Brunch: el desayuno-almuerzo que ya es tendencia

 hUEVOS BENEDICTINOS

hUEVOS BENEDICTINOS

Por: Raquel Rosemberg

De a poco hay costumbres que se van incorporando o van siendo conocidas con un nombre universal, una de ellas es la del brunch, un desayuno: des-ayuno, costumbre que hoy fue adoptada en todo el mundo.

Se sabe que la mejor forma de romper el ayuno, de forma relajada, es hacerlo un fin de semana, cuando no hay horarios laborales, ni obligaciones de por medio. Así, la ceremonia que acompaña el despertar, se transforma -lentamente -en un almuerzo. De ahí el nombre que adoptó este ritual, la síntesis de los vocablos ingleses breakfast y lunch (desayuno y almuerzo) y que es una tendencia mundial, donde se vaya.

En un comienzo, dicen, se reservaba para los domingos, porque unía la comida posterior a la misa con un desayuno tardío. Otros, en cambio, afirman que la idea de que se trataba de la comida de la alta sociedad inglesa, después de una salida de caza. Además de estas disquisiciones, son muchos quienes discuten a su vez sobre su lugar de origen: si fue inglés o norteamericano. Lo cierto es que en ambos países, desde fines del 1800, primero los domingos y luego también los sábados, ambas comidas –desayuno y almuerzo- se fusionaron, un rito que con los años, las divas del teléfono blanco hollywoodense dieron fama, agregando café, Champagne y jugo de pomelo o naranja, más huevos.

La costumbre se asocia tanto a los tiempos modernos, que en “It´s a Disasster”, un film de catástrofe, unos amigos esperan el fin del mundo, brunch mediante. Es que pasados los años, cambió el sentido inicial y son muchos los fans de este tipo de comida que la incorporaron, haciendo del fin de semana el momento ideal para disfrutarlo. Entonces, hoy en día, y en general, ya se puede hablar de un formato de comida que no tiene fronteras.

En los espacios donde se lo prepara, cada cocinero suma o resta platos a gusto, aunque en general no deben faltar los buenos panes, quesos, fiambres, patés y los infaltables huevos benedictinos. Estos, además de famosos, tienen varias historias sobre su cuna, aunque ninguna relacionada con los monjes benedictinos. En realidad, se dice que fue un capricho de un corredor de bolsa norteamericano, cliente frecuente del Waldorf Hotel, Lemuel Benedict, quien pidió al chef del hotel que se los preparara y luego, dado su éxito, los incorporaron a la carta.

Otros dicen que el plato fue creado por el comodoro E.C. Benedict, teoría que parece las más acertada, porque hay testigos de que el matrimonio Benedict los comía, a finales de siglo XIX, cada viernes en Delmonico's en Nueva York. La receta original lleva muffin o tostadas, huevos escalfados, jamón o panceta, cubiertos con salsa holandesa. Livianos no son, pero quienes los piden agregan a esa mesa, carnes frías, pescados como el salmón, papas rotas, frutas y bocados dulces, un brunch completo, un despertar potente y sabroso. 

Huevos benedictinos

Ingredientes

4 láminas de tocineta bien finas

1 cucharada de vinagre

2 huevos

 

English muffin

10 gr de levadura fresca

75 cc de agua

10 gr de Azúcar                 

250 g de harina 0000

5 g de sal fina

90 cc de leche

15 cc de aceite de maíz

Huevo para pincelar

Harina de maíz para espolvorear

 

Salsa holandesa

3 yemas

125 gr de mantequilla clarificada

El jugo de ½ limón

Sal y pimienta al gusto

 

Procedimiento

Para ela tocineta crocante: precalentar el horno al mínimo. Disponer las láminas sobre una placa, lo más separadas posible. Llevar a horno hasta que esté bien secas. Retirar y pasar por papel de cocina para quitar el excedente de grasa. Reservar en un lugar seco y cubiertas con papel.

Para los English muffins: mezclar en un bol la levadura con el agua y el azúcar y dejar fermentar 10 minutos. Aparte tamizar la harina y la sal. Unirlas con el fermento, sumar la leche y el aceite de maíz y unir. Amasar hasta obtener una masa lisa y blanda. Dejar levar en un lugar cálido hasta que la preparación duplique su volumen.

Estirar la masa con palote dándole 1 cm de espesor y cortar círculos del tamaño deseado, pincelar con huevo, espolvorear con harina de maíz y dejar duplicar su volumen nuevamente. Cocinar en horno precalentado fuerte durante  cinco minutos o hasta que estén dorados.

Para la salsa holandesa: calentar una olla con agua, cuidando que llegue a punto de ebullición, pero que nunca rompa el hervor. Colocar dentro de la olla un bol, tomando la precaución que la base del bol no toque el agua. Incorporar las yemas al bol y comenzar a batir enérgicamente, hasta que las mismas estén espesas y espumosas. Agregar la manteca clarificada, en forma de hilo, sin dejar de batir y luego, el jugo de limón. Enfriar en baño maría inverso y reservar.

Para el huevo poché: calentar una olla con el vinagre. Cuando rompa hervor, bajar el fuego, realizar un remolino y en el centro del mismo, agregar el huevo. Esperar unos minutos hasta que la clara este coagulada, no así la yema y escurrir con cuidado. Repetir con el resto de huevos.

Para el armado: cortar el muffin en dos, en la mitad de la base colocar el tocino y el huevo poché. Salpimentar a gusto y bañar con salsa holandesa, gratinar antes de servir.