Aguas tónicas para sibaritas

Es una bebida de más de cien años, envuelta en glamour y un poco de misterio. Hoy regresa como una alternativa de mil sabores para quienes no se conforman con las gaseosas de siempre y buscan un acompañante con carácter.

La historia de las tónicas es similar a la de la Coca-cola. Comenzó siendo una bebida medicinal que desarrollaron los británicos en sus colonias del Sur de Asia y África para el tratamiento de la malaria, enfermedad que diezmaba a sus tropas y a los nuevos colones. La quinina, el ingrediente que le da su nombre y su característico sabor amargo, es un alcaloide que se obtiene de un árbol nativo de América del Sur, el Quino o Cinchón y que debe su nombre a su descubridora, una mujer observadora y curiosa, la Condesa de Chinchón, esposa del Virrey Luis Fernando de Cabrera en 1638 en tierras del Perú, al observar que los nativos lo utilizaban en sus preparaciones medicinales. Sin embargo, su uso masivo sólo se dio unos dos siglos después, cuando los ingleses descubrieron sus propiedades como antimalárico.

La bebida original consistía en agua carbonatada con quina, con un sabor tan intenso y amargo (las dosis de quinina que se utiliza hoy son cinco milésimas de lo que se agregaba entonces), que los colonos británicos comenzaron a mezclarlo con Ginebra para que fuera más fácil su consumo: un primer coctel nacido de la necesidad.

Con los años se descubrieron otros profilácticos más efectivos contra la malaria, pero el Gin Tonic pasó a la historia como un clásico y la tónica como bebida comercial se consolidó como alternativa para paladares exigentes.

¿Qué la hace tan especial?
Su sabor amargo con un toque cítrico, aromas de hierbas y un regusto fuerte es irremplazable. Al igual que las gotas amargas, es un clásico en la preparación de cocteles, con el beneficio adicional de que la presencia de quina hace que brille bajo la luz negra lo que la hace única en los bares o discotecas.

Sus fanáticos le otorgan además propiedades medicinales como el ser un digestivo efectivo (promueve la secreción de saliva y enzimas gástricas y la motilidad de la pared muscular del estómago), ayudar a controlar los calambres, especialmente los nocturnos o ser un analgésico suave. No hay estudios científicos que avalen estas creencias, pero si es deliciosa, no presenta riesgos (Ojo, hablamos de las comerciales. El uso de quinina a secas sí puede ser muy, muy peligroso) y puede ser benéfica ¿Qué más se puede pedir?

De la clásica a las “experimentales”

Aunque la tónica no es tan popular en los mercados ni de norte ni sur América, en el mercado europeo tiene un nicho importante que ha llevado a los productores a pasar de la clásica agua tónica con lima a limón a otros sabores más exóticos como jengibre, sauco, pimienta rosa, cardamomo, lavanda o hierbas. Se encuentran además versiones light, otras más exquisitas que en vez de utilizar saborizantes utilizan quina real y reemplazan los endulzantes artificiales por naturales y algunas que se acercan más a la versión del siglo XIX, compuestas sólo de agua carbonatada y quinina amarga. Para los amantes realmente exigentes, se encuentran concentrados de tónica a los que se les agrega el agua carbonatada a voluntad para variar así la intensidad del sabor según el propio gusto.

Hay varias marcas de aguas tónicas “gourmet”, cada una para un público específico. Entre ellas:

Q Tonic: Suave, poco carbonatada, no demasiado dulce, con regusto a cítricos, es una marca recomendada para quienes quieren una tónica amigable y que le deje el protagonismo al licor con el que se mezcle.

Fentimans: Es la más cercana a una gaseosa. Con un sabor dulce y muy carbonatada, tiene un fuerte sabor a cítricos con notas de toronja y hierbas. Puede esconder perfectamente un licor de calidad dudosa.

Fever-tree: Equilibrada, no demasiado dulce pero tampoco excesivamente amarga. Deja un pequeño regusto final seco, agradable y que no abruma. Es una bebida que se puede utilizar como acompañante pero también se puede disfrutar sola, con hielo y una pizca de sal. ¿Un par de notas curiosas? Ferrán Adriá del Bulli, realizó una receta a base de Fever-tree en 2006 y es la tónica más premiada de las que existen.

¿Cómo consumirlas?

En nuestros países latinoamericanos el agua tónica se suele consumir como mezclador de cocteles, especialmente de ginebra y vodka, aunque también puede acompañar tragos dulces como el vermut para equilibrarlo. También se han comenzado a hacer experimentos con otras bebidas exóticas con resultados como el Sake tonic que debe ser consumido en una pequeña copa helada.

Sin embargo, es una bebida agradable y refrescante en sí misma y un acompañante perfecto para platos especiados, sabores intensos que necesiten un corte después del bocado o para potenciar un bocado de sal en una carne a la parrilla.

Algunas personas afirman que es un sabor al que hay que acostumbrarse, pero al hacerlo, se sabrá que es todo, y puro, placer.