Vinos y quesos: un maridaje perfecto

¿Quién lo puede negar? Si hay algo que siempre va bien en una reunión, en una fiesta o para terminar una cena, es un buen plato de quesos acompañados de un gran vino… o varios.

Porque no todos los quesos van con todos los vinos. ¿Cómo escoger los correctos? Y ¿Se escoge el queso según el vino o viceversa? Según Gerard Basset, mejor sommelier del mundo 2010 todo depende de a quién se le quiere dar el protagonismo. Si se le quiere dar el rol principal al queso, hay que escoger vinos con un carácter moderado que sirvan de  fondo discreto al plato. Si se quiere que el vino sea la estrella, hay que escoger quesos de carácter moderados.

A tener en cuenta:

  • Edad tanto del queso como del vino: Mientras que los quesos se vuelven más fuertes, con mayor sabor y aroma con la edad (se van deshidratando lo que hace que se acentúen el sabor, sal y grasas), muchos vinos se vuelven más complejos pero más sutiles con el paso del tiempo. Por lo tanto, un queso muy madurado va a dominar la escena haciendo que se esconda la riqueza de un vino añejo. Así las cosas, a grandes rasgos la idea sería, Vinos añejos con quesos relativamente  jóvenes y duros y quesos madurados con vinos que no pasen los ocho años de añejamiento.
  • Gustos: Lo ideal es que conozca bien el gusto de sus invitados (¿Clásicos?, ¿Gastronómicamente aventureros?). Según sea el caso puede ofrecer una selección que pueda cubrir todos sus gustos. Hay miles de posibilidades y por lo tanto tenemos a la mano un gran abanico para probar. Un solo queso con un solo vino es completamente aceptable, pero se corre el riesgo de que algún invitado se quede al margen. Una variedad de ambos hace que se vaya un poco más seguro.

¿Qué vino con qué queso?

Duros
Entre ellos se encuentran los Emmental, Grana Padano, Gruyère, Manchego, Cheddar, Parmigiano-Reggiano (Parmesano) o el Pecorino.

Para ellos hay que pensar en vinos blancos, más bien secos y complejos, o un tinto liviano o medio.

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Suaves
Entre ellos se encuentran los Brie, Camembert, Torta de Casals, Vacherin o el Neufchâtel.
Tienen personalidad fuerte, aunque si no se han madurado tienen mucho menos sabor.

Para ellos se puede pensar un Pinot Noire, blancos con carácter y buena acidez que corte el contenido graso del queso o espumosos.

Azules
Entre ellos se encuentran los Cabrales, Gorgonzola, Stilton o el Roquefort.

El maridaje clásico de los azules es un vino dulce para lograr contraste entre lo salado y lo dulce y complementar la cremosidad del queso. Evite los que son demasiado dulces como el moscatel o el jerez.

Cabra y Oveja
Cuando son jóvenes, estos van bien con vinos frescos, con buena acidez sea un Sauvignon Blanc, un Albariño, un rosado o rojos amaderados. Cuando están maduros desarrollan un aroma y gusto bastante fuertes con un toque de amoniaco difícil de maridar ya que dominan cualquier otro sabor.

¿Un vino para cualquier queso?
Si no se quiere complicar la vida y quiere simplemente poner una tabla de quesos y un vino, la sugerencia es que se oriente por vinos fortificados, es decir, con una graduación más alta de alcohol, como sería, un jerez amontillado.

Siempre puede contratar a alguien para que diseñe la carta y los maridajes, pero si quiere aprender, degustar y darle un toque personal a su agasajo, con algunos días de anterioridad haga la prueba entre sus vinos y sus quesos. Encontrará el balance que usted busca con un poquillo de ensayo/error y se divertirá a lo grande.

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