Tres catas excepcionales, parte 2

Continuamos con la historia de la segunda cata histórica, incluida en el artículo publicado originalmente en nuestra revista Placeres y que les entregamos en tres ediciones en este blog.

Texto: Víctor Orozco, sommelier

Una gran cata horizontal
En una cata horizontal se catan vinos del mismo año, por lo general de la misma cepa o región, pero de distintas casas productoras. Es útil para comparar diferencias en los métodos de vinificación o el impacto del terroir en una misma variedad de uva.

Casi todos los días se hacen una o varias catas horizontales en algún lugar de la tierra; pero una cata horizontal con vinos de una cosecha como la de 1961 no ocurre ni todos los días ni una vez al año, quizás nunca más en lo que nos quede de vida. De ahí la importancia de esta cata. 

Se trataba de varios vinos de Burdeos, todos de 1961, y todos pertenecientes a las clasificaciones más altas de esta región. Ocurrió en Miami en 1986, en el Grand Bay Hotel de Coconut Grove, un hotel 5 estrellas en donde yo era el único sommelier.

Nunca antes se había dado una cata de este calibre, asistida por luminarias del vino como Michael Broadbent, de Christie’s en Londres, quizá la más grande autoridad mundial en vinos de Burdeos y Borgoña; Jean Michel-Cazes, dueño de Château Lynch Bages en Pauillac, Burdeos, y presidente de la Commanderie de Burdeos; Madame Lencquesaing, la condesa que hoy administra Château Pichon Lalande, y personajes que hoy me es difícil recordar, pero que representaban a grandes châteaux como Lafite, Mouton, Margaux, Latour, Haut Brion y otros poderosos viñedos. 

El responsable de esta sensacional cata fue el doctor Louis Skinner, prestigioso médico y coleccionista de vinos raros, especialmente de vinos franceses, que estaba donando algunos de los mejores ejemplares de su colección, para beneplácito de unos pocos privilegiados. 

La responsabilidad era grande, pues mi habilidad estaba a prueba, pero ante todo, representaba una gran oportunidad en mi carrera como sommelier. Había atendido al doctor Skinner y su familia en repetidas ocasiones y en general todos sus invitados eran conocedores y amantes del vino. Había mucho que aprender de Skinner, figura central de aquella noche.

Michael Broadbent era otra historia. Crítico de vinos, escritor y subastador de ellos, ha contribuido por unos 30 años para la revista Decanter y otras publicaciones importantes. Su conocido libro Wine tasting se publicó por primera vez en 1968 y ha sido traducido a seis idiomas, pues sigue siendo considerado un clásico y una biblia para coleccionistas y aficionados del vino. 

Este maestro del vino dirige el programa Master of wine que opera a escala mundial y que certifica a aquellos que dominan no sólo el servicio del vino, sino la parte enológica. Su libro constituye el testimonio más valioso sobre vinos que muchos de nosotros jamás llegaremos a probar. 

Jean Michel-Cazes, dueño del elegante hotel de Pauillac, el Cordeillan-Bages, y de un prestigioso restaurante en Burdeos, Le Chapon Fin, fue, en 1979, parte de la cata que contaré en mi tercera historia, ocurrida en el Club 41, en donde dos de sus más antiguas cosechas de Château Lynch-Bages fueron servidas. Era la primera vez que el mismo dueño del famoso château probaba estos vinos, por lo que la conversación giró alrededor de los mismos. 

Madame Lencquesaing, dueña y encargada de Château Pichon-Lalande en Burdeos y miembro de la nobleza en Francia. Una señora de exquisita cultura y una verdadera amante del vino. Esa noche probamos lo mejor de su repertorio.

Todos estaban concentrados en la cosecha del siglo, la de 1961. Quizá haya algunos expertos que consideren la del 1929 o la de1945 mucho mejor, de hecho, así ha ocurrido. Lo que yo sé, y que nadie podría rebatir es que, de más de una docena de vinos de esta cosecha, ninguno decepcionó a los asistentes. El mundo del vino se había vestido de gala. Fue una noche memorable para ellos, para mí, y un verdadero legado para la historia.