Así es la sommelier de nuestro Club

Los vinos y su cultura se convirtieron en su vida, hoy no hay nada que la satisfaga más que compartir con otros todos sus conocimientos sobre esta bebida milenaria. Conoce más de Ana Cristina Cano en este perfil. 

Sommelier Ana Cristina Cano

Aunque no tenía pensado trabajar como sommelier, desde hace nueve años lo hace. Dejó su primera carrera, la fonoaudiología, para dedicarse por completo al apasionante mundo de los vinos, el mismo que la ayudó a redescubrirse y reinventarse y por el que hoy siente un gran amor porque “no es una bebida, es un sistema de vida”, asegura.

En esta decisión influyeron mucho sus amigos, fueron los primeros en tener un curso de vinos con ella, le pidieron que les contara un poco de lo que había aprendido durante tres años en la Universidad Politécnica de Valencia, España. Al ver que le fue bien, que sus amigos lo disfrutaron y hubo voz a voz, se animó a seguir haciendo más cursos.

Sus días se van en diseñar cursos y catas, visitar restaurantes para capacitar a los meseros para que no les dé susto recomendar un vino y se sientan seguros de lo que están haciendo, pues “es importante que aprendan de esto, no es justo dejar el conocimiento para uno solo. Mientras él se enamore más de este tema, puede vender más”, dice.

También da asesorías a dueños y administradores de restaurantes para que elijan buenos vinos, a veces los ayuda a hacer las cartas del menú y a diseñar eventos, y a las empresas importadoras las acompaña en la elección de los vinos que les ofrecen, hace un análisis de la calidad que tienen y de qué tan comerciales son para el mercado al que llegarían y con base en esto, más otros factores, “ellos toman la decisión de comprar o no. Yo solo doy mi opinión”.

Desde niña entre vinos

Al revisar con detalle su vida, no resulta casual que Ana haya elegido ser sommelier. En su familia siempre estuvo presente la cultura del vino, ella y sus hermanos tuvieron contacto con esta bebida desde pequeños porque por parte de su mamá había varios sacerdotes, quienes acostumbraban a tomarse una copa de vino con las comidas y guardaban los mejores que les regalaban para los momentos más especiales.

Sus padres también solían beber vino o espirituosas en las noches, era algo natural y cotidiano. Con ellos aprendieron que no se trataba de tomar por tomar, sino de disfrutar algo muy especial que venía de otro lado, “el mensaje era valorarlo, tomarlo en su justa medida”, recuerda y además les daban un sorbo para que calmaran la curiosidad y les preguntaban que si les había gustado, socializaban la experiencia.

Y así crecieron, acompañando sus comidas y momentos familiares con vino, todo de manera espontánea y natural. Adquirieron el gusto por el vino, pero no lo que esconde.

Por eso, cuando visitó a su hermana en Valencia, hace 15 años, quedó sorprendida al saber que era un tema mucho más profundo y lleno de matices, “yo solo sabía si me gustaba o no un vino. No entendía el idioma que hablaban los valencianos al referirse a estos y me dije que era lo que quería aprender”, afirma.

No bastaba con que los amigos o el esposo de su hermana se lo explicaran, ella quería estudiarlo, entonces ingresó a la Universidad Politécnica de Valencia, donde le enseñaron a ver el vino de forma completa, a ponerle conocimiento para que fuera mucho más especial.

Sommelier Ana Cristina Cano

“Me enamoré de esta cultura, de esta filosofía de vida que me lleva a conectarme con el presente”, asegura, porque el vino no es para emborracharse ni desconectarse, no, es una bebida larga para leerla con todos los sentidos: ver su color y a la vez su edad, sentir sus aromas y sabores, escuchar sus sonidos. “Te invita a ser consciente de todo lo que va pasando, del efecto que tiene en ti eso que te estás tomando”.

Compartir con los demás su saber

Algo que la llena de orgullo y satisfacción es compartir con otros sus conocimientos y más aún, relacionarse con ellos en su momento más humano porque quienes asisten a sus cursos y catas viven una experiencia agradable en la que, muchas veces, dejan ver quiénes son más allá de una profesión. 

Además, su personalidad ayuda a que los participantes se integren y conversen sin temor. Ana es alegre, comprometida y apasionada, sus catas siempre son diferentes, innova para no aburrirlos y para que “descubran matices nuevos y sean conscientes de los aromas, las texturas y sensaciones que experimentan al degustar un vino porque al ser conscientes de esto, se conocen más a sí mismos”.

En nuestro Club lleva seis años, no tiene un vino favorito porque “todos me gustan, son muy buenos. Juan Carlos Novoa es muy exigente al elegir los vinos del Club, siempre quiere traer los mejores de cada región”, cuenta.

Así se la pasa. A futuro solo se ve haciendo esto, compartiendo conocimientos y deliciosos vinos con toda la gente que ama este mundo y claro, estudiando más porque “es de nunca parar”.

 

¿Qué te pareció el perfil de nuestra sommelier?, ¿qué experiencia has tenido con ella? Cuéntanos.