¿Por qué pagar tanto por esa botella de vino?

Porque no todo lo que brilla debe su precio al marketing, hay grandes diferencias entre los vinos, que se evidencian a lo largo de todo el proceso. ¿Cuáles?

Texto Mariana Martínez, Chile / @MyMentrecopas

Saber de vinos parece complejo, y no escapa por completo de la verdad. Especialmente porque si vamos a una tienda de vinos nos podemos encontrar, por ejemplo, con una misma variedad en todos los rangos de precios imaginables. Desde los USD2, si tienen suerte, hasta los USD300, por no ponernos muy sofisticados. Y si uno lee en algún libro lo que esa variedad refleja en un vino, es lógico preguntarse por qué existen esas diferencias abismales de precios, si son todos lo mismo. 

Entonces, en esa encrucijada aparece, obviamente, el factor marketing como el gran culpable: que si la botella es más pesada, la etiqueta con más oro, el corcho más largo; y luego que si el nombre del productor o la marca bien construida por años. Pero la verdad es que dentro de esas botellas hay mucho más. 

Las diferencias de precio las impone, como punto de partida, el valor de la tierra donde esté plantado un viñedo. En Chile las zonas más prestigiosas, como Apalta, pueden valer USD80.000 la hectárea, y de ellas, por su condición de suelo, seguramente se obtendrán muy pocos kilos por planta, lo que dará un valor elevadísimo a sus frutos; pues es la concentración de los sabores y aromas que tienen las uvas, gracias a las condiciones naturales de su lugar de origen, lo que con el paso de los años dará a un lugar su prestigio. 

Luego implica que si la uva es de mejor calidad, también se le proporcionarán más cuidados en viñedos y bodegas, y esa mano de obra más calificada y más rigurosa también será mejor pagada. Finalmente, lo lógico es que mejores vinos puedan tener una mejor evolución en el tiempo, y que para ayudarlos a que así sea hay quienes prefieren guardarlos en barricas. Entonces, mientras mejor sea el vino, mejores barricas se escogerán para la guarda, ojalá francesas. 

Pero las mejores barricas también cuestan más: porque sus bosques son más viejos, sus tratamientos más largos o su elaboración más artesanal. Entre tanto trabajo, para que ese gran vino llegue al mercado en las mejores condiciones, lo más seguro es que también se resguarde en las bodegas por más tiempo, y el tiempo, bien sabemos, vale oro. El precio final, entonces, nos puede decir muchas cosas, y ojalá que su productor, por supuesto, haya sido honesto en ponerlo. 

Particularmente me causa conflicto cuando en un concurso de vinos catamos a ciegas sin saber el precio u otro detalle, más que el año o la variedad. No es raro que por promedio ganen oro los vinos más simples, redondos y fáciles de beber, y plata aquellos más complejos, aun algo duros y tánicos, que todavía necesitan más años en la botella para estar en su mejor momento.

El resultado engaña y confirma lo que primero todos piensan al ver las diferencias de precio: la magia del marketing. Pero no, ojo, en una botella, hay mucho más. Lo importante es saber qué tipo de vino me da placer, según sea la ocasión, y cuánto estoy dispuesto a pagar por ello. Algo que hacemos todos de la misma manera cuando escogemos qué comer, con qué vestirnos, en qué casa vivir y hasta qué auto comprar.