El schnapps hecho en Colombia

La tradicional bebida europea tiene ahora producción colombiana, con frutas tropicales y de manos de una familia venezolana.

Texto: Catalina Rugeles, sommelier

 Catalina Rugeles en medio de dos de los integrantes de la familia Rode y delante del alambique que produce el  schnapps  colombiano.

Catalina Rugeles en medio de dos de los integrantes de la familia Rode y delante del alambique que produce el schnapps colombiano.

Digo con frecuencia que tener el privilegio de tomar un vino o un licor con quien lo produce hace que sepa aún mejor; emociona tener la compañía de esa bebida y de su gestor para conversar con ella y sobre ella. Entendiéndola desde su historia, desde su razón de ser, te enteras de lo que hay tras bambalinas, te quedas al margen de lo comercial, de lo que dice la etiqueta, viéndola en todas sus dimensiones y conociendo sus secretos. 

Recientemente pude compartir una de estas experiencias con la familia Rode, toda una historia, de Alemania, de Venezuela, de Costa Rica, a Guasca, solo por señalar a grandes rasgos lo que ha sido su trasegar. Su nuevo asentamiento está en esta tierra, en la Colombia hospitalaria que se ve recompensada con una familia amble y cálida y su encantador proyecto de elaborar schnapps, y hacerlo con frutas exóticas, las propias del trópico, las que forman parte de nuestro atractivo.

El schnapps, o schnaps en alemán, es el nombre genérico de cualquier bebida alcohólica fuerte, producto del destilado de frutas o granos. En Europa es común elaborarlos con peras, manzanas o cerezas, por ello la propuesta de producirlos con las frutas exóticas del trópico, le brinda un atractivo especial.

En un alambique hecho a la medida, con nuevas especificaciones e invenciones, los Rode hacen magia, de esa que les heredaran los alquimistas, convierten el mosto fermentado de uchuvas, piñas, curubas, bananos y todas las que faltan por probar, en elixires que encierran el espíritu de estas frutas, para liberarlo frente a quienes se disponen a probarlos. Y es así como te diviertes encontrando los más puros aromas de la guanábana, amalgamados con el alcohol en un líquido traslúcido que ocupa esa pequeña copa estilizada, diseñada para este tipo de bebidas.

Colombia produce sus propios licores en grandes industrias, pero no es común encontrar estos pequeños proyectos y menos conocerlos tan de cerca. A sólo una hora de mi apartamento en Bogotá, en una nueva casa construida cerca a la población de Guasca, se encuentra ésta bien lograda planta destiladora, a la que pude entrar, recorrerla, detenerme a observar el alambique por todos sus lados y pensar que es el juguete que yo, “niña grande”, quisiera tener.

Esta recién llegada familia venezolana llama a su alambique “el Rolls Royce” y cómo no, si evoca adjetivos similares a los que se dirían en presencia de uno de ellos: es una máquina bellísima, que te obliga a detenerte frente a su presencia para admirarla, descubrirla y sobre todo, entenderla. Sus muchas partes de cobre brillante, la caldera, las torres, las válvulas, tubos y tornillos, hacen que recuerdes esas escenas de inventores locos en las películas de Disney.

Confío en que serán varias las oportunidades para compartir con los Rode más de estos entrañables momentos, acompañarlos a probar cada nueva fruta con la que decidan experimentar y, mejor aún, acompañarlos en ese increíble ejercicio de destilar, para dejar como promesa el contarles sobre esa experiencia.