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Aperitivos y digestivos (I)

¿Por qué será tan difícil ver una mesa de comensales antioqueños disfrutando de un aperitivo antes de pasar a manteles o de un licor digestivo al final de un buen almuerzo o cena?

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Voy a tocar un tema de manera tangencial, pues su extensión y argumento exige un tratado completo, o mejor dicho, un amplio seriado de columnas. Desde ya aclaro que no lo hago con pretensiones de sabiduría y mucho menos de generar polémica. Me motiva más el constatar la casi inexistente demanda de aperitivos y digestivos en los restaurantes de categoría de Medellín por parte de sus comensales. Sobra decir que el asunto no es de ahora; el asunto tiene tradición, es decir, que desde que existen restaurantes con servicio a la carta en esta ciudad, los medellinenses no hemos sido los más propensos a iniciar y finalizar nuestras comidas con los tragos que la gastronomía internacional recomienda. Y traigo este tema a la palestra, porque es un hecho que la cultura del vino y saber sobre vinos se ha convertido en algo primordial y la oferta que hasta hace unas décadas era exigua, hoy es un verdadero bombardeo de marcas, sepas y denominación de origen. El comensal antioqueño es un cliente bastante especial, sobre todo en esto de los tragos antes y después de comer, razón por la cual muchas de esas botellas llegan a permanecer intactas en el bar de un restaurante durante años… por no decir lustros. Aunque muchos de los restaurantes de categoría ofrecen en sus cartas la posibilidad de degustar un aperitivo o un digestivo, la verdad sea dicha, ver una mesa de comensales paisas solicitando recomendación de aperitivos, antes de entrar en la carta de platos es una verdadera excepción. Y más aun es ver una mesa de paisas disfrutando de un buen digestivo después de una plácida comida. ¿Qué pasa?

En mi próxima entrega resolveré el interrogante.