20 años de la resurrección de la carménère

El 24 de noviembre se celebra el día de la carménère y hay que celebrar en grande el redescubrimiento de una variedad que se dio por extinta y que se posiciona hoy como una cepa versátil y fácil de maridar aún con los platos autóctonos de nuestra cocina colombiana.

Más de cien años pasaron hasta que se redescubrió la carménère a casi 12 mil kilómetros de su Burdeos natal, en tierras chilenas.

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¿Cómo fue posible? Un milagro de la migración. Parece que inmigrantes franceses que fueron a establecerse en el prometedor valle de Maipo a mediados del XIX, llevaron consigo cepas de moda en ese entonces como las cabernet, merlot y sauvignon blanc y la carménère viajó de incógnito con ellas. Gracias a ello hoy podemos disfrutarla, ya que la cepa desapareció completamente del viejo continente por culpa de una plaga de filoxera que la borró del mapa europeo.

¿Por qué tardó tanto en ser descubierta? Porque se pensó que era una variedad chilena del Merlot y sólo en 1994 se le hicieron los estudios necesarios que confirmaron que efectivamente era una carménère sobreviviente, y más que sobreviviente, floreciente en tierras con la composición, temperatura, humedad y altura precisas para su desarrollo, y totalmente a salvo del parásito que la destruyó en el viejo mundo. Fue el ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot, (especialista en identificar cepas de vino) quien hizo el descubrimiento en 1994 y desde entonces en Chile han pasado de 330 hectáreas de cultivo a 10.700 hectáreas en 2013, casi el 84% del cultivo mundial y la cuarta cepa más cultivada en tierras chilenas, desplazando al chardonnay.

La carménère es a Chile lo que la malbec a la Argentina: Hijas adoptivas que se convierten en sello y orgullo de la tierra.

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En ojos, boca y nariz

Las particularidades de las tierras chilenas permiten carménère finos, con mucho volumen en boca, amistosos, sedosos y aterciopelados, lo que los hace vinos fáciles de entender y un buen comienzo para acostumbrarse luego a tintos más complejos.

De un rojo carmín profundo y acariciador, es un tinto amable y de taninos suaves. Sus aromas van del pimiento verde, notas frutales de frambuesa, moras o cerezas maduras, además de café y chocolate. En boca es suave, con gran concentración y finales largos y potentes.

Maridaje

Esta es una cepa especialmente recomendable para platos típicos, sudados, guisos caseros y platos condimentados con comino. Las pastas y pizzas quedan perfectas con carménère jóvenes. También los platos agridulces se benefician acompañándolos de una copa de un buen carménère.

Nuestros carménère ¡Todos premiados!

Monovarietales o ensamblados, nuestros vinos carménère cuentan con la calidad de estas bodegas que realmente se preocupan por el producto y testimonio de ello son los premios y altos puntajes de los que han sido objetos. Tienes muchas opciones para escoger y para lograr captarle el alma a esta cepa maravillosa:

 

La Cruz 2010, Viña Estampa fue ganador de Medalla de Oro en la cuarta versión del concurso "Carménère al Mundo". Obtuvo también galardones en varios certámenes internacionales como el IWC londinense, el Concourse Mondiale de Bruxelles y le han sido otorgadas puntuaciones sobre los 91 puntos tanto en Wine Enthusiast como en Descorchados.

 

 

 

 

 

 

 

Fina Reserva Carménère 2013, Viña Estampa fue ganador de Medalla de plata en la cuarta versión del concurso "Carménère al Mundo" y ha obtenido una puntuación de más de 90 puntos desde 2009 tanto en Wine Enthusiast como en Wine Advocate.

 

 

 

 

 

 

 

Secreto carménère 2012, Bodegas Viu Manent ganó Medalla de Oro en el International Challenge du Vin
France, 2014, medalla de plata en el International Wine & Spirits Competition UK 2014 y obtuvo 91 Puntos en la Guía Descorchados 2013.

 

 

 

 

 

 

 

Limited Edition Carménère 2010, Viña Echeverría fue ganador de Medalla de plata en la cuarta versión del concurso "Carménère al Mundo" en 2014.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Incidente carménère 2010 de Bodegas Echeverría obtuvo 90 puntos en la calificación Robert Parker's Wine advocate USA 2014, 92 Puntos en Wine Enthusiast 2014 y la Medalla de Oro (18,5/20 puntos) del Sunday Times newspaper/Irlanda, 2014.

 

 

 

 

 

 

 


El Columbine Special Reserve Carmenere 2013 de William Colle ha sido calificado con 91 puntos para el Descorchados 2015.

El regreso de la petit verdot

Hay cepas que revelan su misterio fácilmente y hay otros que son más reservadas  y que sólo tras un manejo constante despliegan todas sus bondades y su encanto. La petit verdot es una de estas últimas, que apenas en los últimos años ha abierto al público su secreto.

Los tallos de la petit verdot se tienen que reforzar para evitar que se quiebren.

Los tallos de la petit verdot se tienen que reforzar para evitar que se quiebren.

Sin embargo, no hay que equivocarse. No es una cepa nueva. Se piensa que los romanos la llevaron a Francia y encontró su suelo perfecto en Burdeos, donde se desarrolló a la par con la cabernet sauvignon. Se presume que la verdot es descendiente de las cepas tressot y duras y aunque fue popular en el Medioevo, sus viñas se reemplazaron casi completamente en la región por la cabernet sauvignon, una uva más dúctil y menos veleidosa.

Afortunadamente, en 1868 Chateau Laffite rescató la petit verdot y comenzó a utilizarla para combinarla con otras. Desde entonces esta práctica se ha extendido por todo el mundo, utilizándola generalmente en un porcentaje nunca mayor al 10%.  La cepa fue llevada a Australia (Donde se encuentran los mayores cultivos), Argentina, Chile, Uruguay, Estados Unidos, Canadá, Perú, Venezuela, España y Nueva Zelanda.

En el blending la petit verdot  aporta un característico tono violáceo intenso y oscuro, un mayor grado de tanino, aumenta la concentración de azúcar y por lo tanto de alcohol y en resumen da cuerpo al caldo que acompaña. Junto a la petit verdot se encuentra la Gros verdot, una uva poco común que tiene la misma historia y origen que la petit verdot pero menos oscura e intensa y de mejor conservación y la malbec verdot, una cepa reciente que proviene de una mutación entre malbec y verdot y que tiene su origen en la Argentina.

Altibajos de una pequeña Diva
La realidad es que la petit verdot es una uva consentida, caprichosa, que se hace mimar y que exige atención permanente. Necesita mucho sol pero también un suelo con humedad constante y estable ya que no soporta el estrés hídrico ni por exceso ni por defecto; tiene un proceso de maduración propio completamente ajeno al proceso de las demás variedades: Es de brotes tempranos lo que la hace muy susceptible a las heladas de la primavera y tarda mucho en madurarse, de forma que, cuando ya las cepas de las otras variedades están a punto para la vendimia, estas están verdes. De allí su nombre: petit verdot, la pequeña verdusca;  La cepa en viñedo es bastante especial con enormes racimos de pequeñísimas uvas negras, que penden increíblemente, de unos tallos muy delgados y frágiles lo que hace que haya que manipularlos con extremo cuidado y haya que estar pendientes de que la fruta no termine a ras de suelo por un “accidente” de la planta. Se dice que cuando está lista para la vendimia, esta debe hacerse en 24 horas.

Para compensar, la petit verdot tiene una piel extremadamente gruesa que la protege y que la hace  bastante resistente. Todas estas características que hasta el momento se han visto como un problema para su cultivo comercial, paradójicamente apuntan a ser una ventaja a largo plazo ya que se presenta como una de las cepas que en vez de verse afectada por el cambio climático se ve beneficiada por él.

Arriesgarse pero con calidad
Los vinos monovarietales de petit verdot son escasos pero realmente únicos en carácter. Los blend, mezcla de dos o más cepas, toman lo mejor de cada uva incluyendo la petit verdot.

Para quienes están interesados en seguir el camino del vino o aquellos que simplemente sienten curiosidad y quieren probar algo nuevo sin sacrificar calidad, en Decanter Club de Vinos tenemos las siguientes opciones para degustar:

Don Baltazar Petit Verdot 2009                                                                      Casa Montes
Vino Reserva
100% petit verdot
Crianza: en Barricas de Roble 80% francés y 20% americano
Maridaje: Con carnes rojas, jamones de calidad o quesos fuertes o curados.
Temperatura ideal: Entre 15º y 18º
Potencial de guarda : 5 años

 Notas de cata: Ostenta un color púrpura bien marcado y una estructura robusta. Al paladar se presenta dulce y fino con la exuberancia que aportan los aromas florales. Con alguna introspección pueden identificarse también, cerezas negras, moras, ciruelas y frambuesa; todos ellos cubiertos por destellos de vainilla y chocolate que provienen de su guarda de nueve meses en barricas nuevas de roble francés.

 

 

Estampa Gold
carménère - cabernet sauvignon - cabernet franc - petit verdot 2008
Vino Premium
57% carménère, 23% cabernet sauvignon, 12% cabernet franc, 8% petit verdot
Crianza: Entre 12 y 14 meses en barrica, cada una por separado.
Maridaje: Con pasta o risotto, salsas de queso o mariscos.
Temperatura ideal: Entre 16º y 18º
Potencial de guarda: 5 años

Notas de cata: De este blend vale la pena destacar su profundo y concentrado color rojo rubí con matices violetas, el aroma a frutas rojas maduras como ciruela y cereza y regaliz y un sabor en el que además se siente frambuesa y notas especiadas.

 

 

Identity
Giménez Méndez
Vino Premium de edición limitada
46% tannat, 41% syrah y 13% petit verdot
Crianza: Cada una por separado en barricas 40% roble americano y  60% roble francés.
Maridaje: Con carnes rojas asadas y pasta con salsas de quesos
Temperatura ideal: Entre 16º y 18º
Potencial de guarda: 5 años

Notas de cata: De color negro con tonalidades rojizas, su gran concentración no permite el paso de la luz; en nariz, presenta notas maduras y especiadas –frutas silvestres, higos y ciruelas–, más notas a tabaco rubio, chocolate, café y vainilla, aportadas por su paso de 24 meses por barrica. De sedosos y elegantes taninos, este corte presenta un paladar untuoso y complejo, así como una equilibrada acidez.

 

Cuatro preguntas sobre el cabernet sauvignon

Se trata de una de las cepas tintas más populares del mundo, pero a veces no sabemos qué esperar de ella. Aquí respondemos cuatro preguntas básicas para que tenga en cuenta cuando compre su próxima botella.

Así perciben los sentidos el cabernet sauvignon

¿Cómo se ve?
Vino densamente coloreado, en su juventud las notas violetas pueden ser perceptibles, pero es su color intenso rubí, cercano a la tinta negra china, el que marca la profundidad de sus tonalidades. Al envejecer, el rubí se mezcla fácilmente con tonos marrones y naranjas, para llegar a un color ladrillo en sus últimos años.

¿A qué huele?
Se reconoce un vino cabernet sauvignon por sus aromas a grosella negra y otros frutos rojos, acompañado de aromas a chocolate y clavos. Durante muchos años se ha considerado el olor del pimentón verde como indicador de la tipicidad de la variedad; sin embargo, cuando éste se encuentra en altas concentraciones se convierte en símbolo de una falta de madurez de la uva, disminuyendo la calidad del vino final. Su autenticidad se hace única de acuerdo con el lugar de producción, reflejando aromas diversos. En Pauillac, Burdeos, los aromas a viruta de lápiz, a cedro y tabaco son muy diferentes de los aromas típicos de Australia, en su región de Coonawarra, de menta, mortiño y clavos. Los olores del roble nuevo como la vainilla, el pan tostado, especias, chocolate y coco, suelen formar parte del perfil del vino.

¿A qué sabe?
Al ser el grano de la uva tan pequeño y debido a la alta proporción de cáscaras y semillas con relación al jugo de la pulpa, los vinos son tánicos por naturaleza y tienen un potencial de larga guarda. En su mejor expresión, la densidad tánica es elevada y los taninos son suaves y aterciopelados. Los aromas del vino se perciben por vía retro-nasal entregando una percepción larga y dejando gran recordación en la memoria.

¿Con qué sabores va mejor?
Estos vinos son los preferidos de las carnes rojas y las aves de caza, y acompañan placenteramente quesos de textura firme o madurados en cavas como el emmenthal, el comté o el holandés.

 

Tempranillo: La cepa insignia de Rioja, España

La mayoría de este nórdico territorio español está sembrado con esta uva tinta, caracterizada por su equilibrio y baja acidez.

Algún tempranillo salió una vez de Argentina y uno que otro país viticultor habrá intentado su cultivo en el mundo, pero esta variedad tinta es oriunda de Rioja, España, única región del mundo que la produce hoy de forma intensiva. El tempranillo ocupa en la actualidad más de 30.000 hectáreas de la región, lo cual representa 65 % de los sembrados de uva de la misma, en una zona donde esta fruta constituye prácticamente un monocultivo.

Además del tempranillo, en Rioja existen otras variedades tintas como la garnacha, la mazuelo, la graciano y la maturana –poco común–, pero ninguna llega a tener la importancia de la tempranillo. Prueba de ello es que empresas como Bodegas Altanza –que posee 15 referencias distintas– solo usan tempranillo. Con respecto a las variedades blancas, tienen menor importancia en la región, aunque existen aún más DOC blancas que tintas: viura, malvasía, garnacha blanca, tempranillo blanca, maturranga blanca, turruntes, chardonnay, sauvignon blanc y verdejo.

Todavía será hoy posible encontrar algún vino de Rioja con uva cabernet sauvignon, pero debe tratarse de producciones de ya hace varios años, antes de que el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rioja dejara como únicas cepas con DOC Rioja, las tintas ya mencionadas y prohibiera la siembra de uvas no locales. Una buena pista para cuando se está en la tienda o supermercado frente a las góndolas de los vinos españoles, si es Rioja y es tempranillo, ya hay un buen comienzo.

Sobre las características de la tempranillo, Ervigio Adán Ruiz, Export Manager de Bodegas Altanza, empresa que nació en 1998, manifiesta que se trata de una uva que madura prontamente, es decir, temprano, de ahí su nombre. “Esta variedad tarda en brotar, pero una vez lo hace madura con gran rapidez, además es la reina del envejecimiento, así que se mantiene muy bien en vinos de crianza y en largas guardas”, anota.

Equilibrada y muy completa, la tempranillo produce vinos suaves, frescos, frutados, algo especiados y muy poderosos, y va muy bien con pastas, risottos con salsas suaves, asados, pescados de río, guisos, embutidos y quesos suaves. Es con esta uva que Bodegas Altanza ha producido vinos que han alcanzado los 95 puntos en el Wine Advocate de Robert Parker, como el Club Lealtanza reserva 2005 y con la misma que ha obtenido muchos reconocimientos más para este y otros de sus vinos.

Como a Colombia llegan menos los vinos del Viejo Mundo, Ervigio Adán Ruiz invita a experimentarlos para ampliar el horizonte gustativo y olfativo, eso sí, siempre teniendo una buena copa y la temperatura adecuada. “Hay una diferencia muy grande entre vinos del Nuevo Mundo y vinos del Viejo Mundo y es bueno que quienes están interesados en este tema, prueben, comparen y, finalmente, construyan sus propios gustos”, concluye.

A celebrar el día mundial del malbec

Le proponemos tres planes para que se una a esta fiesta del vino, que hoy convoca cientos de eventos alrededor del mundo.

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Hoy, 17 de abril, se celebra el día mundial del malbec, una iniciativa que nació en 2011, cuando se llevaron a cabo más de 72 eventos en 45 ciudades de 36 países. En solo tres años, la propuesta ha logrado tal impacto, que en su segunda edición convocó más de 142 eventos en 68 ciudades de 43 países alrededor del mundo y este año espera subir las estadísticas de manera importante.

Desde un principio Colombia se unió a la iniciativa del Gobierno argentino, pues dada la cercanía geográfica con el país del cual esta cepa se ha convertido en insignia, los colombianos tenemos la posibilidad de degustar diversos vinos de la variedad, no solo argentinos, sino de otros países donde también ha dado buenos frutos. Así que hoy es un día para celebrar, y en Decanter les proponemos tres planes para celebrar disfrutar de esta cepa que cada vez tiene más fans.

  1. Destape una botella. El plan más simple, buscar un buen malbec –recuerde que en el Club de vinos Decanter tenemos unos excelentes como el Tapiz malbec joven y el malbec Patagonia Select Saurus de Familia Schroeder (argentinos) o el malbec Secreto de Viu Manent (chileno)– y compártalo en familia a la hora de la cena. Si acostumbran tomar otra bebida en la comida, es un buen día para darse una oportunidad de saborear un vino potente y donde la fruta está muy presente, pero ciertamente más amable que cepas como el cabernet sauvignon. Por el maridaje no se preocupe, una buena pizza o pasta con salsas cremosas irán bien, o si no, simplemente ensaye con lo que tenga en casa y vea cómo resulta.
  2. Busque un restaurante que celebre el día. En las principales ciudades del país ya se cuenta con restaurantes que se unen a esta iniciativa y que celebran el día –e incluso el mes– con menús especiales o catas y, en algunos, con descuentos en los vinos de esta cepa. Si quiere algo más estructurado o alguna guía para su celebración, busque entre sus restaurantes favoritos cuál se une a esta celebración y reserve su mesa.
  3. Arme su propia cata. Si su goma es mayor y está en plan más experto –además si tiene con quien compartirlo–, llame a sus amigos amantes del vino y convídelos a su casa, pidiéndole a cada uno que lleve una botella y pasabocas para picar. Es bueno ponerse de acuerdo para que no todos lleven lo mismo, así que asigne bodegas y bocados distintos a cada uno, de manera que la experiencia sea realmente diversa. No se tienen que poner en el plan más serio, pero acaso busquen diferencias características entre unos y otros y elijan su favorito, para que en 2014 estén seguros de que, al menos ese, no falte en su mesa para la celebración del día mundial del malbec.

Más información
www.malbecworldday.com 

El imperio del pisco

Un grupo de socios del Club de vinos Decanter estuvo profundizando sus conocimientos de la bebida, en una singular cata que contó con la presencia de una experta peruana.

Texto: Catalina Rugeles, sommelier

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De un tiempo para acá me ha quedado más claro que nunca que el imperio existió y podría decirse que, de una manera elegante e impetuosa, el imperio contraataca, y si bien no me ocupa referirme a La guerra de las galaxias, sí lo haré sobre una especie de estrellato. Me refiero al esplendor que ha posicionado a la gastronomía peruana como una de las mejores del mundo y hace de este pueblo un nuevo y amable colonizador con sus restaurantes diseminados por diversos países. 

El sostenimiento de tradiciones que legaran los incas, junto con las influencias colonizadoras, más un impulso vanguardista, han generado una serie de delicias que les permite mostrarse y ufanarse (para bien) de lo propio dentro y fuera de sus fronteras. Un estrellato que les posibilita batirse mejor que el resto de la región, no solo con su comida, sino con propuestas más elaboradas en sus cartas de vinos y licores, haciendo que merezca la pena, una vez más, compartir una experiencia peruana.

Y vaya experiencia, el broche de oro lo constituye ese sofisticado y enamorador elíxir llamado pisco, un tesoro que refuerza el contraataque. Fue Lucero Villagarcía, especialista y catadora de pisco, quien nos llevara de la mano a recorrer ese mágico mundo del que se siente tan patriotamente orgullosa, una bebida que la enamora y la hace irradiar alegría y pasión cuando está frente a un auditorio para hablar de la misma. Fue ella la que aprovisionó su maleta con algunas botellas para venir a Colombia y compartirlas con nosotros, los miembros del Club de vinos Decanter.

Nos reunimos en el restaurante Karal, peruvian cuisine, donde catamos cuatro piscos, en tragos puros, solos, entendiéndolos uno a uno. Tuvimos un puro de uva quebranta de la bodega Campo de Encanto; un acholado de la bodega Tántalo; un mosto verde de uva moscatel, marca 4 Gallos, de la bodega Don Luis; y un mosto verde de uva Italia, producido por Viñas de Oro. El primero se mostró como un pisco con carácter; el segundo, elaborado con uvas quebranta, torontel y moscatel, se trata de un pisco complejo; el tercero podría definirse como elegante, con toques a rosas, vainilla y melocotón; y para el último, su mejor calificativo es el de seductor.

Nos abstrajimos por un momento para cenar un saltado de mariscos que acompañamos con un elegante chardonnay de la bodega Echeverría, un vino suntuoso y complejo, propio de haber tenido parte de su fermentación, así como de cuatro a seis meses de añejamiento, en barricas de roble. Con él, de alguna manera compensamos esa vieja rencilla entre chilenos y peruanos por el reconocimiento del pisco, aquellos porque lo consideran un licor genérico, que al ser destilado de mosto de uva bien puede ser producido con otra nacionalidad, es decir, atiende a la materia prima y al proceso, más que a la procedencia; y los peruanos, por el contrario, promulgan el origen histórico, radicado en la ciudad de Pisco, capital de Ica.

Los colombianos, que frente a esta bebida no tenemos que abanderar ninguna causa, nos dedicamos a disfrutar y así hicimos al cerrar la noche con los mismos piscos catados, pero esta vez armonizándolos con tres distintos postres, un pie de limón, perfecto con el mosto verde de uva Italia; una cake de coco, ideal con el mosto verde de moscatel y el suspiro limeño, al que le iba muy bien el quebranta. Fue una noche cargada de la magia del pisco y la de Lucero.