Estos no son los Estados Unidos. Ésta es Nueva York.

Por: Dionisio Pimiento (@dpimiento) para Decanter

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Mientras camino por el High Line mi lugar favorito en Nueva York, el mío y el de millones de visitantes más, pienso en esta vertiginosa urbe. Ésta es una de esas ciudades que al tiempo que te seduce y te tiene en el centro de la palma de su mano, quiere devorarte. Sin ser la más bella del mundo, porque no lo es,  tiene mucho de esa inteligencia sensual y sexual. Es una chica smart, picara y pecaminosa que puede codearse con los más bajos de los instintos. Ésta es la ciudad de las muchas Nueva York: la de Dumbo, la de Manhattan, la de Harlem, la del Meatpacking District o la de Williamsburg.  Ésta es la ciudad que mira con desconfianza a su vecina y creciente New Yersey, y la que apoya abrumadoramente en las presidenciales a una mujer de famoso apellido. Ésta es la NY en la que se puede comer muy bien exigiendo muchas veces importantes inversiones. Estos no son los Estados Unidos. Ésta es Nueva York.

En este recorrido que haremos juntos la primera parada tiene la virtud de ser ideal para aclimatar los paladares y el bolsillo de los visitantes. La Pizzería Grimaldi´s es razonabilísima en su costo, sabrosa hasta el infinito y te lleva a conocer una de las zonas que más está “empujando” en la Gran Manzana. Bienvenidos a Dumbo. La calidez está asegurada así como los manteles a cuadros.  

Siguiendo este recorrido en función del presupuesto, siempre valdrá la pena la fila en pleno Manhattan -53 St con 6 Av-, en el carrito de los Halal Guys. Con o sin consideraciones religiosas, sus gyros son excepcionales así como la higiene y la calidad del servicio.

De Katz se ha dicho y escrito todo y más. Sin excepción, todos y yo incluido, hemos hecho alusión a algún real o deseado orgasmo. Lo cierto es que la calidad del pastrami es inolvidable aunque viendo las circunferencias del abdomen de quiénes regentan el restaurante, esta opción es válida máximo una vez al semestre: hay que venir, hacer la fila, intentar encontrar mesa y hacerse una foto con el letrero que señala la silla de la mujer de la que nos enamoramos para luego desaparecer, Meg Ryan.

El buen clima y el propósito de demostrar que en NY “se puede” con moderado presupuesto,  te lleva a decidir que hoy es un buen día para un picnic. Crees que Essex Street Market  en el Lower East Side será la mejor opción y con excepción de los fabulosos bagels en la esquina del fondo,  todo se desarrolla con normalidad.  Incluso habrás guardado la compostura comprando los quesos justo en la tienda del ingreso: un Kunik, de cabra y crema fresca de vacas Jersey, suave e ideal para untar, y un Meadow Melody, de vaca, curado, duro, graso y parecido al Pecorino. Todo irá bien hasta que ella, la más suntuosa y bella mujer negra que tus ojos han visto,  aparece en escena para conducirte por los caminos de la perdición. Ella, que regenta el más fascinante puesto de ahumados, te hará dejar la vida en la factura que pagarás pues es imposible decirle no. Tendrás entonces el picnic más suculento entre tus bolsas y el sentimiento de culpa sólo saldrá a flote cuando ese divino rostro empieza a desvanecerse.

Los días siguientes irás a comprar los más sugerentes arroces en Kalustyan: de todos los colores, extensiones y matices. Ya habrás pecado un par de veces en Magnolia´s Bakery: la primera vez habrá sido por la foto para las redes sociales, la segunda por Carrie –reconozcámoslo- y la tercera por gula. Subirás a Zulliban Street Bakery en la Avenida de las Américas, y recorrerás Chinatown haciendo cara tanto de sorpresa como de … sí, esa cara en la que te imaginas probando los dry conch y el sea cucumber.  Quizás habrás tenido la fortuna de una noche de jam session en Harlem para luego irte a cenar, por ahí, con los músicos; y de seguro habrás hecho una parada en Lobster Place en el excitante mercado de Chelsea y te habrás pedido una entera sólo para ti, rosadita y con adición de mantequilla clarificada.  Sin dudarlo te habrás sentido un poco como el todo poderoso ex – Alcalde Michael Bloomberg, comiendo su hamburguesa favorita en JG Melon; y luego de probar cervezas artesanales, habrás adorado el happy hour en casa de los chocolateros hipster de Williamsburg, The MastBrothers. Cada uno de sus blends pueden catarse como si de los mejores vinos se tratara, y sus preparaciones en tartas o cakes serán sencillamente inolvidables.

Hasta aquí el presupuesto ha medianamente sobrevivido, pero éste es justo el momento en el que ese lado del cerebro que te ha impedido ahorrar para comprarte una casa aunque casi llegas a los cincuentas, aparece con la frase “cuando te mueras nada de eso queda … sólo los recuerdos”. Esa zona de tu cerebro te dice que estás en Nueva York, que quién sabe si te renovarán la visa la próxima vez y que no puedes irte de aquí sin poner a prueba “al soldadito” de tu tarjeta de crédito. A partir de este punto ya todo irá en “rodada” y sólo anhelarás tocar fondo.

Al camino de la perdición se entra por la puerta de Dean & Deluca para luego conducirte a Eataly. Allí decides que la estancia en Nueva York debe prologarse y que quieres un poco de todo para llevar a casa, sin importar si son pastas italianas o quesos franceses. Este meltingpot que va llenando tu cesta viniendo de un poco todas partes del mundo, será el mejor recuerdo de esta Ciudad.
 

Un día terminarás cenando en Morell,  en el corazón de Manhattan, un pumpkin risotto with shrimp y lo acompañarás con un Chook Shiraz Sparkling, y ya todo irá cuenta atrás. Mañana irás a Prune, el mejor restaurante a mi juicio de la Ciudad,  y al día siguiente a Momofuku Ko. Luego de esto nunca tendrás ahorros o una casa en tu vida; sólo tendrás las facturas por pagar de este increíble viaje a la ciudad que ciertamente nunca duerme.
 

Ya en este punto y siendo tu última noche no hay tiempo de arrepentimientos. Si ésta es la vida que “nos tocó vivir”, vamos hasta el final. Es hoy cuándo te pones el traje y ella saca su amado vestido negro. Es hoy cuándo nos despedimos de Nueva York en Balthazar. Entras y reconoces el amor secreto que tuvo esta ciudad por aquella París. Confirmas la amabilidad de los new yorkers y te sientas en tu mesa, en medio de cientos de conversaciones simultáneas. Panes de dos tipos llegan acompañados de mantequilla. Un maravilloso tinto St. Emilion será el guardián de una cena en la que degustaremos el pato confitado en el que realzan los champiñones que vienen de guarnición, y las costillas de cordero acompañadas de unos exquisitos frijolitos. Diremos, con los profiteroles de la casa con mucho, mucho, chocolate, “hasta pronto” tanto a esta Ciudad como a nuestras finanzas.
 
Ésta es Nueva York, an island to the east of the United States.