Entre mis libros de cocina

Este amante de la cocina nos recomienda algunos de los que considera los mejores tesoros culinarios de su biblioteca.

Heme aquí en mi biblioteca. Hago parte de lo que algunos expertos han definido como los obsesivos de los libros de cocina, de aquellos que seguimos comprando sin, al parecer, encontrar lo que buscamos y sin quizás hacer todas las recetas. Tengo muchos y quiero más, los hojeo un día y al siguiente señalo con un post-it aquellas preparaciones que ejecuto. Los de recetas deben tener obligatoriamente para mí fotos seductoras, pero también busco piezas históricas o de análisis de la cocina desde el arte, la política, la sociología. 

Tengo piezas de la impecable editorial Trea, así como de los monstruos de la industria editorial gastronómica, Ferrán Adrià y Jamie Oliver. Tengo algunas guías tipo Michelin, pero sinceramente me aburren y aquello de la clasificación por tenedores o estrellas me suena insulso, falto de sabor. Tengo algunos textos muy setenteros en su estética, en tonos ocres; y algunas piezas más recientes como los que ha sacado la mamá de Héctor Abad Faciolince, claramente por ser la madre de su hijo, los de Villegas Editores y uno de Tragaluz que es un cariñito a la vida, como casi todas sus piezas.

Mientras desempolvo algunos que hace tiempo no miraba, pienso justamente en la industria editorial en el territorio gastronómico. Otro que salió al mercado fue La cocina Pop de El Comidista, bloguero español que conecta lo virtual con el papel impreso. También recuerdo eventos como la Feria 1.080 Libros de Cocina de Logroño, en coexistencia con otros como el Salon International du Livre Gourmand de Périgueux y el Festival du Livre Culinaire de París.

Mi mente me lleva en espíritu y en cuerpo a dos de mis sitios obligados en Europa, la librería especializada de Madrid A Punto-Centro Culinario del Gusto, y en París a la Librairie Gourmande. A la sede madrileña se puede llegar caminando tras visitar el mercado de San Antón, y además de comprar algunos libros para engrosar la biblioteca. y sobre todo para pagar un buen exceso de equipaje, se puede participar de clases de cocina en diversos idiomas. Mi preferida en todo caso es la versión parisina: dos pisos fantásticos de buenos libros, incluidas algunas joyitas inolvidables. Siguiendo su newsletter se puede asistir a lanzamientos, conferencias y otros eventos, así como estar enterado de las novedades que justifican sacar el “soldadito” de la tarjeta de crédito.

Entre aquellas librerías y mi biblioteca es inevitable comparar los textos del ayer y de hoy. Evidenciar cómo la fotografía se ha vuelto una exigencia, pues ante tanto bloguero (yo incluido por supuesto), así como frente a las revistas de cocina, a las tabletas, a los programas de TV y a los insertos en prensa, el libro de cocina ha tenido que dar el paso hacia un coffee table book, una pieza decorativa, casi de arte. Los libros y claramente también los de cocina responden a las consideraciones estéticas de las épocas.

En un reciente fórum internacional afirmaban que el lector de libros de cocina espera rapidez, inmediatez, facilidad, propuestas nutritivas, con ingredientes bio u orgánicos (o como queramos llamarlos para seguir contribuyendo a la confusión), y una cierta estética en la presentación (con un aire de nostalgia y con fotos en las que la comida no se vea perfecta e hiperiluminada, sino cálida).

En ese mismo espacio afirmaban que hoy la redacción de la receta es clave, pues se trata de la época en la que más nos interesa la cocina, pero en la que menos sabemos cocinar. Está claro, en todo caso, que el libro de cocina no resuelve las necesidades de formación del lector, a veces es meramente un acto coleccionista, como en mi caso.

Para el lector, si una receta no funciona, siempre será la culpa del libro, quizás por eso hemos llegado con tanta fuerza a la moda de los libros de los chefs emblemáticos en los que se busca confiabilidad, que ese chef “sí te dé su receta”, ¡cuánto engaño hay en muchos de los libros de cocina! También estamos comprando la imagen que ese cocinero ha construido, aunque poco haya tenido que ver en el proyecto.

En nuestras librerías nacionales comienza a aumentar la oferta, mientras que en otros lugares del planeta, ante una oferta y una demanda crecientes, ya hay espacios exclusivos para el libro gastronómico. Adicional, en todo caso, al deseo de acceder a mucho de este material fácilmente, la pregunta que nos hacemos es sobre la pertinencia en la oferta de contenidos. Qué maravilla, por supuesto más y mejor producción local.

¡Decidido! Esta noche intentamos la receta propuesta en un libro llamado Hecho en casa, mañana, en cambio, jugaremos de nuevo a aquello de Lo que sobra en casa. La cocina es, sobre todo, emocionalidad racional, pues alimenta el cuerpo así como el intelecto..., un par de neuronas han comido hoy bastante bien.