Torres: la expresión del terruño catalán

Cuando se recorre Catalunya y se prueba su comida, los vinos acompañan en un todo, expresando lo mejor de su tierra. Una de las familias que los elaboran -hace más de tres siglos-, los Torres, tienen aquí sus raíces.

Texto: Raquel Rosemberg (@raquelrosemberg)

El Penedès es una tierra vinícola desde época fenicia. Allí se asentaron los antepasados de los Torres, apellido casi sinónimo de vino. La familia se dedica al cultivo de la vid desde hace varias generaciones. En el último tiempo han puesto su esfuerzo en lo que se conoce como viticultura integrada y un gran esfuerzo por defender lo natural: nada de insecticidas y herbicidas, rescate de antiguos saberes (como revalorizar el agua de lluvia) y a su vez, aplicación de técnicas modernas biológicas. La sede central de Torres, está en Vilafranca del Penedès. Sin embargo, mi visita me llevó muy lejos en el tiempo, a Milmanda, una de sus fincas más representativas.

Ruta de castillos medievales, muy cerca del Monasterio de Poblet, Milmanda es uno de ellos, allí se albergaban los cristianos en tiempos de la reconquista. El castillo de Milmanda, a unos 500 metros sobre el nivel del mar, se encuentra situado en el valle de Poblet, en la comarca Conca de Barberà, cuenca geográfica del río Francolí. La zona se conoce como Catalunya Nova, por haber sido una tierra reconquistada a los árabes por los condes de Barcelona. La Catalunya Vella era la marca hispánica, allí donde los árabes no llegaron. Esa historia concluyó cuando Ramón Berenguer IV, el Santo, conquista Tortosa (capital del reino musulmán). Pero mucho antes de ese destino, en época de los romanos, existía un asentamiento, de nombre Escupianda. Solo en 1147 aparece en los documentos como Milmanda. Es en ese siglo cuando llegó la paz y con ella se retomó aquello que daba vida: el cultivo de la vid.
En esta finca se encuentran las temperaturas más bajas de las tierras de los Torres, por eso la han consagrado a la producción exclusiva del chardonnay que lleva su nombre. Después de un recorrido por siglos de historia y tradición, lo ideal es hacer una degustación de este blanco especial, complejo y armonioso, de color amarillo dorado, donde aparecen los frutos de la zona, sumados a la vainilla. Se trata de un vino elegante que al probarlo comunica por sí mismo que fue fermentado y criado en barrica de roble francés, con paladar mantecoso y excelente acidez. Es de esos vinos que son perfectos compañeros de la comida de la región: mariscos, crustáceos, pescados y las muchas aves que viven en la zona. Bien guardado, sus hacedores aseguran que mejorará en cuatro o seis años. Para disfrutarlo a pleno, se debe servir entre 8º y 10º C, nunca helado.

El otro vino de la bodega que recomiendo probar en el mismo recorrido es un Mas la Plana, se trata de un cabernet sauvignon que proviene de la finca con el mismo nombre, ubicada en Pacs, en el llamado Penedès Central. Fue antiguo feudo de los condes de Barcelona, tierras que se han aclimatado a esas uvas tintas. En Mas la Plana se encuentran las 29 hectáreas de viñedos de cabernet. Este vino nació en 1970, a partir de la primera cosecha de cabernet sauvignon, cultivado allí desde 1966.

Se trata de un vino de producción muy limitada, que solo se elabora en los mejores años de cosecha. Posee un aroma intenso, que deja entrever lo que manifiesta el terruño, notas que conviven con trufa, pan tostado y confituras de frutos de bosque rojos. En el paladar posee un gran volumen, muy carnoso (es de esos vinos que, parecería, pueden morderse), con taninos elegantes. Ideal para tener en cuenta cuando se prepara un menú con carnes rojas o de caza. Se debe servir entre 17º y 18 ºC.

Vinos identificados con paisajes franceses, que expresan lo mejor de sí, en Catalunya, una sorpresa más para recorrer esa parte del mundo.


Cuatro preguntas sobre el cabernet sauvignon

Se trata de una de las cepas tintas más populares del mundo, pero a veces no sabemos qué esperar de ella. Aquí respondemos cuatro preguntas básicas para que tenga en cuenta cuando compre su próxima botella.

Así perciben los sentidos el cabernet sauvignon

¿Cómo se ve?
Vino densamente coloreado, en su juventud las notas violetas pueden ser perceptibles, pero es su color intenso rubí, cercano a la tinta negra china, el que marca la profundidad de sus tonalidades. Al envejecer, el rubí se mezcla fácilmente con tonos marrones y naranjas, para llegar a un color ladrillo en sus últimos años.

¿A qué huele?
Se reconoce un vino cabernet sauvignon por sus aromas a grosella negra y otros frutos rojos, acompañado de aromas a chocolate y clavos. Durante muchos años se ha considerado el olor del pimentón verde como indicador de la tipicidad de la variedad; sin embargo, cuando éste se encuentra en altas concentraciones se convierte en símbolo de una falta de madurez de la uva, disminuyendo la calidad del vino final. Su autenticidad se hace única de acuerdo con el lugar de producción, reflejando aromas diversos. En Pauillac, Burdeos, los aromas a viruta de lápiz, a cedro y tabaco son muy diferentes de los aromas típicos de Australia, en su región de Coonawarra, de menta, mortiño y clavos. Los olores del roble nuevo como la vainilla, el pan tostado, especias, chocolate y coco, suelen formar parte del perfil del vino.

¿A qué sabe?
Al ser el grano de la uva tan pequeño y debido a la alta proporción de cáscaras y semillas con relación al jugo de la pulpa, los vinos son tánicos por naturaleza y tienen un potencial de larga guarda. En su mejor expresión, la densidad tánica es elevada y los taninos son suaves y aterciopelados. Los aromas del vino se perciben por vía retro-nasal entregando una percepción larga y dejando gran recordación en la memoria.

¿Con qué sabores va mejor?
Estos vinos son los preferidos de las carnes rojas y las aves de caza, y acompañan placenteramente quesos de textura firme o madurados en cavas como el emmenthal, el comté o el holandés.