Morir en Cartagena

Por: Dionisio Pimiento (@dpimiento/twitter) para Decanter

Foto Shutterstock

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Cartagena es la ciudad en la que anhelo morir, así de simple y claro debo decirlo. Pero deseo que sea de vejez y de un infarto gracias al malestar que me genera el abandono en que está la ciudad. A la rampante corrupción se le suma la ausente cultura ciudadana, la falta de amor propio; las basuras y huecos por doquier, la pobreza de la ciudad no turística, el descontrol con taxistas que cobran y abusan y a los vendedores ambulantes que se adueñaron con votos del espacio público;  además del desastre en que han sumido a la hoy inviable, Bocagrande. De seguir así, Cartagena habrá muerto antes que todos nosotros.

A pesar de esos pesares sigo enamorado de ella, confiando que buenos gobernantes pronto llegarán para terminar aquí mis días.  Esto sencillo y sincero sueño me ha llevado a recorrerla, a sudarla, a caminarla, a amarla, y a hacerme el listado de mis infaltables con opciones para todos los momentos presupuestales:

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La Cocina de Pepina: con ella viva y ahora como un merecido homenaje a sus manos sabias y amorosas, siempre voy allí en busca del mejor mote de queso con lajitas de berenjena.

La Vitrola: su cocina puede no ser la mejor, pero hay que vivirla una vez en la vida sobre todo por la sonrisa de Goyo, por sus suelos, por la música, por ver y que te vean, por la bella casona, por la calle Baloco.

 

Las arepas de huevo y las frituras de Dorotea: ella es la mejor y eso que he probado incluso las de la campeona de campeonas en esta materia que está ubicada en el barrio Ceballos. Dorotea, instalada en la calle Tumbamuertos cerca a la Plaza San Diego,  tiene la receta perfecta de los quibbes, las carimañolas y las arenas de huevo, a degustar por supuesto con una Kola Roman.

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Ely: aquí siempre que puedo desayuno. Su maravilloso café, sus piñitas, el mejoradísimo pain au chocolat, el croissant de almendras, la quiché de espinacas y sobre todo la sonrisa de Ely, son la mejor medicina de cada mañana. Empezar aquí la jornada es casi adictivo.

 El Bar El Coro del Santa Clara y el Bar Havana: soy un enamorado del segundo, ubicado en Getsemaní, pues su música es sin igual pero exige actitud de fiesta. El primero en cambio sólo implica querer sentarse, tomarse un trago convencional -sus cocteles son un tanto in extremis así que no los sugiero-, escuchar buena música, quizás bailar alguna canción y, entre tanto, sonreír al amable personal que atiende y disfrutar del sabroso snack que dan a todas las mesas con aceitunas, queso costeño y chips de plátano.

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Mila: una última experiencia con su personal en la caja,  un tanto lamentable por la falta de claridad frente al pago mínimo con tarjeta  y el imperdonable letrero en la puerta que indica que está prohibido ingresar con armas (y no porque no crea que se deba decir sino porque predispone al comensal),  no han podido lograr que me aleje de su posta cartagenera, una de las mejores, y de sus postres: el Sinfonía de Coco y el de Tres Leches generan una adicción difícil de vencer.

Andante Allegro Vivace: el mejor secreto guardado de Cartagena. Yo tengo delirios con sus pastas, con sus antipastos y con sus postres.

 

 

La Cocina de Cande: si se trata de escapar lejos de la farándula cartagenera, nada mejor que irse a Manzanillo y probar comida de "verdad, verdad". Sus patacones son crocantes como nadie más lo sabe hacer. Cande es pura sabiduría.

 

 

 

Café del Mural: hay que pasar una tarde obligada en este sitio de Getsemaní. Lo valioso aquí no es tomarse un café, sino dialogar con su creador y anfitrión;  que él te hable de café, que te muestre como se tuesta y que te ponga a moler, para al final tomarse juntos una tasa irreverente de esta bebida.

 

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La Tratoria di Silvio: hacen las mejores pizzas sin discusión de Cartagena. Una amable propietaria y una bellísima sede alterna en un espacio en ruinas, conviven con mediocres vinos, con un agrio mesero que jamás olvidaré y con mesas sobre las ceras haciéndome sentir cómplice de la usual invasión e irrespeto por el espacio público en Cartagena.