Cosas que no hay que hacer en un restaurante

Una buena velada depende tanto del lugar elegido como del comensal, asegúrese de no cometer estos errores.

Adaptación para Colombia del texto de Juan Carlos Fola, publicado originalmente en Fondodeolla.

Hay que pasar por una cocina, con el vértigo y el caos de las horas pico, algunas pestilentes, con miembros de la brigada desprolijos y sucios, jefes de compra que obligan a usar productos de baja calidad pero más baratos. Existen muchos factores que deben tomarse en consideración en un restaurante, tanto para elegirlo como para saber cómo actuar cuando ya nos hemos sentado a la mesa. Hay cosas que no se pueden dejar pasar, como cuando te quieren vender gato por liebre. Pero nuestras recomendaciones no se limitan a eso: también tienen que ver con la conducta del comensal dentro del restaurante.

Vayamos por partes, entonces:

  1. Devolver lo que no está bueno, si cabe: por el solo hecho de que le hayan puesto el plato sobre la mesa, no hay que comérselo si hay razones para rechazarlo, igual que el vino, que puede devolverse si no está en buena condición. Menos aún hay que creerse vivo y mandar de vuelta un plato o un vino a la cocina solo para hacerse notar.
  2. No transgredir la estacionalidad del producto: si conoce la época de las cosechas, seguramente irá a la fija, pues resulta ideal pedir platos con mango o papaya, cuando estos están cayéndose de los árboles. Igual sucede con la carne o el pescado, aunque en Colombia no hay estaciones, resulta más sensato pedir pescados que carnes cuando se está a la orilla del mar y al contrario si se trata de una ciudad del interior, a no ser que esté comprobado que el restaurante hace traer el pescado fresco.
  3. Irse a fumar y hablar por celular: cosas de la modernidad, ya (por suerte) no se puede fumar en lugares cerrados. Muchos salen a la calle o a la terraza a echar humo, sin que les importe si está por llegar el plato a la mesa, o dejando solo al acompañante. Hablar por celular es una pésima costumbre de los tiempos modernos. Ya hay restaurantes que sugieren a los clientes apagar los aparatos o cuanto menos dejarlos en vibrador. Y basta de andar todo el tiempo enviando mensajes o leyendo los recibidos.
  4. Cambiar los ingredientes: es un insulto al chef pedir que cambie un producto por otro, o que saque algunos de ellos. Si no le gusta, pida otra cosa, y si no hay nada que le guste, quédese en su casa o elija otro lugar.
  5. Dejarse llevar por los caprichos de meseros y sommelier: no siempre estos tienen la capacidad de tomarle el tiempo al cliente. A uno que tiene el bolsillo estrecho (o al que está con la novia recién conquistada) le sugieren el vino y el plato más caros de la carta. Tampoco hay que tolerar que se muestren confianzudos, o que insistan en ofrecerle un plato que nunca comería. Aunque en Colombia no se respeta esto mucho, la lógica es ordenar primero la comida y luego la bebida, para lograr un buen maridaje, no permita que se lo impongan de otra manera.
  6. Pagar sin mirar la cuenta: a veces se mira solo el importe final para proceder a pagar, lo cual no es inteligente, pues puede haber errores involuntarios (o no). Como en todo, lea, revise antes de firmar.
  7. Llegar tarde: esta costumbre latina debería erradicarse, tanto cuando se trata de amigos o familiares como cuando la cita es por una reunión de trabajo. Es un irrespeto con el restaurante y con los demás asistentes.
  8. No aceptar el vino tinto a temperatura ambiente: aunque parezca mentira, algunos meseros y restauranteros creen que el vino debe estar a la temperatura ambiente (del local sin aire acondicionado, del depósito a más de 30 °C o de la estantería donde sufrieron calores y sol todo el día), y encima algunos lo mirarán feo si pide que se lo refresquen. Lo mismo sucede con blancos y espumosos, cuando le llegan calientes. Ocho de cada diez veces las bebidas no están en su correcta temperatura.