Tradiciones navideñas: Placeres que sobreviven siglos

Texto y fotografías: Raquel Rosemberg (@raquelrosemberg)

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Por estos días en los que el almanaque indica diciembre, es tiempo de brindis. Desde siempre el clima de festejos se asocia a grandes mesas, con fuentes y copas llenas de símbolos que aparentan tener algo más de dos mil años, sin embargo, están allí, ligados al imaginario del hombre, desde épocas remotas.

La vida es un eterno reciclar y las fiestas no están exentas de esta ley. El 25 de diciembre fue elegido por la Iglesia porque mucho antes de que villancicos y Papás Noeles indiquen la llegada de la Navidad, en el hemisferio Norte se celebraba la incesante rueda de la vida, el nacimiento, muerte y resurrección de las potencias que regían lo cotidiano: la naturaleza. El comienzo del solsticio de invierno, el momento en que el sol vence a las tinieblas y renace en el horizonte después de haber alcanzado su punto más bajo, marcaba el 17 de diciembre, el inicio de una gran fiesta agraria, la de las Saturnales. Los mortales festejaban que el gran astro Saturno, el Sol Invictus, decidiese no abandonarlos, ni perderse para siempre en las profundidades celestes. Un año más de reinado donde seguiría brindándoles luz, calor y cosechas.

Bûche de Noël / Imagen Shutterstock

Bûche de Noël / Imagen Shutterstock

Debieron transcurrir varios siglos para que la sustitución de las fiestas paganas por las cristianas, se profundizara en el pueblo. En el 354, cuando el Papa Julio I debe fijar una fecha para la natividad elige, basándose en esas fiestas, al 25 de diciembre porque “Cristo es la luz verdadera que ilumina a los hombres”.

La tradición indica que estos son días de abundancia, preludio de un mundo mejor, sin conflictos. Pero aún así, hasta el generoso reparto de panes, nueces, avellanas  y miel tienen su explicación en un rito anterior. En Roma, durante las Saturnales se eliminaban las barreras entre esclavos y hombres libres. Estos agasajaban a los primeros en sus mesas, con manjares, entre otras cosas porque si no lo hacía atraían todo tipo de maldiciones. Por eso a recordar: el no regalar generaba y genera mala suerte. Ofrecer semillas, granos, fruta seca y todo lo que hoy se regala, por el contrario, asegura buenos auspicios.

 Esta dadivosa costumbre derivó, con el tiempo, en diversas especialidades culinarias. Los anglosajones tienen sus bizcochos especiados para atraer las buenas ondas y los suecos el pudding navideño que jamás falta para asegurarse la visita del gnomo protector de la casa. En Francia  es impensable el brindis navideño sin el Bûche de Noël, un arrollado con forma de tronco, relleno de castañas y cubierto con chocolate,  que recuerda la antigua adoración que generaban los árboles,  en especial los troncos que eran quemados para asegurar la fertilidad y el regreso del calor.

Panforte/ shutterstock

Panforte/ shutterstock

Los árboles, tan presentes en estas fiestas en las que en ninguna casa falta un pino decorado, nos recuerda una vieja costumbre germana. Este pueblo veneraba al roble (de ahí que tocar madera traiga buena suerte). Con el tiempo, la Iglesia remplazó el culto al roble pagano por el clásico abeto, un pino de forma triangular que representa la Santa Trinidad.

En estas fiestas, también es protagonista el pan. Cabe recordar que Jesús nació en Betlehem (término hebreo que significa Casa del Pan) y que profetiza su posterior mensaje. El pan navideño no es el cotidiano: es un pan rico, lleno de frutas y especias. Los primeros cristianos lo preparaban y regalaban al igual que el Sigillarium de las Saturnales, un pan de harina, miel y fruta seca (sobre todo piñones, que simbolizan la fertilidad) y que fue un directo antecesor del panforte de Siena. También el budín navideño tiene un antepasado: el Frumentum celta, un pan de cereales, leche, especias y azúcar que se preparaba en honor a Dagda, el dios que protegía las cosechas y aseguraba que el ganado diese leche. Para distanciar a los panes de la natividad de sus antecesores paganos, a partir de las Cruzadas se les dio forma redonda y se los marcó en el centro con una gran cruz. Pero no todos los europeos adoptaron esta innovación, los alemanes prepararon un pan rico en fruta seca al que le dieron la forma del pañal de Cristo y al que llamaron Stollen.  Y dejando la comida de lado, se torna imposible pensar las fiestas sin la huella de Dionisio, dios del vino, el que para las Saturnales no dejaba de bailar.

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Por eso el vino, las uvas y las hojas están presentes en estas celebraciones. Pero es en la Noche Vieja (como se la conoce en Europa) donde el espíritu de Baco, el otro nombre de Dionisio, se despliega haciéndose presente en las doce campanadas que marcan el reinicio del ciclo de la vida. Un nuevo año comienza, el sonido de cada campana debe ser acompañado por una uva, los buenos deseos se hacen cuerpo. Levantemos las copas... ¡Feliz 2015!

Süss Cupcake Café 

Süss Cupcake Café 

Spekulatius
Ingredientes
Azúcar 200 gramos
Manteca blanda 200 gramos
Huevos 2
Harina común 500 gramos
Polvo leudante media cucharadita.
Sal 1 pizca
Canela media cucharadita.
Cardamomo media cucharadita.
Clavo de olor media cucharadita.
Pimienta negra molida 1 pizca
Ralladura de medio limón
Opcional para decorar: 1 huevo batido y 50 gramos de almendras peladas.

Preparación
Mezclar la harina con el polvo leudante y la sal y formar una corona. Colocar en el centro el resto de los ingredientes e ir tomando poco a poco la harina, hasta formar un bollo. Dejar descansar una hora en la nevera.

Estirar la masa, con un bolillo ligeramente enharinado, de medio centímetro de espesor. Cortar masitas con motivos navideños. Pintarlas con huevo batido y si se quiere, decorar con  medias almendras. También se les puede realizar un orificio, para que una vez cocidas, se les pase una cinta y sirvan para decorar la mesa navideña o el arbolito.

Apoyar en una placa engrasada y cocinar en horno fuerte unos 10 minutos. Dejar enfriar.