simples mortales?