La mejor copa para conservar las burbujas

Champañera, flauta o tulipán, eligiendo la mejor copa para disfrutar de un espumante, resulta que hasta puede ser la de vino blanco.

Copas Riedel para champañas y espumantes.

¿Cuál resulta más adecuada, la champañera supuestamente moldeada en el pecho de alguna mítica mujer como Helena de Troya o María Antonieta o la flauta o la tulipán, con menos mito pero hoy bastante más usadas? Para algunos no tiene misterio, una champaña o un buen espumante les resulta tan atractivo que la copa no interesa. Lo cierto es que más allá de la “mitología”, hay asuntos “técnicos” para elegirlas.
Al respecto el libro Historia del vino, de Hugh Johnson, dice: “La manera de beber champagne en las décadas de 1840 y 1850 explica en parte su dulzor. La copa ancha y achaparrada se inventó alrededor de 1840 (aunque la maquinaria de las relaciones públicas siempre ha atribuido su forma a los pechos de María Antonieta). El vino servido en estas copas era frapé, muy frío, casi helado, era más un sorbete que una bebida”.
Hoy en día, y si bien la champaña se sigue sirviendo fría, no se trata de un frapé, por eso la copa champañera muy amplia en la parte superior no resulta la más adecuada, pues facilita que se pierdan rápidamente las burbujas, característica distintiva de este vino. De hecho, mientras más pequeñas sean las burbujas, y mientras más tiempo se desprendan del líquido en la copa, más fino se considera el vino.
Aparece entonces la copa flauta, larga y estrecha, que mantiene la espuma y la temperatura, pero no permite apreciar bien el aroma, así que tampoco es la óptima cuando se trata de un gran espumante o champaña, si bien funciona para ciertos aperitivos con burbujas. Queda entonces el camino intermedio, representado en la copa tulipa, que partiendo del modelo flauta, se ensancha un poco en la base, permitiendo apreciar mejor los aromas, sin afectar la temperatura, y se cierra de nuevo hacia la boca, para que los aromas se concentren y el gas carbónico no se escape.
Pero como no hay dicha completa, resulta que recientemente Richard Geoffroy, chef de cave de Dom Pérignon, realizó en la Maison Moët Hennessy Argentina, el lanzamiento de la champaña Dom Pérignon Vintage 2004 para el país austral, que acompañó la Dark Reveletion Experience, un menú de varios pasos y preparaciones sencillas que permitieran a la bebida lucirse. Lo que llamó la atención, fue que las copas que se utilizaron para acompañar la cena no fueron ni flauta ni tulipán; la champaña se sirvió en copas de vino blanco.
Interrogado sobre el particular, Geoffroy respondió: “No usamos más copas flautas, usamos copas chardonnay, la copa flauta envía el vino de manera directa donde menos papilas gustativas hay; esto no permite disfrutar y percibir la calidad del champagne en todo su esplendor. La copa más amplia, como la de vino blanco, da más volumen y permite que el champagne logre una mayor expresión y relieve; de hecho, para un champagne de más de 30 años –contra la creencia popular– utilizaríamos copas incluso más grandes”. 
Esto lo dice todo un experto, ¿y ahora qué haremos los simples mortales?