Whisky: On the Rocks o solo… usted decide

Agua de vida, uisge beatha, con ese nombre, hace más de 500 años unos monjes nombraron el destilado que elaboraban. Descubierto el método, otros lo dieron a conocer, modificando la receta original. Hoy hay tantos whiskys como destilerías y tantos momentos para gozarlo, como amantes de la bebida. 

Texto: Raquel Rosemberg

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No hay uno igual. La ciudadanía aporta datos. Los escoceses se conocen como scotch whisky: son destilados y madurados en Escocia. Cada una de las destilerías de ese país produce su malta, pero solo una parte mínima es embotellada como single malt, es decir whisky de una sola malta. En Escocia existen cuatro zonas importantes, cada una con características definidas y distintas, que se aprecian en la bebida, al igual que el proceso de malteado (secado y tostado del grano mediante el fuego), al que en estas tierras le agregan turba. 
Pero los single malt son apenas una ínfima parte del whisky. El resto es una mezcla de diferentes single malt o también de una fórmula en la que intervienen single grain (whisky elaborado con otros cereales). La tarea está en manos, en realidad debería decirse en narices, especiales, la de los master blenders, señores con olfato privilegiado y entrenado para detectar más de 150 aromas distintos. El experto elige su fórmula, que luego pasa por barriles de roble que contuvieron previamente otras bebidas como oporto, ron o coñac, para que aporten… aroma. 
Siguiendo con las nacionalidades, los que nacen en Irlanda suman una e al nombre y se conocen como whiskey. En esas tierras no utilizan turba para secarlo, lo hacen mediante aire caliente, por lo que esta bebida no posee aroma ahumado. Además, en algunos casos, los añejan en barricas que fueron utilizadas para bourbon y jerez, para que les den un ligero toque frutado y tostado. 
Los Wild Turkey Bourbon son del Nuevo Mundo; oriundos de Estados Unidos, del estado de Kentucky, se producen con no menos de 51% de granos de maíz (la solución que encontraron los inmigrantes ante la falta de cebada) y poseen no menos de dos años de añejamiento en barricas de roble americano. 

¿Cómo degustarlos?
Cualquier de ellos puede beberse en diferentes momentos del día, solo o acompañando una comida. Como aperitivo se le puede sumar agua (con gas o sin él) o combinarlo con hielo. Pero antes de continuar es importante poner el acento en estas compañías. En el caso del hielo, no se trata de cualquier hielo, el que se sirve con el whisky debe elaborarse con agua mineral neutra y conservarse en el congelador muy bien guardado, lejos de otros ingredientes que contaminen su sabor y su aroma. El agua también es vital: jamás debe ser clorada, lo ideal consiste en que sea mineral y lo más neutra posible. 
Si la decisión es el whisky para acompañar las comidas, las copas que se utilizan son las de degustación y no los vasos de boca ancha habituales, que se reservan para beberlo solo. En general, para las comidas se aconseja sumarle agua y ¡sin miedo! Al principio lo adecuado es agregar un poco más de la cantidad promedio, hasta que el paladar se haga familiar al sabor. Se debe servir una medida de whisky con una de agua fría. Esta, además de bajar el grado alcohólico del whisky (lo baja a unos 20º) cumple una función esencial: hace que no se irriten las papilas gustativas y abre el carácter del whisky, desprendiendo sus aromas. El agua se sirve aparte, para que quien bebe la agregue según su gusto. 

¿Cómo elegir?
Para orientarse en la elección, sepa que lo ideal se considera comenzar por whiskies más suaves y concluir con uno como un bourbon, por su grado alcohólico, pero así como en el vino no hay recetas cerradas en cuanto a qué beber con tal o cual comida, en el mundo del whisky sucede algo similar, lo importante es animarse y probar. ¿Algunas posibilidades? Pruebe con una trucha ahumada con whiskey, a la que contrarresta y equilibra. También, aunque pueda resultar extraño, en Japón lo eligen para los sushis.
En el caso de las carnes, se puede pasar a un blend escocés, con el que también se pueden marinar previamente. Para el postre, se puede intentar con un bourbon, que pide un chocolate amargo potente (no olvidar su grado alcohólico). Y para cerrar un menú o para gozar de la soledad, como Bob Harris (el actor Bill Murray en la película Lost in Translation), nada mejor que un single malt, por supuesto solo, algunos dirán que porque se trata de un muy buen bajativo, lo real es que los mejores son de esos placeres a los que uno pide recordar.