Desde las dos Bélgicas

Por: Dionisio Pimiento para Decanter

Viajar por Bélgica te deja sensaciones duales que necesitan de una buena cerveza Vedett Extra Mature. De un lado los locales están sin duda en el grupo de los europeos más simpáticos junto a los portugueses y a los nórdicos, de otro lado Bruselas es una ciudad bellamente tranquila aunque el clima es desastroso –el sol casi nunca sale con lo cual la vitamina D te faltará sólo pisar suelo belga, además de llover casi a diario con esos chubasquitos que nosotros llamamos “moja bobos” y en invierno a las 5 p.m. la noche cae con todo su peso y permanece hasta pasadas las 9 a.m.; además su comida es maravillosa y su debate político, lingüístico y en últimas territorial, es al menos llamativo considerando que juega el rol de capital europea en varios frentes mientras se esmera en representar y acoger a las dos Bélgicas.

Brujas es preciosa sin estar seguro el título que le han conferido de la Venecia del norte, Liège es una ciudad común con una impresionante estación de trenes del cuestionado arquitecto Santiago Calatrava, Gent tiene su encanto, Namur es especial y Antwerp se ha ganado su sitio mundial en el diseño y la moda. Y claro, está Bruselas.

Le Pain Quotidien

Le Pain Quotidien

Ésta es una ciudad señorial, un poco como París pero no tanto,  lo cual influye incluso en que sus habitantes sí sean realmente amables. Visitar Bruselas invita a montarse en su tranvía, a recorrer siempre bajo la lluvia la Avenue Louise, a antojarse en la tienda de diseño Max Yamamoto o en Bouvi o o en los almacenes de la Avenue Waterloo, a deleitarse en el Musée Magritte,  a pasear por Ixelles, a alojarse en el delicioso hotel boutique Neufchatel y a visitar cada sede de la franquicia Le Pain Quotidien pues algo de su encanto le queda. Y es por supuesto la ocasión de comer en algunas de sus friteries callejeras… para algunos la mejor es Frit'Flagey en la Place Flagey. ¡Degustadas y aprobadas!

Pero si de comida se trata y ya entrando de manera decidida a nuestro terreno, hay mucho que saborear en Bruselas: mejillones con alguna salsa acompañados por supuesto de papas fritas que aquí les quedan mejor que a los franceses; alguna sopa de cebolla con el huevo bellísimamente en el centro y a medio cocer para revolver la yema con el caldo, y claro, todo acompañado de las muchísimas opciones de cervezas. Un rincón mágico de la ciudad es la Place Grand Sablon. Aquí se tiene la opción más “puesta” de Le Cailler du Palais Royal, el relajado y delicioso L´Entrée des Artistes  o la casi institución Le Malcour.  Estando aquí es indispensable perderse por el Impasse Saint Jacques y probar, comer, comprar, coleccionar, enviar por barco a casa y todo lo que le sea posible hacer con los chocolates más sofisticados que se pueden probar sobre la faz de la tierra, los de Pierre Marcolini. ¡Esto es otra cosa!

Pierre Marcolini: Maison of Haute Chocolaterie

Pierre Marcolini: Maison of Haute Chocolaterie

Bruselas también es el lugar en el que para comerse un gaufre bañado de chocolate líquido calientito es una obligación (en cambio es absolutamente prescindible la visita al desvencijado Museo del Cacao y el Chocolate. Un desastre que sólo engaña a turistas primerizos).

En la ruta sugiero incluir una visita a Ma Cuisine de comida simple pero amorosa, a sus maravillosos restaurantes japoneses, a La Crèmerie de la Vache, a Cose Cosi, y por supuesto terminar comiendo en la noche en La Quincaillerie, a mi juicio el gran infaltable: la madera de su decorado, las ostras, aquellas escaleras, una mesita oculta y rodeadas de pequeños cajones en el segundo piso de esta antigua y hermosísima ferretería, las papas fritas recién hechas, la carne irlandesa saignante con salsa de vino y echalotes, el aceite de oliva de chene verte, y concluir con el postre forêt noire o con una tabla de quesos incluido el Normandie Camembert AOC 2013 medalla de oro. ¡Puro erotismo gastronómico en la serena, lluviosa y cordial Bruselas! Iré al Caribe a buscar un poco de sol y siempre regresaré.

La Quincaillerie

La Quincaillerie