Astrid & Gastón Casa Morerya, reflexiones de un momento de éxito

Estar en la inauguración de la nueva sede del restaurante de Gastón Acurio en Lima, fue la oportunidad de conocer un maravilloso espacio y, además, la de escuchar al chef Ferran Adrià reflexionar acerca del éxito. Así lo entendí.

Texto: Claudia Arias (@clauslagartija) / Fotos: Cortesía

Gastón Acurio en compañía de Ferran Adrià el día que se sirvió por primera vez el menú degustación Virú, de la nueva sede de Astrid & Gastón Casa Moreyra en Lima.

El éxito, esa gran palabra, esa condición “deseable”, parece algo ajeno a la mayoría de los mortales; claro, los seres humanos tenemos nuestros logros y agradecemos los triunfos cotidianos, pero de ahí a acariciar el reconocimiento mundial, hay un trecho. Personajes como los cocineros Gastón Acurio y Ferran Adrià, tienen claro el significado de esta condición, y el segundo, que ya fue y volvió, sabe, muy especialmente, lo efímero que resulta.

Adrià sabe, por ejemplo, que cuando más arriba se está, es inevitable caer, y justo de eso nos hablaba durante la inauguración de Astrid & Gastón Casa Moreyra el pasado 17 de febrero, cuando, acompañando a su amigo Gastón en este momento de éxito, el tema surgía de forma natural. Atentas escuchábamos Inés España, cocinera boliviana y yo, incrédulas de estar allí sentadas en unas sillas afuera de la casona, con uno de los chefs más famosos del mundo, en una conversación informal, mientras adentro los salones se llenaban con los cientos de invitados que atestiguaron este momento de éxito.

Y no se trataba de que Adrià estuviera augurando malas cosas a su colega, todo lo contrario, de hecho estaba allí para celebrar; lo decía simplemente como parte de su experiencia, la cual vivió sin habérselo propuesto, fue algo que llegó y con lo que aprendió a vivir, “pero hay que estar muy centrado para no permitir que esto te nuble”. Esto, además de reflexionar acerca de cómo muchos jóvenes cocineros de hoy están obsesionados con la fama y las portadas de las revistas, algo que se aleja de ser el objetivo en la vida de un cocinero y que, por lo demás, muy pocos conseguirán.

Diego Muñoz, el hombre al mando de la cocina de Astrid & Gastón Casa Moreyra. Otro peruano que conforma el equipo del restaurante hace varios años.

El nuevo Astrid & Gastón
Dejando atrás las reflexiones, y para antojar a los lectores, la nueva sede del mejor restaurante de América Latina según la lista de los 50 Best Restaurants de la revista inglesa Restaurant, es una apuesta gigante de USD6 millones, que encontraron vida en una histórica casona de 300 años del barrio San Isidro de Lima, en la cual funcionan desde ya varios espacios. El tradicional restaurante Astrid & Gastón con su menú degustación y una historia de 20 años; La Barra, restaurante más informal; El Cielo, que acoge dos salones privados; y en la parte externa El Edén, una huerta jardín en forma de espiral destinada a niños entre 5 y 7 años; El Taller, donde se dirigirán todas las investigaciones y El Patio, para actividades con la comunidad –clases y temas relativos a la cocina–.

Se trata de una propuesta más democrática, si se quiere, pues aunque para comer en Astrid & Gastón se necesita reservar con buen tiempo y destinar un presupuesto mayor, hay otras posibilidades como probar algo de La Barra y disfrutar de los espacios más incluyentes, como El Taller y El Edén. De alguna manera se trata de la materialización de lo que ha sido la propuesta de Acurio, en el sentido de que el país logre su integración a través de la cocina, así que allí, además de contar con insumos procedentes de agricultores y pescadores artesanales, un gana - gana en el que el comensal tiene alternativas ecológicas y de gran calidad y los productores una compra asegurada, se cuenta con alternativas múltiples de disfrute en el mismo espacio.

A Gastón se le ve un poco mirando desde la barrera, disfrutando este momento que algunos medios de prensa locales catalogan como de un “retiro anticipado” y la opinión pública mira con expectativa, ante lo que podrían ser los previos a su candidatura presidencial para 2016 –que él ha negado–. Como sea, la cocina está en manos del también muy talentoso cocinero peruano Diego Muñoz, quien inauguró con el menú degustación “Virú: un viaje por el Perú de hoy”, que en sus 19 momentos recorre los cinco entornos del país: pacífico, andes, altiplano, desierto y amazonas.

A la mesa el 16 de febrero, probando Virú junto al crítico gastronómico español Ignacio Medina, radicado en Perú hace unos tres años y la chef Kamilla Seidler, danesa que regenta el restaurante Gustu en Las Paz, Bolivia, Gastón confesó que no había probado ninguna de las preparaciones, pues quería evitar influenciar a Salazar, quien finalmente está al mando. ¿Buena o mala decisión? En el camino aparecerá la respuesta, cuando este momento de éxito decante y las cosas vayan dando el giro inevitable que plantea Adrià, nuevamente no por malos augurios, sino por la lógica de quien ha estado arriba y sabe que hay un punto en que subir más, no es una alternativa, por eso hay que girar.

Y aunque a primera vista esto pareciera negativo, lejos de ser malo, resulta una ventaja, pues cuando se enfrenta el éxito con inteligencia, como han enfrentado Adrià y Acurio sus carreras, siempre hay formas de reinventarse. Enhorabuena por los éxitos que no se agotan en sí mismos, porque justamente de ellos han salido siempre las nuevas propuestas de grandes de la cocina como el español y el peruano.