Cuatro películas recomendas sobre el mundo del vino

A lo largo de la historia del cine, hay muchas películas en las que aparece el vino, sea como un elemento más de la escenografía o como eje central del relato, el protagonista.

Por esta razón, el séptimo arte también es una fuente importante de conocimiento para quienes quieren saber más de la cultura del vino, fascinante, sorprendente e inagotable.

La sommelier de nuestro Club Decanter, Ana Cristina Cano, nos recomienda cuatro de estas películas:

FOTO TOMADA DEL SITIO WEB CINEONLINE.FOTOGRAMAS.ES

FOTO TOMADA DEL SITIO WEB CINEONLINE.FOTOGRAMAS.ES

1. Un paseo por las nubes (1995)

Dirigida por el mexicano Alfonso Arau, cuenta la historia de Paul, un soldado norteamericano que, después de la II Guerra Mundial, conoce en Baja California a la hija del dueño de un importante viñedo. Poco a poco se van enamorando y aunque el padre se muestra reacio a la relación, gracias a la complicidad del abuelo de ella se gana un espacio en la familia.

Más allá del romance, la historia tiene su punto álgido cuando, tras una pelea familiar, un incendio arrasa con el viñedo. Pero gracias a la valentía del joven soldado, tendrán una nueva oportunidad.

Fue protagonizada por Keanu Reeves, Aitana Sánchez–Gijón y Anthony Quinn.

2. El año del cometa (1992)

Margaret Harwood, enóloga británica, es la protagonista de esta película dirigida por Peter Yates. Margaret, Maggie, se ve involucrada en un extraordinario hallazgo: en un castillo de Escocia descubre una botella de hace 150 años, que se cree que perteneció a Napoleón. El problema surge cuando varias personas quieren apoderarse de este“tesoro”.

Penelope Ann Miller, Tim Daly, Louis Jourdan y Julia McCarthy hicieron parte del reparto.

3. Un buen año (2006)

Película dirigida por Ridley Scott. Max Skinner es un alto ejecutivo del sector bursátil, que tras el fallecimiento de su tío Henry, quien lo cuidó durante su niñez al quedar huérfano, se traslada de Londres a un pequeño pueblo en la bretaña francesa para firmar los papeles que lo convierten en el heredero de una gran finca y viñedos que eran propiedad de su tío. Luego de pasar varios días en el lugar, Max decide quedarse para vivir nuevas experiencias: la comida, las mujeres y sobre todo el vino, lo van envolviendo.

Protagonizada por Russell Crowe, Albert Finney y Marion Cotillard.

4. Mondovino (2004)

Es un documental del director de cine estadounidense Jonathan Nossiter, quien también es sommelier, consultor y escritor de vinos. Luego de tres años recorriendo tres continentes, Nossiter logra mostrar el mundo del vino desde diferentes vertientes: como negocio familiar, generacional e industrial y resalta las controversias que se generan a causa de la globalización.

 

Aprende sobre los vinos kosher

Los alimentos y bebidas kosher son los que cumplen con las leyes Kashrut, es decir aquellas que rigen la dieta de la comunidad judía al establecer qué es apto y qué no para ser consumido, en otras palabras, qué es puro y qué no lo es.

Y los vinos también entran en esta denominación. En la siguiente entrada te contamos qué se tiene en cuenta para que un vino sea kosher, que más que diferenciarse por varietales o técnicas, se diferencia por el proceso de elaboración. 

FOTO TOMADA DE THEJEWISHWEEK.COM

FOTO TOMADA DE THEJEWISHWEEK.COM

1. Para los judíos el vino representa santidad e individualidad, por eso solo lo deben producir personas que pertenezcan a su comunidad.

2. El cultivo, el cuidado de las cepas, la cosecha, la elaboración, la crianza y el embotellado son supervisados por una persona cualificada, generalmente el rabino.

3. El viñedo debe tener mínimo cuatro años y está prohibido sembrar otro tipo de productos cerca de este. Además, cada siete años debe reposar, salvo si cambia de propietario.

4. El último abono orgánico se realiza dos meses antes de la cosecha, la cual debe ser manual y muy selectiva: solo se utilizan las uvas sanas, enteras y completamente maduras. 

5. La manipulación y prensado de las uvas están a cargo únicamente del rabino.

6. La vinificación inicia con el llenado de agua de los tanques, en intervalos de 24 horas. Solo están permitidos los tanques de acero inoxidable.

7. Está prohibido añadir levaduras seleccionadas, enzimas, bacterias o clarificantes, a excepción de la bentonita (arcilla de grano muy fino con poder decolorante).

8. Para evitar que el vino pierda su pureza, todo en la bodega está sellado para que ninguna persona que no sea judía pueda verlo.

9. Las botellas, que deben ser nuevas, y los corchos han de tener el sello kosher, que es dado por el rabino si considera que cumplieron rigurosamente las reglas de elaboración.

FOTO TOMADA DE IPROFESIONAL.COM

FOTO TOMADA DE IPROFESIONAL.COM

10. El rabino es quien certifica la calidad del vino, que sea realmente kosher. La etiqueta de la botella indica la empresa, la bodega o el nombre del rabino que lo acreditó.

11. Finalmente, la apertura y el servicio del vino también están a cargo de un judío, si no se hace así pierde su condición de sagrado. 

Con todo esto, se observa que la elaboración de los vinos kosher está cargada de simbolismos propios de la cultura judía, buscando así la máxima pureza para poder consumirlos y beneficiar tanto al cuerpo como al alma.

Estos vinos se beben en las diferentes festividades, tal como el Shabat y la Pésaj (Pascua judía), en la que consumen cuatro copas de vino.

Vinos frescos y jugosos enamoran a Portelli

Con más de una década de experiencia en comunicar el vino y estando atento a cada paso que dan las creaciones argentinas en el mundo, el periodista especializado Fabricio Portelli tiene claro que esta labor debe ser divertida para él y sus interlocutores.

Director del multimedios El Conocedor –que por años fue la revista impresa de vinos más importante de Argentina y hoy se consolida como gran alternativa on-line–, Fabricio Portelli se divierte con su trabajo, que le permite compartir los conocimientos adquiridos como periodista especializado y sommelier. En su criterio, el camino de los vinos argentinos hoy va por el lado de la fruta y la frescura y la gran apuesta que puede hacer el país austral, más allá de su ya muy reconocido malbec, está en manos de los cabernet sauvignon de altura. El blog Decanter conversó con el experto, que además es el propietario de la exposición Vinos de lujo, una de las más reconocidas de Argentina.

¿Cómo comunicar el vino de una manera divertida, sencilla? ¿Cuál ha sido su experiencia?
Primero hay que entender que para disfrutar un vino no se necesita saber nada, y segundo no hay que perder la humildad ante una botella o una copa, pues hay que recordar que es una bebida detrás de la cual hay muchas manos; por eso hay que respetar cada vino, aunque sea el más económico. Si vos te parás en ese lugar, el que te está escuchando sabe lo mismo que vos, mucho o poco, y tenés claro que el vino que tenés ahí para compartir, es un gran vino por todas las manos y la humanidad que tiene detrás; eso, además de que se trata de un producto natural, ya te pone en un lugar distinto. A partir de ahí, la clave está en entretener al que te escucha, porque la verdad es que tomar vino y escuchar a alguien que te hable del vino no es divertido; pero si vos lo podés hacer con gracia, y para ello lo principal es sentir confianza y que te guste lo que hacés, se facilitan las cosas.

Intuye uno al escucharlo que usted va más por los vinos frescos y menos amaderados, lo cual además parece ser una tendencia del mercado del vino hoy. ¿Qué nos dice de ello?
La verdad es que yo no estoy muy preocupado por mi gusto personal, pero es cierto que yo voy más por los vinos frescos, porque yo pasé por la transición de los últimos 10 años que vio el cambio de los vinos argentinos, que fue grande, y me parece que las propuestas, ahora que estos vinos empezaron a encontrar el rumbo –digamos a partir de 2010 que se dan los grandes vinos del país–, muestran un perfil de fruta que tiene gran limpieza, nitidez, jugosidad… Son vinos de fruta mucho más fresca, en lugar de la fruta más apagada que teníamos en los vinos de antes. Así que no sé si es solo una cuestión de gusto, pero sin duda me gusta más el fresco que el que tiende a un sabor más de pasa y lo que creo es que ese es el camino del vino argentino hoy.

Hablemos de los vinos de Mendel, unos de los que usted destaca dentro de esa tendencia, que trae a Colombia el Club de vinos Decanter.
Mendel es un proyecto reciente (2004 primera cosecha), que ha sido muy bien concebido, porque el grupo inversor se asocia a Roberto de La Mota, que es un referente, compran dos fincas antiguas y reacondicionan la bodega que hay en una de ellas y le dan a Roberto todo lo que necesitaba para hacer un gran vino, lo que se dio desde que nació el producto. Hoy por hoy la bodega ha crecido en número de productos y líneas, con pasos muy consistentes, evidentemente porque están en buenas manos, que son las de Roberto y porque hay un grupo que entiende que para hacer un buen vino hay que invertir.

Más allá del malbec, ¿para dónde mirar en Argentina?
El gran desafío del país hoy es hacer un gran vino de una uva internacional, hay apuestas por el pinot noir, pero realmente donde nos podemos lucir es con el cabernet sauvignon, especialmente con los de altura, lo cual trae gran vibración, jugosidad y frescura a los vinos de esta cepa.

¿Cómo comunicar el vino?

La objetividad funciona mejor que la subjetividad, pero nada va mejor que el humor, asegura el experto español José Peñín.

Texto: Claudia Arias

Foto usuario de Twitter José Peñín:  @JosePeninS.

Siempre que me siento a leer una nota de cata y a buscar la forma de contarles a los lectores qué pueden esperar de un vino, me encuentro con la dificultad de traducir los términos, normalmente lejanos, que aparecen en las etiquetas y notas de cata, y resulta que si a mí el aroma de un sauvignon blanc me recordó la piña, a mi vecino le vinieron a la mente duraznos.

Con esta encrucijada en mente, me senté a conversar con José Peñín, catador, consultor y periodista español especializado en vinos, que lidera la Guía Peñín, publicación más consultada en el mundo sobre vinos españoles. Se trata, sin duda, del comunicador del vino más importante del habla hispana, para quién tenía una pregunta muy clara: ¿cómo hacerlo? ¿Cómo lo ha hecho él? “He utilizado todos los métodos: catas, charlas, textos, y al final la mejor manera es que sea divertido”, anota.

Suena sencillo, pero no lo es. Ya en la práctica, Peñín dice que cuando está en un curso tiene que pasar por “lo obvio”, dar cierto contexto, pero luego prefiere que sea el mismo consumidor el que hable, en lugar de él darle un discurso. “Es ideal que la persona se enfrente a cinco o seis vinos y hable, dé su opinión sin temor”.

Para esto le ha resultado muy útil el método de la pregunta, pero no necesariamente sobre el aroma o el color –aunque también deben considerarse–, sino por ejemplo: ¿Cuál le gusta más? ¿Cuál es el peor? Y motivarlos a que recuerden o anoten esto para que cuando estén nuevamente ante ese vino que tanto les gustó, comparen su experiencia. Peñín dice que muchos expertos coinciden en que en términos de vinos, la única diferencia entre un amateur y un profesional es que este último sabe diferenciar, pero para diferenciar hay que probar, probar, probar y comparar.

El experto invita a las personas a que se ajusten a su gusto personal sin temor y cree que ahora se están elaborando vinos más frescos y afrutados, que pueden ayudar a acercar también a los jóvenes a la bebida. A ellos les recuerda que el vino es diferente de la cerveza, pues no es solo para beber, sino para degustar, y se trata de un medio para usar nuestros sentidos más olvidados: el gusto y el olfato.

Barreras del metalenguaje
Volviendo al tema del lenguaje que se utiliza al comunicar el vino, Peñín aboga por una cata más objetiva y menos subjetiva, es decir, hablar de un vino con cuerpo, fuerte, delgado, suave, fluido, cosas que efectivamente casi cualquier consumidor percibe; y dejar los términos más subjetivos, como herbáceo, con aroma a tabaco o chocolate, para los profesionales. Con la práctica, el que hoy es aficionado puede llegar a diferenciar estas y muchas otras características, pero no hay que ahuyentarlo antes de que lo haga.

Con respecto a Colombia, dice que tenemos una ganancia sobre países más consumidores, pues no existen vicios heredados en el consumo del vino, y esto es aún más evidente en lugares sin producción vitivinícola, como aquí, porque la cultura de la bebida ha sido prácticamente inexistente, así que está todo por construir. En términos de cuánto se consume hoy, poco más de un litro per cápita al año, bajo comparado con países como Argentina donde son más de 20 litros por persona al año, para él eso no es un problema, pues está seguro de que con el trabajo que se hace hoy desde el sector, en una década se estarán consumiendo unos cinco litros al año.

Simples cálculos, pero para él lo fundamental es que cada cual encuentre ese mejor vino –según el criterio personal–, que para Peñín toca con un vino singular en un momento especial, de trascendencia, con buena compañía, “porque nada más aburridor que beber solo, excepto para los que catamos”, anota.

Volviendo al tema que nos convoca, la comunicación del vino, recuerda que desde sus inicios lo que lo motivó fue transmitir la cultura del vino de cada lugar: el modo de vida, la forma de producción, los paisajes, la gente, que son cosas todas que también terminan por dar identidad a la bebida. Así que el tema no es de palabras rebuscadas y artificios, sino de sencillez y calor humano, de transmitir el amor y la alegría que suelen ponerles los productores a sus vinos.

Saber más
www.guiapenin.com 

Señorita Vino, blog para amantes del vino

Americana de padres peruanos, Pamela C. Pajuelo, Certified Specialist of Wine, lidera Señorita Vino, un blog que sirve como foro para quienes deseen aprender más sobre el vino. Su comunicación va especialmente enfocada a mujeres latinas.

Pamela C. Pajuelo es la Señorita Vino, bloguera latina en Estados Unidos.

Educarse sobre el vino y compartir sus hallazgos con sus lectores son las grandes motivaciones de Pamela C. Pajuelo, que cuando no escribe en su blog Señorita Vino, colabora para otros medios como The Latin Kitchen, de la publicación Latina Magazine. Certificada como especialista en vino por la Society of Wine Educators, Pamela también completó el programa en educación y gerencia enológica, curso de extensión de la Universidad de California –Ucla–. ¿Su deseo? Que sus seguidores adquieran conocimientos prácticos acerca del vino, para un mayor disfrute y siempre con un consumo responsable.

Entre viaje y viaje, para probar directamente los vinos de las distintas regiones del mundo, la Señorita Vino nos respondió algunas inquietudes por vía correo electrónico.

Más allá de su herencia de sangre italiana y siria, que ya de hecho la pone en contacto con el vino y la buena mesa, ¿de dónde cree que sale su gusto por estos placeres?
Antes de acabar mis estudios en la Universidad de California, viví en Ginebra, Suiza, durante un verano, trabajando de cajera en un supermercado para mejorar el dominio del francés. Estando allí, a través de una de mis roomates, conocí un suizo que un día nos invitó a cenar en un restaurante situado en la campiña fuera de la ciudad. La verdad es que ni siquiera recuerdo el nombre del restaurante, pero lo que sí me impresionó fue que él pidió un vino tinto para acompañar la cena y, por primera vez, descubrí la maravilla del maridaje y el placer de disfrutar de una botella de vino en un lugar bello, con gente agradable.

¿Hace cuánto nació Señorita Vino y cómo ha sido el proceso?
La idea surgió hace unos tres años. Estuve en una conferencia sobre redes sociales en la que había un taller sobre cómo escribir un blog, aun manteniendo un trabajo de tiempo completo. En ese entonces yo escribía un blog sobre mercados públicos cercanos a mi casa o que había visitado en mis viajes. Tras las sesiones de ese día, siete de los asistentes a la conferencia nos fuimos a tomar algo, y una de ellas comentó que no había blogueras latinas que escribieran sobre el vino; en ese instante se me ocurrió lanzar un blog que, en vez de tener notas sobre catas o temas esotéricos sobre el vino, se dedicaría a educar a las mujeres latinas acerca de la bebida, a enseñarles que el vino es para todos y que uno no tiene que tener un conocimiento enciclopédico para gozarlo.

Por mucho que tratemos de hacer más cercano el vino a la gente, aún nos dominan las rebuscadas notas de cata y ciertos conceptos que alejan al consumidor final, ¿cuáles son sus estrategias para acercarlos?
Como te habrás dado cuenta, rara vez cuelgo notas de cata, prefiero explicar el “porqué” cuando se trata de catar el vino. Por ejemplo si una nota dice que en el vino se detectan sabores de vainilla, les explicaría a mis lectores que el olor a vainilla viene del roble en que se añejó ese vino, no de la misma uva; lo mismo se puede aplicar a conceptos más complejos del mundo del vino. Cuando hablamos de la vinicultura, estamos en un mundo científico, igual cuando consideramos el proceso fisiológico del sentido del olor y del paladar. Yo trato de explicar estos conceptos de la manera más sencilla, con sentido del humor, para disminuir cualquier elemento de esnobismo o de elitismo.

¿Cómo cree que podríamos describir de forma más amigable los vinos para que los consumidores comprendan mejor?
Yo diría que tenemos que usar un estilo de comunicación y presentación sencillo; ante todo, el consumidor debe entender que no hay una manera “correcta” de apreciar el vino; cada uno tiene su paladar y su estilo de aprender. Cuando estudié en la Ucla, los maestros más efectivos eran los que presentaban el material de tal modo que me hacían sentir como si estuviera parada en un viñedo, no sentada en una sala sin ventanas con una presentación de PowerPoint. La mejor manera de llegar a conocer el vino es experimentándolo. Me parece que las compañías de vino se están dando cuenta de que las catas informales son una de las formas más efectivas para que la gente, en especial la generación que en Estados Unidos se conoce como “millennials” (25 a 35 años más o menos), descubra el vino. Y para que el vino sea más accesible al consumidor, resulta fundamental hacer ese vínculo entre vino y comida. A mí me encanta comer, y el vino hace que disfrutemos más los sabores y la textura de ciertos platos.

¿Qué es lo mejor del vino?
Para mí, lo bello del vino es que sirve para unir a la gente. Hacemos brindis con el vino; lo regalamos en ocasiones especiales; lo servimos con nuestras recetas de familia; pedimos una copa (¡o dos!) cuando salimos con nuestras amigas.

¿Cuáles son sus vinos favoritos? ¿Blancos o tintos? ¿Espumantes o dulces? ¿Nuevo o Viejo Mundo? En fin...
Esa es una pregunta difícil de contestar, porque ciertos tipos de vino me gustan en ciertas ocasiones. Últimamente me están gustando vinos hechos con cepas más o menos desconocidas. Diría que prefiero el vino tinto, pero hay un montón de vinos blancos que también me encantan.

¿Cuál es la mejor ocasión para consumir vino?
Cada día se presenta una ocasión para consumir vino, sea con un plato predilecto, en una fiesta relajándote con un ser querido al final del día.

Denos unos consejos para disfrutar cada día más la bebida...
Traten de probar todo tipo de vinos –dulces, secos, blancos, tintos, desconocidos, famosos–, pronto se darán cuenta de cuáles tipos prefieren. Y no dejen que nadie les haga sentir incómodos si apenas están aprendiendo a disfrutar el vino. Busquen tiendas o bodegas en las que se sientan relajados y donde los empleados los traten bien. Lean libros y artículos de revistas sobre el vino y organicen catas divertidas en casa; inviten a un grupo de amigos y pídanle a cada uno que lleve un vino distinto. Sirvan tapas y bocaditos y así van aprendiendo de maridaje, también.

¿Su mejor maridaje?
Me encanta el sauvignon blanc con el arroz con pollo peruano.